hermanobernardo
About Me
Casado con Nina María Soto (1964): 8 hijos, 16 nietos. Estudios: Derecho (Chile); Ciencias Políticas (Heidelberg, Alemania). Habla, lee y escribe alemán e inglés. Lee francés, italiano, portugués y holandés. Computación desde 1983. Internet desde 1994. Bloggers desde 2005. Autodidacta. Adaptable a las responsabilidades asumidas. Últimos cargos públicos: Agregado Científico en embajadas de Chile en Alemania y Holanda (1991 a 1995), Embajador de Chile en Venezuela (entre 1995 y 2000). Secretario General del Sistema Económico Latinoamericano, SELA (2000 - 2003) Libros: "Hermano Bernardo" sobre Bernardo Leighton y "La no-violencia activa: camino para conquistar la democracia". Numerosos ensayos políticos en diversas publicaciones. Profesor universitario (Chile y Alemania), periodista (prensa y TV) y diplomático. Hago consultorías y escribo permanentemente sobre muy variados temas. Actualmente soy Presidente del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, ICHEH, con sede en Santiago.
Tuesday, August 01, 2006
DOS PRESENTACIONES
PRESENTACION
Desde el feliz retorno de Anita y mío a nuestro Chile, he recibido numerosas peticiones para que exponga públicamente todo lo que pienso frente a la situación actual.
Me he negado a este planteamiento por no considerarme con la obligación de hacerlo; no percibo el deber de expresar la totalidad de mis opiniones acerca de estas materias dentro de las presentes circunstancias.
Con todo, la conciencia me lleva a no decir ni siquiera un solo punto contrario a los criterios que he sostenido y que sostengo.
Eso no debe hacerse; equivale a mentir.
En consecuencia, prefiero limitarme a lo que he dado a conocer en público o en privado, fuera de Chile o también aquí antes de salir del país libremente hace casi seis años.
El trabajo de recopilación y análisis efectuado por Otto Boye me ha convencido aún más que no se justifica agregar otras palabras a lo que he expresado y tratado de servir a lo largo de mi vida.
Allí está mi pensamiento de ayer y de hoy y ojalá de mañana. Anhelo que Dios así lo quiera.
BERNARDO LEIGHTON GUZMAN
Santiago, Noviembre 1982
SEGUNDA
PRESENTACION
Al salir como libro el trabajo de Otto Boye sólo quisiera agregar mi satisfacción de que ello pueda suceder por fin. Creo que los lectores saldrán beneficiados, pues podrán tener ante sí un texto con todas las ventajas que ofrece esta forma de publicar.
Durante los años que llevamos, Anita y yo, viviendo en Chile después de nuestro exilio, las circunstancias no han cambiado sustancialmente como para sentirse con la libertad y el deber de desarrollar más extensamente mi pensamiento. Públicamente he hablado muy poco y sólo entre mis amigos, cuando ellos me han impulsado a hacerlo. Han sido momentos inolvidables de fraternidad y afirmación de la vigencia plena de nuestro pensamiento. En privado he seguido dialogando, como siempre lo he hecho, y he podido comprobar el fenómeno macizo de que hay sobradas esperanzas de que los chilenos encuentren una salida a la situación actual en forma civilizada, sin recurrir a la violencia, ahorrándole así a nuestro sufrido pueblo el altísimo costo que esto último implicaría. Mantengo mi fe invariable en la capacidad de todos los chilenos para resolver los graves problemas acumulados, en democracia y para implementar caminos que conduzcan a ella. Apoyo, además, de todo corazón, el llamado a la reconciliación hecho por la Iglesia y, en particular por el Cardenal Fresno en este último tiempo y sus gestiones concretas que derivaron en el Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia, que ha abierto un horizonte de esperanza para todos los chilenos.
BERNARDO LEIGHTON GUZMAN
Santiago, Julio 1986
TRES INTRODUCCIONES
En un momento de la historia patria en que a los políticos se los difama indiscriminadamente nada parece tan adecuado para desvirtuar generalización tan injusta como presentar a uno de ellos.
Hemos escogido a Bernardo Leighton, que ha participado durante casi medio siglo en la política chilena. Se trata, pues, de un actor y de un testigo. Su posición intransablemente democrática ha sido reafirmada en forma dramática durante el actual régimen militar, debiendo sufrir más de tres años de exilio y un atentado criminal que estuvo a punto de costarles la vida a él y a su esposa.
Su testimonio pone de relieve la concepción de la política como un servicio y como una vocación, inseparables de la vida misma.
En las páginas que ofrecemos al lector donde casi siempre habla personalmente su actor principal esperamos reflejar lo mejor posible la dimensión de su personalidad, de su pensamiento y del significado de su acción.
Para realizar este trabajo recurrimos a la grabadora, donde registramos muchas horas de conversación; a los archivos personales de Bernardo Leighton, quien nos permitió su revisión; a sus actuaciones y discursos públicos, que recogimos en la prensa y en las actas parlamentarias, al testimonio personal de terceros, relatándonos hechos recordados por ellos. A todos los que en una u otra forma, colaboraron a hacer posible este trabajo, agradecemos desde el fondo de nuestra alma.
Confiamos en que este esfuerzo constituya una contribución, aunque sea modesta, al nuevo despertar democrático de Chile.
OTTO BOYE
Santiago, Noviembre 1982
SEGUNDA
INTRODUCCION
El trabajo que tiene el lector en sus manos, sobre la vida de Bernardo Leighton, surge de una historia que ahora debo contarle, porque ya forma parte, también, de la trayectoria de su personaje central.
Todo comenzó en Roma durante el mes de abril de 1974. En dicha ocasión lo visité durante unos días y conversé largamente con él. Impactado por las noticias que llegaban de Chile (yo vivía en Alemania Federal desde Agosto de 1973) le pedí que me relatara una experiencia suya, la vivida durante la dictadura de Ibáñez (1927-1931), que podía arrojar luz sobre lo que sucedía ahora y sobre el posible curso de los acontecimientos en el futuro. Después de todo, él había sido testigo y actor, en su juventud, de un proceso donde los militares se habían involucrado a fondo en la política y en el cual habían sucedido cosas que tal vez podían compararse.
Bernardo aceptó el desafío y durante casi tres horas me contó una infinidad de hechos. Aparecieron allí personas y circunstancias que guardaban semejanzas con lo que acontecía ahora en Chile, pero también numerosas e importantes diferencias. Pensé que este político chileno insobornablemente demócrata, que sabía tanto sobre nuestra historia de los últimos cincuenta años, tenía el deber de escribir sus memorias. Se lo dije. Me respondió que lo había pensado, pero que se detenía ante una dificultad: la máquina de escribir. Sabía usarla, pero con demasiada lentitud. "Si avanzo una página al día es mucho...", me dijo medio en broma, pero también medio en serio.
Le expliqué que existían métodos más expeditos de trabajo. Le ofrecí mi colaboración para llevar a cabo este empeño grabando, en conversaciones periódicas, sus recuerdos, a fin de obtener de allí el material para un texto que él después sólo debería revisar y corregir.
Esa idea le gustó y aceptó. Me puse, pues, a la tarea de buscar la forma de cumplir esta meta.
Habría de pasar bastante tiempo y muchos sufrimientos antes de que pudiésemos empezar. Vino la prohibición de regresar al país, el atentado contra él y su señora, la larga convalecencia y la falta de contacto con sus archivos, fotos y otros recuerdos que habría necesitado para apoyarse en ellos. Todo conspiraba en contra de nuestra idea. Por mi parte, al planificar este trabajo, me di cuenta que me costaría un año de dedicación exclusiva, razón por la cual sólo podría realizarlo si conseguía una beca ad-hoc para esta finalidad. Aunque no me hice muchas ilusiones, redacté un proyecto e inicié una búsqueda.
Transcurrieron así varios años, hasta que Leighton fue autorizado para volver a Chile. Pensé, entonces, en una postergación indefinida, pues no tenía posibilidades de regresar a la patria todavía. Virtualmente opté por archivar esta idea y no la tenía in mente cuando en Diciembre de 1978 sonó el teléfono. Era Jorge Arrate, Director del Instituto para el Nuevo Chile, que se había creado recientemente en Rotterdam, Holanda, gracias a ideas y gestiones que alcanzara a realizar Orlando Letelier antes de ser asesinado en Washington. Me llamaba para comunicarme que el Instituto había tomado la decisión de iniciar su programa de investigaciones apoyando mi proyecto y que podía ir a Chile tan pronto me fuera posible. Lo sorpresivo hizo más emocionante y agradable esta noticia. Empecé a preparar de inmediato el viaje, que se verificó a fines de febrero. El lunes 5 de marzo de 1979 empezamos a conversar en Santiago, con grabadora encendida, Bernardo Leighton y yo, en sesiones matinales que se prolongaron por casi tres meses. El proyecto largamente conversado y soñado se hacía realidad.
Cumpliendo lo previsto, un año después le entregué personalmente, a mi inolvidable amigo Claudio Orrego, el manuscrito del libro, que titulé "Hermano Bernardo", para que lo publicara Editorial Aconcagua. Claudio, que era su director, me advirtió que podría haber dificultades, porque acababa de recibir una notificación gubernamental en que se volvía a poner en funciones el mecanismo de la censura previa de los libros. Esta advertencia se cumplió guardando silencio, pues nunca llegó una respuesta autorizando o rechazando su publicación en forma de libro.
Cuando regresé a Chile definitivamente, en octubre de 1982, la censura todavía no daba respuesta. Decidí entonces, buscar otro camino y fue así como el texto del libro pudo publicarse como contenido de un número especial de la revista "Análisis". Eso sucedió en diciembre de ese mismo año y la edición se agotó en poco tiempo. Pero quedaba pendiente el anhelo de que "Hermano Bernardo" se publicara en formato de libro. Hoy se cumple este deseo.
El texto ha sufrido pequeñas, pero significativas modificaciones. El material gráfico es más rico y se ha agregado un capítulo nuevo, que relata algunas actuaciones de Leighton en Chile realizadas después de su retorno al país hasta este momento. Quedaría mucho, muchísimo por añadir, si quisiera hacer algo completo. Lo ofrecido pretende sólo aproximarnos a una persona y a una etapa histórica ricas en lecciones y ejemplos válidos para hoy.
Agradezco el apoyo humano y material prestado por el Instituto para el Nuevo Chile, que hizo posible la investigación y posterior publicación de la primera edición en la forma relatada. Extiendo este agradecimiento a todas las personas e instituciones que han respaldado este esfuerzo y hoy, muy especialmente, a Editorial Aconcagua por hacer realidad la meta de editar este Libro.
OTTO BOYE
Santiago, Julio 1986
TERCERA INTRODUCCION
Escribo bajo la emoción de la partida de Bernardo hacia la eternidad insondable y misteriosa. Ha fallecido el día 26 de enero de 1995, cuando ya se encaminaba a cumplir en agosto 86 años de fecunda vida. Aunque a esta edad la muerte puede llegar en cualquier momento, de todos modos se hizo presente en forma inesperada, rápida, prácticamente sin aviso previo.
Y así nos quedamos sin él. ¿Sin él? En verdad eso es impensable, porque es imposible. Su presencia ha comenzado a crecer -¡lo estamos viendo!- desde el instante mismo de su partida. Concluido su paso por esta tierra, el solo balance hecho por tantos desde los más diversos ángulos espirituales, culturales y políticos, ponen de relieve el hecho de que está vivo, dándonos ánimo, fuerza y esperanza en la lucha cotidiana por construir una sociedad mejor, más fraterna, más humana.
El texto que publicamos ahora tiene su historia, relatada en sus aspectos esenciales en las dos presentaciones escritas por Leighton -en 1982 la primera y en 1986 la segunda- y en las dos introducciones redactadas por mí en esos mismos años para las dos primeras ediciones. El contexto histórico explica alguna de sus características, como sacarlo primero como número especial de la revista "Análisis" en vísperas de la navidad de 1982 y publicarlo como libro sólo cuatro años después. Era la dictadura la que condicionaba estos pasos algo rebuscados. Ahora queremos entregarlo, como una forma de rendirle un homenaje muy especial, repasando parte de su vida en forma algo más detallada que lo permitido en los espacios siempre reducidos de los artículos, discursos y otras manifestaciones de esta misma índole. Su contenido constituye, quizás, una suerte de testamento político, aunque su verdadero legado se encontrará siempre en su vida toda, inabarcable e inalcanzable por la palabra escrita.
Leighton pensó seriamente redactar sus memorias, pues tenía muchísimo para contar. Algunas páginas, recogidas aquí en gran parte, alcanzaron a salir de sus manos. Sin embargo, fue el atentado el que, en definitiva, frenó este propósito y el que abrió el camino al trabajo que, con mucha satisfacción, publicamos por tercera vez.
Elaborarlo y escribirlo, fue una faena que recuerdo con intensidad y afecto hacia el matrimonio Leighton-Fresno. Fueron, en verdad, ambos, Bernardo Leighton y su esposa, Anita Fresno, quienes colaboraron, con una disciplina a toda prueba, para que esta obra se hiciese realidad. Aunque trabajé más horas con él, ella también me aclaró muchos puntos y siguió con interés algunas de nuestras largas conversaciones, haciendo siempre aportes valiosos. Fueron primero tres meses de trabajo continuo, salvo los sábados y domingos. Yo llegaba puntualmente a las diez de la mañana a su hogar y él ya estaba listo esperándome. Conversábamos un momento tratando de seguir -y a veces recuperar- un hilo basado en una minuta mínima. A ratos, cuando el tema lo merecía, encendíamos la grabadora y registrábamos su testimonio. A la una se terminaba esta forma de trabajar. Generalmente doña Anita nos ofrecía a esa hora un aperitivo de premio, que aceptábamos siempre. Aunque cada vez me invitaban a almorzar, no siempre aceptaba, porque aprovechaba de ir a reunirme y conversar con gente que podía aportarme otros antecedentes de su vida política. En todo caso, después de almuerzo iba a la Biblioteca Nacional o a la Biblioteca del Congreso -que seguía funcionando silenciosa, pero eficazmente- para leer sus intervenciones parlamentarias o revisar diarios y revistas de cada una de las etapas históricas en que le tocó actuar. Ahí aprovechaba de tomar apuntes o sacar fotocopias. Muchas veces regresaba a verlo nuevamente, no para someterlo de nuevo a un interrogatorio sistemático, pero sí para seguir conociéndolo mejor y conocer también a mucha gente que iba a verlo en las tardes. De aquí surgieron contactos de suma utilidad para este trabajo.
Después de tres meses, me retiré con todo el material a escribir la primera versión de "Hermano Bernardo". Volví a trabajar con él una vez que estuvo lista siete meses después. Empleamos cuatro semanas en su lectura y correcciones sobre la marcha, más otro tanto en introducir mejoras y nuevas informaciones, hasta lograr un manuscrito definitivo.
No olvidaré jamás el total de esos cinco meses de contacto directo con él. Lo vi contento de hacer lo que habíamos emprendido y totalmente seguro y convencido de su necesidad. No hubo jamás vacilación alguna al respecto, subrayando así su determinación de alcanzar la meta. En nuestras conversaciones, registradas sólo en una mínima parte, existieron por cierto confidencias no destinadas a la publicación, pero debo dar testimonio de que siempre hubo en él pureza, elevación y mucha grandeza de alma para juzgar y para opinar sobre las personas que había conocido. Incluso respecto a quienes habían atentado contra la vida propia y la de su esposa aludía sin rencor. A sus compañeros de partido los mencionaba con apelativos o modos simpáticos y cariñosos: el "flaco Frei", "Rrradomirr", "Jaime Casti", el "chico Zaldi", "Rafa Gumucio" y muchos más eran aludidos por él de esta manera. Cuando olvidaba los nombres de algunos de ellos, los describía con tal cantidad de detalles, que demostraba que su mala memoria sólo existía para recordar cómo se llamaban, pero no respecto de sus personas y de sus circunstancias. Todo este mundo de gente, casi formaba parte de su propia familia. Sabía la vida de cada uno y estaba siempre preocupado de cómo les estaba yendo. No temía por su seguridad, pero se inquietaba por la de todos los demás. La muerte de muchos de sus amigos más cercanos lo afectó siempre tremendamente. En esos momentos, no le daban las fuerzas para ir a sus funerales y buscaba otro modo de manifestarle su dolor a sus parientes y amigos cercanos.
De los fundadores de la Falange, Leighton ha sido uno de los últimos en dejarnos. La enorme responsabilidad de los que continuamos creyendo en los valores que él encarnó en forma tan integral consiste en ser capaces de seguirlos practicando fielmente. Si pudiéramos acercarnos medianamente siquiera a ese ideal, el destino entero de Chile sería mejor, porque la sociedad toda se haría más fraterna, más sobria, menos materialista, más justa y más solidaria. La vida de Leighton nos convoca a ello.
Las páginas siguientes, que inevitablemente sufrieron, no sólo en su forma, como ya se dijo, sino también en su contenido, la influencia de la situación histórica que se vivía al escribirlas (1979-1980), conservan no obstante, en la medida en que hayan sido capaces de reflejar fielmente a su personaje central, plena vigencia en casi todas sus partes. De allí que las presentemos sin cambios, salvo pequeñas correcciones y unas pocas notas explicatorias más, colocadas ahora al final. No nos queda sino desear que el lector obtenga provecho de su lectura atenta, agradeciendo, una vez más, a todos los que en una u otra forma, han hecho posible esta tercera edición.
OTTO BOYE
La Haya, Febrero de 1995.
CAPITULO I
NACE UNA VOCACION POLITICA
"Este Bernardo" -se ha escrito- "es hombre del sur. Su ciudad de origen es Nacimiento, uno de esos tantos pueblos chatos que más allá del Bío-Bío parecen perdidos entre las frondosas ramas del bosque austral. Su padre, que es juez del departamento y su madre, natural de Angol, después de largos años han logrado conservar este único vástago de su unión, un muchachito moreno y nervioso que parece tan frágil y delicado como un pájaro". (1)
Varios elementos cuentan aquí para conocer los primeros pasos de Bernardo Leighton por la vida. El año en que nace, 1909, esta muy cerca del siglo pasado, y en Nacimiento, ciudad próxima a territorio araucano durante toda la Colonia y parte de la República, se hacen visibles las huellas de ese período en las disputas por la tierra.
Su padre, don Bernardino Leighton, debe conocer como juez dichos pleitos, las más de las veces impregnados de terrible violencia, ejercida por el bandolerismo y el cuatrerismo que azotan la región.
El hijo sólo recuerda que en 1913 "se le rinde homenaje a mi padre a raíz de su traslado a Los Angeles".(2) La causa es la delicada salud de Bernardo y la virtual falta de médicos en Nacimiento.
"Mi padre, que era un hombre con mucho espíritu de juez renunció por mi salud a seguir ejerciendo esa profesión. Temía que en Nacimiento estuviera mal cuidada, pues allí sólo existía un médico, por lo cual se trasladó a Los Angeles a trabajar como Notario y Conservador de Bienes Raíces de esa ciudad. Un año antes de esta fecha había fallecido un hermano mío y esta amarga experiencia movía a mi padre a extremar los cuidados conmigo. Mi madre, por cierto, lo acompañaba totalmente."
Leighton evoca a su padre como "un hombre siempre buscador de la justicia, con mucho valor, arriesgando incluso su seguridad en numerosas ocasiones. A esa imagen se une la de una persona apegada a la ley, "que sostenía decididamente la idea de mantener nuestra organización jurídica en la vida nacional. De esto me transmitió mucho."
"Leighton, que es el hijo regalón, el hijo único cuya vida se defiende como frágil tallo de flor, no va a la escuela. Es hijo de magistrado, pero vive con el pueblo, goza de libertad y sólo sabe de la disciplina escolar cuando una hermana de Juan Antonio Coloma (destacado político conservador años más tarde) llega en las tardes a enseñarle los primeros cursos de preparatoria. Esa dulce maestra y su austera madre son el vaso femenino en que va creciendo su niñez. Ambas están formadas en la más clásica escuela cristiana, pero con la diferencia de que la maestra lo somete al molde riguroso de los ritos y la madre a un cristianismo sin prejuicios, vivido en espíritu y en verdad. Vivido tan en espíritu y en verdad, que Bernardo creció en la compañía de dos hermanos adoptivos, un niño y una niña que compartieron en el mismo hogar el pan de la fraternidad cristiana." (3)
"Fue una infancia tranquila, no muy alegre, porque era hijo único y muy enfermizo", dirá Leighton a una revista. (VEA 29-111-1973)
En 1921 se aleja por primera vez de su casa y va a Concepción, para estudiar como interno en el Seminario, Sección Seglar. Un año después se traslada a Santiago, e ingresa también interno al Colegio San Ignacio, de los padres jesuítas.
Este contacto con un mundo más complejo, agitado además por luchas políticas cada vez más enconadas, contribuye a ensanchar su visión de las cosas. En 1920 ha llegado a la Presidencia de la República Arturo Alessandri Palma, encabezando vastos sectores medios y populares que ingresan por primera vez a la escena política. Los sectores oligárquicos afectados resisten el nuevo hecho atrincherados en el Congreso Nacional, desde donde tratan de frenar la obra renovadora del Presidente. Es en este contexto histórico, que se le va paulatinamente haciendo consciente, donde Bernardo Leighton se transformará en político, en un proceso que durará menos de 10 años.
Su primera actuación propiamente política la realiza impulsado por sentimientos aún confusos cuando cursa, durante 1925, el 5o. Año de Humanidades (equivalente al 3o. Medio de hoy). Junto con su compañero Sergio Fernández Larraín, envía una carta de colegial al Presidente Alessandri, que acaba de regresar al poder, después de haber sido derrocado por los militares en el mes de septiembre del año anterior. Su contenido, que desconocemos, "era un grito de comprensión que partía del sitio más hermético de la oligarquía de Chile al más odiado representante del pueblo". (4) El testimonio citado indicaría que se trataba de un acto solidario, de apoyo al mandatario constitucional. De hecho la carta no fue entregada.
Es curioso este acto tan especial, porque no sólo desafiaba un sentimiento generalizado dentro del colegio, sino que mostraba independencia respecto a su padre, que era conservador y no miraba con simpatía a Arturo Alessandri.
Los primeros contactos con la política nacional los hizo Bernardo Leighton junto a don Bernardino en Los Angeles, durante las vacaciones de verano de 1924, en el curso de una campaña electoral bastante violenta. Por esos días "falleció el padre de Juan Antonio Coloma. Fue muy triste, porque sucedió con motivo de una intervención de un contrario político. Pero no fue un asesinato, sino que una desgracia. Para mis padres y para mí todo esto fue muy triste. Ellos fueron a verlo al lugar donde había caído. Yo también llegué en ese instante..." Aquí interrumpe Leighton su relato, probablemente porque vuelve a sentir la emoción de esos momentos. Como ya lo hemos visto, le unían lazos afectivos fuertes con la familia Coloma.
"En septiembre de 1924 se dio un golpe militar y fue derrocado de su cargo el presidente constitucional y democrático de Chile, que era don Arturo Alessandri Palma en su primer período presidencial. Fue un golpe de derecha en contra de un gobierno de izquierda. En Los Angeles, la junta militar designó intendente a un conservador, don Heriberto Brito, quien le pidió a mi padre leyera el bando donde se daba cuenta formal a la ciudadanía del cambio de gobierno. El intendente, aparte de la amistad personal y política, le pedía esto porque era el notario más antiguo, y también por su condición de Conservador de Bienes Raíces. Mi madre me contó después -yo me encontraba en ese momento en Santiago- que mi padre llegó feliz a contarle:
- M'hijita, prepáreme el chaquet y el tongo, porque tengo que ir a leer esto: ¡mírelo!
Mi madre lo leyó y le dijo:
- M'hijito, no se alegre tanto. Sería mejor que no leyera ese papel con tanto entusiasmo.
- ¡No! -contestó- lo leeré como corresponde...
Y salió muy feliz. Tomó una victoria acompañado por un grupo de uniformados, cumplió el encargo leyendo el bando y regresó a la casa muy satisfecho. Mi madre le reiteró:
- No debió haber andado tan contento.
- Pero m'hijita, si ha sido muy bueno. Ahora va a cambiar todo.
Pasó el tiempo y vino enero de 1925. Yo estaba en Los Angeles de vacaciones cuando el 23 de enero se produjo un nuevo golpe militar, promovido por oficiales jóvenes de izquierda, entre los que estaban Carlos Ibáñez y Marmaduque Grove. Pues bien, en Los Angeles cambió otra vez el intendente, siendo designado el mismo del tiempo de Alessandri, que llamó de inmediato a mi padre:
- Mire don Bernardino, me interesaría mucho que Ud., como notario más antiguo, leyera este bando.
Mi padre, que era un hombre muy dado a someterse a estas circunstancias respondió:
- Bueno intendente, yo obedezco.
Al llegar a casa mi padre, no pudo evitar el comentario de mi madre:
- No ve m'hijito que habría sido mejor no alegrarse tanto la vez pasada.
Recuerdo esto, porque en mi vida esta actitud de mi madre tuvo un alcance político muy grande. Me produjo mucha impresión, porque comprendí que la vida política había que tomarla en la realidad y con mucha objetividad. Mi madre fue mi maestra en esa y en muchas circunstancias. Ella siempre leía los diarios con espíritu de no tomar partido y dialogaba con mucha libertad con los que pensaban de otra manera. Mi padre, en cambio, siendo muy respetuoso también, tenía ideas más firmes y procuraba que ellas se impusieran entre los amigos."
Este testimonio personal es clave para entender el estilo de vida y la forma de hacer política de Bernardo Leighton. Fue su propia madre la que le mostró el camino del diálogo, la visión realista y desapasionada de las situaciones políticas, su tremenda relatividad. Incluso una cierta socarronería sana y alegre pareciera encontrar su raíz en la personalidad de su madre, doña Sinforosa Guzmán.
Hay otro recuerdo que contribuye también a lo mismo. Cuando cae Alessandri por segunda vez, en octubre de 1925, Leighton estaba en Santiago:
"Yo andaba por las calles del centro de Santiago y pasé frente a la Moneda. Ahí vi a mucha gente conversando animadamente. No había entusiasmo, pero sí mucha preocupación. Pregunté qué sucedía y alguien me respondió:
- Pero mire, si lo acabo de ver: el Presidente Alessandri ha salido sin sombrero diciendo 'me han vuelto a sacar los militares. Voy a ver a Barros Borgoño que vive cerca de aquí para que asuma como Vice-presidente de la República, tan pronto lo nombre Ministro del Interior'. (Este es el procedimiento de la Constitución de 1925).
Así lo hizo y esto me causó mucha impresión, pues Barros Borgoño había sido derrotado en 1920 en las elecciones presidenciales por don Arturo Alessandri, en una lucha muy intensa y difícil. Ahora el candidato derrotado con anterioridad era llamado por su vencedor de entonces a ocupar el cargo por el cual habían disputado tan arduamente. Esta forma leal de resolver un conflicto en sí dramático dejó ciertamente una huella en mí."
Lentamente, en la escuela de la vida, bebiendo de aquí y de allá, va germinando una vocación política.
En 1927, Bernardo Leighton ingresa a la Universidad Católica de Chile a estudiar leyes. Reconoce que lo hizo por influencia directa de su padre. Además, "en esa carrera veía yo las mejores posibilidades de servir y llevar a la práctica el pensamiento cristiano en el campo laico, civil, seglar. Esta idea, compartida también por muchos otros, se había ido formando ya en el Colegio San Ignacio, donde algunos sacerdotes la impulsaban con mayor o menor énfasis y eficacia".
Algún rol jugó aquí también la actuación de Carlos Ibáñez del Campo, que era desde hacía dos años el virtual dueño de la situación política nacional. No le gustaron a Leighton algunos actos arbitrarios de este caudillo militar, traducido en persecusiones, detenciones y abusos ejercidos contra personas de todas las ideas, entre ellos parlamentarios y dirigentes sindicales. Le desconcertó bastante que prácticamente nadie le opusiera resistencia a esta conducta anticonstitucional y que, mientras se llevaban a cabo detenciones y se enviaban muchos hombres al destierro, los partidos políticos proclamaran a Ibáñez candidato único a la Presidencia de la República. "Me acuerdo perfectamente que yo estuve en contra de esto. No lo compartía".
Pero los hechos definitivos que lo conducirían a la política tienen lugar en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Chile. En el silencio impuesto por la dictadura, observando su actuar cada vez mas atentamente, cristaliza el político que, en el fondo, ya había en él. Sería acompañado y aún seguido por muchos otros, con los que llegaría a formar pocos años después el núcleo central de la élite dirigente del social cristianismo chileno.
Leighton reconoce que el carácter realizador y reformador que tuvo el gobierno de Ibañez le permitió gobernar sin grandes tropiezos durante los tres primeros años. Los problemas comenzaron a agudizarse en 1930, agravados en medida importante por la depresión mundial, hasta culminar con la caída de la dictadura al año siguiente. Durante todo este período previo a la crisis del régimen los jóvenes católicos no se dedican a la actividad política abierta. Tampoco pierden su tiempo.
"En esos primeros años del régimen dictatorial, los jóvenes católicos que estábamos en las universidades, o que trabajábamos en actividades en torno a las parroquias, no realizamos, salvo contadísimas excepciones, tareas de verdadero carácter político, pues, de hecho, no existía libertad efectiva para llevarlas a cabo. En la Juventud Católica de aquella época predominaba la formación doctrinaria y la acción social al margen de toda actividad política. En la Universidad Católica existía ya la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos, más conocida como ANEC, que dirigía en ese tiempo don Oscar Larson. Tenía algo más de diez años de existencia y concordaba muy bien con el movimiento de la Acción Católica que, a fines de la década de los 20, había empezado a promover vigorosamente ese gran papa que fue Pío XI. Yo participé en esta organización desde 1927 hasta fines de 1930. Durante 1928 debí suspender virtualmente toda actividad, para concentrarme exclusivamente en los estudios, debido a que estuve bastante delicado de salud. El 8 de noviembre de 1929 falleció mi madre, esto es, hace cincuenta años". (5)
Las circunstancias que movilizan a una persona a tomar un compromiso por toda la vida suelen ser casi insignificantes y hasta banales si se las compara después con su realización práctica. Así sucedió también con Bernardo Leighton, quien dejó registrados estos detalles en apuntes personales:
"A fines de 1930 mi actividad, desarrollada dentro de la ANEC sin connotación política especial, adquirió otro rumbo debido a hechos casuales, extraños y punzantes para mí. Guiándome por un aviso breve y curioso de un diario izquierdista, asistí a una reunión pública en el Teatro Coliseo, en la que un dirigente obrero, a quien en años posteriores conocí, informó sobre la existencia de numerosos trabajadores cesantes, venidos sobre todo de las minas paralizadas del norte, unidos a sus esposas y familiares y sujetos a una estricta prohibición de recorrer las calles de Santiago para obtener fuentes de vida por medio de ayuda o de trabajo. Yo me fui de inmediato a confirmar esta información y pude corroborarla plenamente. Se me ocurrió, en vista de estos antecedentes, crear en la ANEC un comité destinado a desarrollar una acción de solidaridad con ellos. Recorreríamos la ciudad pidiendo zapatos, ropas, víveres y medicinas. Necesitaríamos un camión o varios para recoger las ayudas. Para efectuar estos propósitos redacté una solicitud dirigida al Intendente-Alcalde de Santiago, un militar en retiro. Le pedía que nos autorizara a hacer circular una información sobre el problema de estos trabajadores chilenos y se obtuviera una colaboración concreta en favor de todos ellos. La petición incluía la repartición de los volantes y los camiones. El Intendente-Alcalde negó la autorización. Ahora bien, aunque la ANEC llevó de todas maneras a cabo esta actividad de solidaridad cristiana y social, la negativa de la autoridad me produjo una reacción diferente. Para mí quedó muy en claro la incompatibilidad que existía entre un gobierno dictatorial y la conciencia de los jóvenes católicos, que nos sentíamos solidarios de los trabajadores de Chile en los problemas básicos de su vida y de su actividad en la industria y la economía del país. Esta observación me hizo iniciar de inmediato mi actividad política en contacto reservado con muchos otros jóvenes que, bajo diferentes concepciones doctrinarias, coincidíamos en objetivos contrarios al gobierno, por su actividad opuesta al respeto integral de la Constitución. Así nació para mí la actividad política, que desde entonces jamás dejó de acompañarme."
Se ha escrito sobre este episodio tan significativo, haciéndose un intento de interpretar el probable proceso interior que experimenta Bernardo Leighton:
"La caridad responde con largueza, pero es necesario tener un gran camión para recoger los objetos y repartirlos. El problema, sin embargo, no es el camión, sino el permiso municipal. El Alcalde señor Parada niega el permiso porque le parece subversivo entregarse a tan humanitaria labor."
"Leighton, que ha ido cayendo peldaño tras peldaño a la realidad, se da cuenta por fin de lo que sucede. Lo que sucede es esto: cesantía en la clase obrera, silencio para ocultar el mal y dictadura para evitar que los cesantes protesten. O sea, lo primero no es buscar zapatos, ni ropas, ni pan. Lo primero es conseguir libertad. Y es en este vértice dramático donde Bernardo Leighton se encuentra con el imperativo de ingresar a la política de una vez." (6)
Puede haber alguna simplificación en estas consideraciones, pero ellas reflejan en esencia el vuelco que, a raíz de un hecho relativamente simple, sufrió la vida de Bernardo Leighton. Ya nunca más abandonará la vida política, convencido de que es en ese nivel donde se resuelven mejor los grandes problemas sociales o, al menos, desde donde se remueven los obstáculos mayores para avanzar hacia soluciones concretas. El gran prerrequisito para que el pueblo pueda aspirar a solucionar sus problemas es la libertad. Sin ella, la autoridad puede arbitrariamente bloquear cualquier proposición por tiempo indefinido. El aparato represivo se encarga de acallar las protestas y oculta, con su tremenda maquinaria, la realidad dramática de los hechos. En libertad puede empezarse por llevar el asunto a la consideración pública y presionar así hacia su solución. Esta convicción se encarna en Leighton muy profundamente hasta llegar a sostenerla a cualquier precio. Constituye una especie de ley fundamental o viga maestra que orienta y ordena toda su acción. Veremos su aplicación en numerosas situaciones que, a partir de entonces, le toca vivir.
CAPITULO II
DON RAFAEL LUIS GUMUCIO
"El hombre tal vez mas importante para mi durante mucho tiempo fue don Rafael Luis Gumucio. Lo conocí cuando yo cursaba el cuarto año de leyes, gracias a su hijo, Rafael Agustín, que estaba un curso más abajo que yo, porque había perdido un año a causa del exilio que había sufrido con su padre al comenzar la dictadura de Ibáñez. Durante ese exilio en Lovaina, Bélgica, don Rafael Luis sufrió el fallecimiento de su amada esposa, quedando solo a cargo de sus hijos."
"Don Rafael Luis ejerció una gran influencia sobre muchos de nosotros, tal vez debido a la línea tan clara que tenía, de oposición al régimen de Ibáñez."
"Tenía un gran parecido con mi padre, incluso en muchos detalles pequeños, como el bigote que usaban o las tenidas con que andaban."
"Aceptó volver a Chile sobre la base de que se le respetara en sus ideas. A nosotros nos contó muchos antecedentes históricos del Partido Conservador. Cuando cayó la dictadura su nombramiento como presidente de dicha colectividad política se impuso en forma natural, sin disputa. No pudo ejercerlo por mucho tiempo, porque sus deberes familiares para con sus hijos se lo hacían impracticable."
"El día 26 de julio de 1931, fecha de la caída del régimen dictatorial, don Rafael Luis le envió, tal vez en la noche de ese día domingo, un recado personal a Ibáñez: si lo deseaba, podía llegar hasta su casa, desde donde él, personalmente, lo acompañaría en auto hasta donde fuese necesario. Fue un gesto muy impresionante, notable, que emocionó mucho a Ibáñez, motivando un comentario suyo indicativo de su estado de ánimo en un momento tan dramático para él: 'ojalá alguno de mis amigos tuviese una actitud como la de este adversario'. Era cierto. Don Rafael Luis había sufrido el exilio por oponerse a Ibáñez y ahora se ofrecía para protegerlo. Era un adversario, pero también era un cristiano ejemplar, capaz de perdonar, sin rencores, hidalgo, valiente. En suma, todo un hombre."
La persona de don Rafael Luis Gumucio aparece constantemente en las conversaciones con Leighton. Ella ocupa un lugar destacado en su vida política. Tratando de recordar hechos precisos que ponen de relieve esta influencia, Leighton nos muestra un recorte de diario que guarda desde su publicación. Nos señala que le causó un gran impacto y que lo ha tenido presente muchas veces en su vida. Se trata de un artículo de don Rafael Luis, publicado en "El Diario Ilustrado" el 4 de diciembre de 1932.
Bajo el título "Contesto a una majadería", su autor aclara su posición política frente al militarismo y las dictaduras. Una revista, dirigida por don Ismael Edwards Matte, le ha recordado un acto del pasado:
"Don Ismael Edwards, en su revista, me entrega a la vergüenza pública, reproduciendo tres párrafos de un desgraciado artículo que publiqué en "El Diario Ilustrado" el 12 de septiembre de 1924, en el cual celebré la revolución que derribó a don Arturo Alessandri."
He aquí los párrafos:
"El Ejército y la Marina han salvado a la República. Si los miembros de nuestras dos gloriosas instituciones armadas no hubieran intervenido con su acción, acometiendo la empresa regeneradora y restauradora, la nación se habría derrumbado en el abismo."
"Prolongándose un estado semejante habría recibido: primero, el azote de la ruina y, después, yendo de convulsión en convulsión, habría caído fatalmente en los horrores pavorosos de la revolución social."
"De todo eso han salvado a Chile los militares y los marinos."
Y prosigue don Rafael Luis:
"Hasta ahora había guardado silencio, a modo de expiación del error cometido por mí hace ocho años. Pero hoy quiero decir dos palabras de defensa porque alguna defensa atenuadora me cabe."
"Desgraciadamente, no soy infalible. He cometido muchos errores en mi vida y, con seguridad, cometeré muchos más."
"Entre todos, de ninguno me arrepiento más que del que cometí en septiembre de 1924."
"La revolución de entonces, que derribó al señor Alessandri, fue en realidad, al fin y al cabo, un golpe militar y yo incurrí en la enormidad de aplaudirla en más de un artículo."
"Como tengo amor propio, si pudiera destruir todas las colecciones del diario, lo haría para que nadie se impusiese del disparate que hice en 1924. Comprendo perfectamente que, con su reconocido mal carácter, don Ismael Edwards se proporcione el placer sádico de hacerme sufrir con el recuerdo de la actitud que, en compañía de él, entonces tuve."
"Reconozco mi imperdonable error. Pero, al celebrar el 5 de septiembre, ¿celebré el militarismo y las dictaduras?"
"No. mil veces no. Por lo contrario, honrada, aunque equivocadamente, creí que el movimiento de septiembre libraba al país de una dictadura e iba a restaurar el orden constitucional. En eso, precisamente, consistió mi error."
"Padecí la perturbación que produce la relatividad de las cosas. El señor Alessandri había hecho amenazas al Senado, había mandado un telegrama a Temuco en que pedía que se apedrease a don Ismael Edwards, se había negado a convocar a elecciones extraordinarias en Ñuble y había intervenido en las elecciones del 2 de marzo de tal suerte que, por acto de fuerza, llegaron al Congreso dos o tres senadores y diez o doce diputados espurios."
"Todo eso era grave y parecía de más inmensa gravedad porque hasta entonces nunca se había visto algo semejante y siempre se había respetado religiosamente la Constitución."
"Todavía no conocíamos lo que en realidad son las dictaduras y, por eso, nos parecían insoportables actos dictatoriales del señor Alessandri. No habían estado ni Ibáñez ni Dávila en la Moneda. No sabíamos de aprisionar ciudadanos, deportarlos, torturarlos y asesinarlos, y por eso nos parecía increíble que se quisiera apedrear al señor Edwards Matte. No sabíamos lo que era designar a los ciento treinta y dos diputados en las Termas de Chillán y, por eso, estimábamos una monstruosidad que llegaran diez espurios a la Cámara."
"Para juzgar mi artículo del 12 de septiembre de 1924, es preciso cerrar los ojos a lo que hemos visto en los últimos ocho años y trasladarnos a la situación de entonces. Ante el criterio que teníamos los chilenos en 1924, la actitud del señor Alessandri tenía el aspecto de una amenaza de dictadura. Creí que los militares con el movimiento de septiembre nos libraban de esa amenaza. Lo creí así honrada y sinceramente. Por eso, los aplaudí."
"Mi aplauso no fue, pues, a una dictadura sino a que se nos librara de una dictadura. ¡Caí en un error enorme, imperdonable y del cual me avergüenzo; pero no cometí el crimen de desear, aceptar y aplaudir tiranías!"
"Recuerdo que Jenaro Prieto, la noche en que salió de la Moneda el señor Alessandri, me dijo: Ud. está contento porque, como es cojo, no ha hecho el servicio y, por eso, no conoce a los militares. Yo he hecho el servicio y le aseguro que dentro de poco estaremos arrepentidos de lo que hoy celebramos."
"Los hombres de mi generación no habíamos conocido el militarismo, extirpado en Chile desde tiempos de Portales. No me dí cuenta de que era sencillamente el militarismo el que se nos venía encima con la revolución de septiembre."
"El artículo que me enrostra la revista del señor Edwards Matte es de fecha 12 de septiembre de 1924. Pues bien, el día anterior, los militares habían lanzado el famoso manifiesto del 11 de septiembre. En él, solemnemente le juraban al país que no asumían el poder para conservarlo, que no alzarían caudillos, que respetarían las libertades públicas y que se retirarían a sus cuarteles después de 'devolver a nuestra patria el libre juego de sus instituciones fundamentales, puras y honestas, como en las que cimentó su grandeza la República.' Creí en tales declaraciones."
"Reconozco que a mis años no tenía derecho para ser tan ingenuo; pero, la verdad es que creí. Los aplausos de mis artículos no fueron, pues, al militarismo y a las dictaduras, como pretende darlo a entender la revista solapada del señor Edwards Matte. Por lo contrario, fueron a los que prometían no adueñarse del poder, respetar las libertades públicas y restaurar el orden constitucional."
"Incurrir en un error es algo bien humano. No hay culpa, si lejos de persistir en el error, se abandona en cuanto es notado. Y tal abandono debe considerarse leal y sincero cuando se hace desinteresadamente. Puedo tener el orgullo de decir que así procedí respecto a mi error de septiembre de 1924: lo que me decidió a abandonar el error fue la arbitrariedad cometida contra un adversario político mio. La Junta de Gobierno hizo tomar preso al radical don Pedro León Ugalde, atropellando las libertades públicas y demostrando, con ello, que estábamos ante una dictadura. Arrostrando las iras de muchos amigos oportunistas, cumplí con mi deber de protestar públicamente y, desde ese día, quedé colocado contra esa y contra todas las dictaduras."
"Además, mi error está con creces redimido. Si en un platillo de la balanza quiere la revista dictatorial colocar mi artículo del 12 de septiembre de 1924, nadie me negará derecho para colocar en el otro platillo las persecusiones que he sufrido por oponerme a las dictaduras." (7)
Esta larga cita se justifica, porque aquí está trazado virtualmente el camino político de Bernardo Leighton. Como veremos en las páginas siguientes, aprendió la lección de no alentar ni aplaudir jamás la caída de gobiernos constitucionales, luchando en cambio, incansablemente, por defender la democracia chilena.
Don Rafael Luis Gumucio es, sin duda, el más importante gestor político del socialcristianismo en Chile. Con su conducta cristalina daba un testimonio indispensable para abrirle paso a una nueva actitud política en el país. Sus ideas le daban la base coherente en la cual podía fundarse una acción renovadora y progresista de los cristianos en la política. Por último, sus gestiones concretas para lograr la captación de jóvenes para el Partido Conservador ponían en marcha una dinámica de largo plazo, de efectos seguramente insospechados para su propio autor.
Bernardo Leighton es, en esta etapa, un discípulo directo de don Rafael Luis Gumucio. A su lado estará en numerosas ocasiones.
CAPITULO III
LAS TRINCHERAS UNIVERSITARIAS
El período universitario es muy rico en acontecimientos para Bernardo Leighton. A la formación profesional proporcionada por la Escuela de Leyes de la Universidad Católica de Chile se unen otras actividades, así como hechos e influencias, que contribuyen a forjar su personalidad. La ANEC le entrega los instrumentos para afianzar una formación cristiana que ya traía desde el hogar. Su vocación política adquiere perfiles definitivos al finalizar 1930 y comenzar el dramático año siguiente.
Aunque el año 1931 iba a estar dominado en definitiva por la agonía y desplome de la dictadura, por las elecciones presidenciales que llevaron a don Juan Esteban Montero a la Presidencia de la República y por el motín de la Escuadra acaecido entre ambos hechos, Bernardo Leighton, que participará activamente en todos estos acontecimientos, recuerda dos hechos, vinculados a dos personajes, ocurridos en la Universidad ese mismo año. Los personajes son José María Cifuentes y Monseñor Carlos Casanueva. Los hechos los relata el mismo Leighton:
"Don José María Cifuentes era profesor de Hacienda Pública en el quinto año de Derecho y de Derecho Constitucional en el primer año. Era hijo de don Abdón Cifuentes, (importante figura de la educación chilena del siglo pasado). Este maestro era un hombre que estaba en la línea de que Chile volviera íntegramente a su régimen democrático. Con él ocurrió un hecho político importante dentro de la Universidad. En efecto, apenas iniciadas las actividades del Centro de Derecho, conducido por tres estudiantes del quinto año, entre los que me contaba, acordamos organizar una conferencia sobre Hacienda Pública del profesor Cifuentes. En esta materia él combatía al gobierno claramente. Pues bien, el Rector de la Universidad Católica, Monseñor Carlos Casanueva, prohibió el acto, porque se trataba de una actividad que no era aceptada por el régimen de Gobierno. Como respuesta a esta actitud el Centro de Derecho acordó suprimir totalmente sus actividades públicas y realizar en el futuro exclusivamente actividades en forma reservada para poder llevar adelante nuestra posición contra la dictadura de Ibáñez. Seria exagerado hablar de clandestinidad, porque el que quería informarse de lo que hacíamos podía hacerlo. Se trataba más bien de poner de relieve que un Centro de Derecho no podía someterse a limitaciones que le impedían hasta la organización de una conferencia dictada por un profesor de su propia Escuela y sobre un tema de su especialidad. Una norma tan arbitraria no le daba al Centro de Derecho la posibilidad de vivir públicamente. Todo esto acentuó nuestra conducta antidictatorial y nos llevó a aumentar nuestros contactos con alumnos de la Universidad de Chile, lo que tendría mucha importancia para lo que sucedió muy pocos meses después".
"Con don Carlos Casanueva tuve relaciones estrechas durante mi período de estudiante, pero ellas quedaron cortadas precisamente después del incidente en torno al profesor Cifuentes. Habíamos convivido muchas horas desde que, al ingresar a la Universidad, entrara yo a formar parte de una sociedad secreta católica llamada los "Caballeros de Colón". Mi diálogo con él fue sostenido y, aunque muchas veces discrepamos, mantuvimos la cordialidad y el respeto mutuo. Don Carlos no compartía, por ejemplo, mi entusiasmo por don Rafael Luis Gumucio y sus posiciones políticas. Después del conflicto antes relatado don Carlos Casanueva me atacó duramente en el seno de los "Caballeros de Colón", condenando con fuerte violencia verbal mi actuación política. Yo le contesté en términos comedidos, diciéndole que no acogería sus expresiones críticas a mi posición política personal y que me retiraría para siempre de la organización a la que había pertenecido por casi cinco años. Esta realizaba actividades de cooperación con los jóvenes que solían sufrir graves problemas, con espíritu eficaz y correcto. Fue así como suspendí mis viejas y óptimas relaciones con el rector, que criticaba toda mi concepción y mi actividad política.
Las dos circunstancias relatadas reflejan lo que se avecina. Se ha producido una paulatina y sostenida radicalización del ambiente político, con una cada vez más creciente oposición a la dictadura de Ibáñez. Se aproxima su fin inexorablemente.
Durante la segunda quincena de julio de 1931 la tensión llega al máximo. En un gesto destinado a sobrevivir en el mando, Ibáñez ha designado el 13 de julio Ministro del Interior a don Juan Esteban Montero, un político moderado, radical, de gran prestigio, que sólo acepta el cargo a fin de restablecer las libertades públicas hasta entonces conculcadas. Lo acompaña como Ministro de Hacienda don Pedro Blanquier. Mientras el primero cumple su palabra, produciéndose un ambiente de libertad que horas antes parecía olvidado si se juzgaba por las apariencias, el segundo da a conocer el 17 de julio el verdadero estado de la Hacienda Pública, que asemeja una bancarrota. Esta última noticia, mostrando la existencia en la Caja Fiscal de sólo 5 millones de pesos, mientras los compromisos exigibles ascienden a 90 millones de pesos, contribuye poderosamente a precipitar los acontecimientos. Comienzan las manifestaciones callejeras, los estudiantes se movilizan organizándose en muy pocos días y la policía empieza a ser desbordada en su capacidad de resguardar el orden público. Ibáñez retrocede el 21 de julio organizando un nuevo gabinete. Los manifestantes se acercan a las casas de los ministros que van a asumir pidiéndoles que no lo hagan y exigiendo el retorno de Montero. El 22 declaran la huelga indefinida los estudiantes de la Universidad de Chile, ocupan el edificio de la Casa Central situado en la Alameda Bernardo O'Higgins, a pocos metros de la Moneda, y designan una "Guardia Cívica" encargada de su custodia. Aqui interviene Bernardo Leighton, junto a otros estudiantes de la Universidad Católica, al acudir a la Universidad de Chile y permanecer en el local tomado hasta la salida de todos. Lo hacen desfilando por la Alameda. Son recibidos con alegría, que se transforma en entusiamo cuando comunican la decisión del estudiantado católico de plegarse a la huelga indefinida desde el día 23. Ese día Ibáñez vuelve a cambiar su gabinete, por declararse el anterior, que había durado en el cargo menos de 48 horas, imposibilitado de mantener el orden público. Asume como Ministro del Interior el Almirante Carlos Fröden, quien señala que mantendrá el orden público "integralmente y por sobre toda otra consideración". En realidad, ya es demasiado tarde para esos arrestos dictatoriales. El pueblo está imponiendo en las calles la democracia.
Bernardo Leighton hace recuerdos de la noche del 23 al 24 de julio, donde vivió horas muy dramáticas, pues en cualquier momento se esperaba lo peor, esto es, la intervención de la fuerza pública para desalojar el edificio de la Casa Central y someter a los rebeldes:
"Entre los que estaban esa noche, recuerdo a Manuel Francisco Sánchez, a Manuel Antonio Garretón y a Ignacio Palma. Fue una noche muy dura, en que perdí la voz a causa del frio, el hambre, el miedo y el sueño. Ahí nos enteramos de que el gobierno quería entrar con la policía, con un acto de fuerza que tenía que ser muy poderoso para derribar la enorme puerta antigua de la Universidad. Nosotros contestamos negativamente rechazando la posibilidad de entregar el local ocupado. Pedíamos el fin de la dictadura mediante la salida de Ibáñez y la restauración total de la democracia. Ante esto, se nos contestaba que no y se nos exigía abandonar la Casa Central. En definitiva, fue una intervención amistosa y privada de un médico radical, don Leonardo Guzmán, la que influyó sobre el ánimo de Ibáñez, disuadiéndolo de utilizar la fuerza pública para desalojar la universidad. De esas gestiones surgió la garantía de no detener ni tomar ninguna represalia si abandonábamos el local universitario. Las directivas estudiantiles de las dos universidades, a las que yo no pertenecía, nos consultaron a cada uno de los presentes respecto a esta nueva oferta transmitida por el doctor Guzmán. Después de intercambiar ideas, se tomó la decisión de abandonar la Casa Central. Todos nos dábamos cuenta de que a la dictadura le quedaban pocas horas de vida. Salimos el viernes 24 en la tarde. No nos pasó nada. Ibáñez cumplía su palabra en un gesto humano y respetable."
Los estudiantes tenían razón al pensar que la suerte de la dictadura ya estaba sellada. La hoguera estaba encendida y la muerte de un estudiante de medicina y de un profesor universitario sólo contribuyó a precipitar la culminación de la caída del gobierno.
El dia 24 en la mañana muere, herido a bala, Jaime Pinto Riesco, estudiante de medicina y, a la vez, profesor y ayudante en la Escuela de Medicina de la Universidad Católica. A las 10 de la mañana del sabado 25, Monseñor Carlos Casanueva oficia una misa por el descanso del alma de Pinto Riesco en la capilla del Hospital San Vicente de Paul. Una multitud calculada en 20.000 personas concurre a los funerales. Al finalizar éstos, se dispersa y algunos grupos se dirigen al centro de la ciudad. La información de prensa añade lo que forma parte de la etapa final del drama:
"Cuando un grupo numeroso llegaba frente al Pensionado de San Vicente, los carabineros cargaron con el objeto de dispersarlo. Durante este incidente algunos hombres de tropa hicieron fuego para amedrentar a los civiles. Una bala alcanzó al Sr. Alberto Zañartu Campino, quien en esos momentos llegaba al Pensionado a visitar a un enfermo de su familia. El proyectil hirió mortalmente al Sr. Zañartu, que dejaba de existir instantes después del hecho". (El Mercurio, 26 de julio de 1931, pag. 14).
Los funerales de esta nueva víctima se llevaron a cabo el día domingo 26 de julio. Esta vez la prensa calculó la asistencia de público en "más de 100.000". El pueblo había perdido, por fin, el miedo.
Bernardo Leighton asistió a estos funerales:
"El cortejo pasó por la Alameda, frente a la Moneda. Muy cerca mío se empezó a gritar contra Ibáñez, pidiéndose 'la cabeza del ladrón'. Yo reaccioné contra esto y empecé a manifestar, tratando de que todos me oyeran bien, que ese grito no se podía mantener. 'Aquí lo único que cabe gritar es LIBERTAD Y DEMOCRACIA PARA CHILE, pero nada de estas expresiones'. Me hicieron caso y se cambió el grito. Me interesa recordar este hecho, porque refleja bastante bien un estado de ánimo y un estilo que muchos ya teníamos en esa época, en el sentido de luchar por los valores positivos, expresándolos también positivamente, de modo de irradiar en la mejor forma posible un espíritu de superación de males en el país, no enredado en pequeñas y torpes acusaciones personales o en formulaciones negativas que normalmente dicen muy poco."
Ibáñez renuncia en la tarde de ese día domingo 26 de julio de 1931, entregándole el cargo al Presidente del Senado, don Pedro Opazo Letelier, de acuerdo a lo establecido en la Constitución. Termina así, la que a la postre sería sólo la primera etapa en la lucha de los civiles por imponer la democracia. En ese instante, las cosas no se ven de esa manera. La euforia generalizada en el país hace pensar en un triunfo definitivo, en la conquista de una libertad que no se volverá a perder. Bernardo Leighton, próximo a cumplir 22 años, con una vocación política ya definida y habiendo participado plenamente en las jornadas estudiantiles cuya contribución fue decisiva en la caída de Ibáñez, comparte de corazón esa esperanza. Muy pronto, sin embargo, deberá volver a luchar para que esa esperanza no muera, para que se consolide y se haga carne en la conciencia de todos los chilenos, sean civiles o militares.
Los hechos políticos posteriores, hasta desembocar en la elección de Arturo Alessandri Palma como Presidente de la República el 30 de octubre de 1932, son de una intensidad agobiante. Su mero enunciado lo demuestra:
- Don Pedro Opazo Letelier designa Ministro del Interior a Juan Esteban Montero y delega en él el Mando Supremo en calidad de VicePresidente de la República, el dia 27 de julio de 1931. Montero convoca a elecciones presidenciales para el día 4 de octubre del mismo año.
- El 19 de agosto de 1931 renuncia Montero para postular como candidato en las elecciones. Asume la Vice-Presidencia don Manuel Trucco.
- El 1º de septiembre se amotina la escuadra. Recién el 7 de ese mismo mes puede considerarse completamente sofocada la sublevación.
- El 4 de octubre de 1931 vence Juan Esteban Montero en las elecciones presidenciales a Arturo Alessandri Palma en forma categórica (187.000 contra 101.000 votos).
- El 4 de junio de 1932 es derrocado el Presidente Montero por un golpe militar que encabeza el Coronel Marmaduke Grove. Nace la llamada "República Socialista".
- Desde el 4 de junio hasta el 13 de septiembre de 1932, o sea, en 101 días, pasan seis gobiernos por la Moneda: 1) Junta de Puga, Dávila y Matte; 2) Junta de Puga, Matte y Merino; 3) Junta de Cárdenas, Dávila y Cabero; 4) Junta de Dávila, Cárdenas y Peña Villalón; 5) Presidencia Provisoria de Dávila; y 6) Presidencia Provisoria de Blanche.
- El 14 de septiembre se rebela la Fuerza Aérea contra Blanche, pero, después de algunas horas, es sometida.
- De nuevo hay movimientos político-militares los días 27 y 28 de septiembre.
- El 1º de octubre de 1932 renuncia Blanche y asume el 2 de octubre, como Vice-Presidente de Chile, el Presidente de la Corte Suprema, Abraham Oyanedel.
- El 30 de octubre triunfa en las elecciones presidenciales Arturo Alessandri Palma, abriendo, a partir de entonces, un periodo democrático de más de 40 años.
Dentro de este conjunto de hechos, llenos de complejidades y de causas profundas que no se pueden explicar aquí, Bernardo Leighton participa activa y públicamente en los siguientes momentos: en el Motín de la escuadra, apoyando al Vice-Presidente Trucco; en las elecciones presidenciales de 1931, trabajando por Montero; y, en la caída del mismo, acompañándolo y defendiéndolo como Presidente Constitucional cuando es derrocado y durante los 101 días siguientes que culminan con la caída de Dávila.
Son las últimas batallas que dará por la democracia como universitario y sin pertenecer todavía a un partido político. Por su importancia, las veremos en capítulo separado.
CAPITULO IV
La vuelta a la democracia está llena de escollos. Aunque el entusiasmo es grande por el fin de la dictadura de Ibáñez, los partidos evidencian la inseguridad de fuerzas que se han visto privadas durante años de hacer su vida normal. Además muchos de los problemas sociales y económicos cuya acumulación y falta de solución contribuyen a su caída presionarán implacablemente sobre quienes asumieron la tarea de conducir el país en esos momentos.
Entretanto, Leighton se reintegra a la vida universitaria a terminar su quinto año de leyes. No obstante, por la decisión ya tomada de consagrarse a la política y por haber participado activamente en las etapas finales del régimen recién derrocado, se mantiene alerta e interesado en los sucesos posteriores.
Sobreviene así el episodio conocido como el motín de la Escuadra y su participación en él. Su relato pormenorizado ahorra todo comentario previo:
"La revolución de la marina se produjo a comienzos de septiembre de 1931 y fue un hecho importante de la historia de Chile. Sus dirigentes eran básicamente sub-oficiales y algunos civiles que trabajaban para la marina. La revolución tuvo dimensiones bastante grandes, pues se produjo en todos los buques de la escuadra. Gobernaba el país don Manuel Trucco, en calidad de Vice-Presidente. Don Juan Esteban Montero desarrollaba en ese momento su campaña electoral que iba a culminar en octubre. A don Marcial Mora, el ministro del interior, se le ocurrió la idea de enviar a Coquimbo a cuatro estudiantes que habían adquirido prestigio durante los acontecimientos que culminaron con la caída de Ibáñez y entre ellos me escogió a mí. Su idea era que nosotros colaboráramos a que el pueblo de Coquimbo no se pusiese al lado de la revuelta. Aceptamos y fuimos. Comprobamos allá que los habitantes de esa ciudad simpatizaban con el motín, mientras los vecinos de La Serena no mostraban la misma actitud. Yo me quedé en un hotel de Coquimbo, donde la situación era muy difícil para el gobierno, porque la ciudad estaba dirigida virtualmente por los sub-oficiales rebeldes, que bajaban de los buques y ejercían su influencia en la población. ¿Qué pedían los amotinados?"
"Lo central era una protesta por rebajas en los sueldos determinadas por el gobierno. Ellos pedían la derogación de esta medida y esto era lo fundamental. Sin embargo, en la presentación que ellos hicieron llegar a la autoridad había una serie de críticas a la vida social entera del país y se exponía la situación de todos los trabajadores, planteándose la necesidad de llevar a cabo algunas reformas sociales. Yo apoyé algunos de estos puntos francamente, pero rechacé el método para imponerlos. Defendía entonces el proceso de vuelta a la democracia que estaba en plena marcha y la acción de los rebeldes se me aparecía como contraria a dicho proceso, al reeditar los métodos violentes que estábamos tratando de erradicar de la vida chena. Me tocó presenciar personalmente el fracaso del Almirante von Schroeders, enviado por el gobierno como su delegado a Coquimbo para negociar con los rebeldes. Fue una situación muy triste para él. Regresó a Santiago a la medianoche y quedamos a la espera de nuevos acontecimientos".
"En la mañana siguiente tomé una decisión personal: redacté una nota dirigida a los amotinados y la hice enviar con los marinos que iban y venían desde los buques. En ella pedía que me dejaran hablar con los rebeldes y que me recibieran a bordo del acorazado "Almirante Latorre", desde el cual se dirigía toda la revuelta. Aceptaron y me enviaron una lancha. Me acompañó otro estudiante, que convino conmigo no intervenir, a fin de no mostrarnos divididos en algunos puntos de vista, como era el caso. Fui escuchado sin ninguna hostilidad y con respeto, a pesar de que fui franco para expresar que no consideraba adecuado el procedimiento de violencia que estaban empleando. También les expresé mi simpatía por muchos de los puntos que ellos sostenían en su presentación pública, particularmente en aquel que perseguía recuperar el nivel de sueldos que percibían. El diálogo fue largo. Pasado el mediodía regresé a Coquimbo y comuniqué todo a Santiago. Por desgracia el gobierno ya había decidido bombardear la escuadra, cosa que hizo algunas horas después. Fue algo muy impresionante para mí, pues hasta ese momento jamás me había encontrado en una situación semejante. No hubo daños, por fortuna, ya que los aviones lanzaban las bombas al lado de los barcos, que se movían bastante al estallar éstas. Aunque desde éstos se respondía el fuego, tampoco fue destruido ningún avión."
"Pero el hecho produjo mucho pánico en la población y, sobretodo, entre los parientes y familiares de los amotinados".
"En la noche consideré oportuno trasladarme a La Serena, cosa que hice en un tren especial. Me fui en la máquina, al lado del maquinista. La Serena estaba vacía, porque la gente la había abandonado en todos los medios de locomoción posibles. Salían como podían de la ciudad. Yo me quedé en un hotel y al día siguiente me levanté muy temprano. Al preguntarle al portero qué otras personas había allí me contestó: 'Mire, si en el hotel hay sólo dos personas, Ud. y yo, nadie más. Todos los demás lo abandonaron'. Esa mañana fui a misa y se me ocurrió subir a la torre de la iglesia de San Francisco. El día estaba clarísimo y se veía Coquimbo. Me sorprendí al ver que la escuadra ya no estaba. Pensé de inmediato que todo había terminado. A Dios gracias, había sido así. Los amotinados habían resuelto entregar los buques y someterse. Hubo procesos en contra de ellos y fuertes condenas, incluso de muerte para los jefes principales; sin embargo, posteriormente bajo gobiernos sucesivos, fueron rebajadas las penas, hasta obtenerse la libertad de todos ellos. Muchos han tenido después una conducta claramente democrática".
En ese incidente aparece con nitidez el rechazo de Leighton a la violencia como método para alcanzar cualquier tipo de objetivos. Su confianza en el diálogo y en la posibilidad de solucionar todos los problemas discutiéndolos frente a frente, con buen espíritu, está presente aquí, cuando apenas tiene 22 años y cumple ya una misión relativamente delicada. Aunque su participación se reduce a lo dicho por él, su gesto tiene el valor de poner de relieve estas cualidades que con el tiempo se desarrollarán y acentuarán y que llegarán a constituir algo característico de su personalidad.
Pocos días después de estos hechos, se traslada a Antofagasta para trabajar por la candidatura de Juan Esteban Montero. Lo hace en avión, pasando a ser el primero de esta generación de jóvenes políticos en usar este medio de transporte.
"Trabajé en el norte por esta candidatura, a sugerencia de don Rafael Luis Gumucio, a cuyas órdenes personales me puse, movido por la admiración que le profesaba y no por una militancia política todavía inexistente. En Antofagasta conocí, en esta ocasión, a Radomiro Tomic, que cursaba el sexto año de humanidades".
Durante estas elecciones tiene Leighton un pequeño incidente epistolar con un redactor de un diario antofagastino (Serrat), donde quedan estampados algunos aspectos de su conducta política. La acusación que se le hace es la de "denigrar, detractar, al hombre que fue el Primer Magistrado de la Nación" (se refiere a Arturo Alessandri). Leighton replica el 8 de octubre de 1931, siendo presentado por el diario "El Sol" de Antofagasta como "un estudiante, propagandista de la candidatura de Montero". Dice en la parte respectiva:
"Pude, en un momento de entusiasmo, extremar mi crítica al señor Alessandri; pero, si llegara a convencerme de haber afirmado alguna falsedad, no vacilaría en rectificarme, porque es indigno usar, en provecho propio, el arma que se prohibe al adversario. No denigré jamás a la persona del señor Alessandri; al contrario, en repetidas oportunidades, me referí elogiosamente a su vida privada y profesional. Por consiguiente, no acepto que se me pretenda pintar como un propagandista de mala ley, que injuria con bajeza. Tengo la íntima satisfacción de haber venido a cumplir un deber idealista y pesado; de manera que no me importan las dudas despertadas en quienes no me conocen; me basta la conformidad de mi conciencia que, para mí, es reflejo de la conformidad con Dios. Fui a la pampa deseoso de penetrar su ambiente material e ideológico: por eso busqué un momento de intensa actividad espiritual para visitarla. Durante la gira aprendí lecciones provechosas, conversé con los obreros y con los jefes y si encontre incomprensiones momentáneas, puedo asegurarle al señor Serrat que la mayoría no se burló de mí como lo hace él".
Terminada la campaña, Leighton, feliz con el triunfo de su candidato, retorna a Santiago a terminar sus estudios. Esto lo mantendrá alejado de la política, por corto tiempo. Se le ve reaparecer justo el día en que es derrocado Montero por un cuartelazo militar. Ese día Leighton concurre a la Moneda a estar junto al Presidente Constitucional. Incluso, hace uso de la palabra desde uno de sus balcones. Cuando triunfa la rebelión y regresa a su casa, confiesa que lo hace desconsolado, y que en la intimidad de su cuarto, llora amargamente. Su dolor se basa en tanto sacrificio y esfuerzo hecho por retornar al sistema democrático, para verlo algunos meses después nuevamente destruido.
Pero este sufrimiento no lo aplasta. Vuelve a luchar. Pocos días después, con varios de sus compañeros de la universidad, redacta una declaración donde fijan su pensamiento frente a lo sucedido. Bajo el título "Digamos la verdad", expresan entre otras cosas:
"La mascarada socialista del 4 de junio, más condenable por lo de mascarada que por lo de socialista, equivale a una injuria monstruosa, de las mayores que hemos visto últimamente, contra la ideología social católica. Los que están en la Moneda no representan la autoridad legítima, por lo ya expuesto y porque no ha sido ratificada por la voluntad espontánea de todo el pueblo, la toma violenta del poder público".
"De acuerdo con las consideraciones anteriores declaramos: a) Que la autoridad ejecutiva legítima de Chile es el Exmo. Sr. Don Juan Esteban Montero; b) Que reconocerlo es nuestro más evidente y próximo deber social; c) Que el bienestar económico de las clases sociales está vinculado, en primer término, al restablecimiento constitucional".
La declaración está firmada por: Manuel Arellano Marín, Víctor Delpiano, Sergio Fernández Larraín, Sergio Fernández Walker, Moisés Figueroa, Osvaldo González Foster, Manuel Antonio Garretón Walker, Alfredo Lea-Plaza Sáenz, Bernardo Leighton Guzmán, Lorenzo de la Maza Rivadeneira, Héctor Mansilla, Roberto O'Ryan, Clemente Pérez Zañartu, Raúl Rodríguez González, Rafael Richard Barnard, Raúl Rodríguez Lazo, Manuel Francisco Sánchez Ugarte, Alejandro Silva Bascuñán, Jorge Rogers Sotomayor y Pedro Canessa Ibarra, fechada el 10 de junio de 1932. Hay un agregado, del 17 de junio, en que se reafirma lo dicho y se agrega esta reflexión final:
"Insistimos que dentro del amplio margen de la constitucionalidad caben las más avanzadas reformas sociales, siempre que se basen realmente en la justicia. Algún día renacerá el honrado patriotismo de los verdaderos chilenos, para arrollar con la fuerza del derecho el pseudoderecho de la fuerza!!!"
Leighton no abandona esta posición en ningún instante. El 15 de septiembre de 1932, cuando a la dictadura de Dávila le quedan sólo días de vida, escribe en el diario "La Tarde" de los Angeles:
"Desde el 4 de junio hemos vuelto a vivir una etapa de franco retroceso hacia períodos bárbaros en que manda el cacique más fuerte, hacia todo lo que no es derecho, dignidad ni justicia, hacia todo lo que, en una palabra, no es civilización. Reaccionemos. Tributemos adhesión a la autoridad legítima que está desterrada por la desorientación incapaz de los chilenos e inclinémonos, solamente, ante la libre voluntad del pueblo. Contribuyamos, dentro del derecho y la libertad, sin engaños ni utopías, al resurgimiento económico de los que sufren hambre y frío en nuestra tierra. En medio del materialismo egoísta que nos invade, levantemos nosotros una bandera espiritual de justicia, de confraternidad y de sacrificio. Cumplimos con el deber de dirigirnos a la juventud a la cual pertenecemos, para decirle: ¡seamos jóvenes! Todavía es tiempo de serlo."
El 23 de septiembre de 1932 vuelve a la carga, esta vez polemizando con el director del diario "Las Noticias" de Los Angeles. Su juicio sobre la crisis nacional es del mayor interés, porque entronca con la forma de pensar que más tarde desarrollará amplia y detalladamente:
"Hablamos de principios. Hemos tenido, desde hace mucho tiempo, la convicción profunda referente a que la crisis múltiple actual tiene su origen en esto: falta de principios, falta de honestidad, falta de fe. Todos los desaciertos económicos de la dictadura ibañista no se habrían producido jamás si el año 27, cuando Ibáñez pisoteaba la Constitución, el grueso de los políticos hubiera imitado la actitud honesta y valiente de Gumucio, los Alessandri, Labarca, Rivas Vicuña, León Ugalde y algunos otros. Análogamente, si el 4 de junio no hubiera acudido un sólo chileno civil ni militar, al llamado engañador de los conspiradores triunfantes, nos habríamos evitado errores mayores y vergüenzas. Es preciso proclamarlo con decisión: al comienzo de todo período de ruinas materiales hay siempre una claudicación espiritual."
Y más adelante agrega:
"Ya afirmamos que todo lo que no sea preferir siempre la sujeción completa a los principios legales equivale a una claudicación ciudadana. Ahora queremos agregar que, a pesar de existir apariencias en contrario, tal sujeción envuelve una conveniencia totalmente segura. Basta para probar esta aseveración el recuerdo de la dictadura ibañista y el más reciente de la mascarada socializante. En ambas se proscribió a la Constitución y a las leyes en nombre de la salvación nacional. Resultado: 150 mil cesantes, postración salitrera, agrícola e industrial, desprestigio de las instituciones armadas, hambre, miseria y lo que es peor: pérdida de la fe en el triunfo alterior de las ideas y creencia demencial en la eficacia de la fuerza."
La incertidumbre política está próxima a terminar. El gobierno de Dávila se derrumba al ser abandonado por los militares, que, desprestigiados y repudiados por la opinion pública, vuelven a sus cuarteles y sólo salen de ellos vestidos de civil. A fines de ese año -diciembre de 1932- asume constitucionalmente don Arturo Alessandri Palma después de triunfar en elecciones libres e inaugura un período de gobiernos constitucionales que sólo será interrumpido el 11 de septiembre de 1973.
Bernardo Leighton, que ya ha egresado de la Universidad, concentrará sus esfuerzos en terminar la carrera de abogado, cosa que logrará con éxito a mediados de 1933. Hasta ese instante, se mantendrá alejado de la actividad política.
CAPITULO V
Casi paralelamente a los acontecimientos relatados, sobre todo a partir del momento en que se define la vocación personal de Bernardo Leighton por la política, hay en marcha un proceso importante al interior de muchos jóvenes universitarios católicos. Crece en ellos el deseo de ingresar a la vida política para tratar de realizar allí sus ideas cristianas. La encíclica de Pío XI "Quadragessimo Anno", publicada el 15 de mayo de 1931 para conmemorar los cuarenta años de la primera gran encíclica social "Rerum Novarum" de León XIII, da un impulso decisivo a esta voluntad en ciernes. Encuentra allí ideas centrales que los interpretan plenamente, avaladas por la altísima autoridad del Sumo Pontífice.
Se plantea entonces la duda respecto al partido político al cual ingresar. Para la mayoría, el Partido Conservador está a la mano y hasta por parentesco muchos tienen relaciones directas con él. Pero tienen objeciones para dar un paso semejante.
En efecto, grupos importantes de conservadores, y oficialmente como partido, han mostrado más bien simpatía por la dictadura de Ibáñez. El hecho de que ella hubiera perseguido a varios de sus hombres, Gumucio entre ellos, no les ha parecido argumento suficiente para quitarle su apoyo. Sólo muy al final y cuando ya el edificio del régimen se precipita inexorablemente a tierra, empieza a cambiar esta actitud.
Los jóvenes católicos discrepan de esta conducta. Tampoco comparten una cierta interpretación del cristianismo demasiado tradicional y políticamente obsecuente con el sistema global capitalista que organiza a la sociedad. Héctor Rodríguez de la Sotta, al exponer su pensamiento en la Convención del Partido Conservador de septiembre de 1932 sin apartarse de su posición democrática y antidictatorial, explicita casi con brutalidad esta forma de ver las cosas:
"Que haya pocos ricos y muchos pobres", -dice- "es un hecho natural inevitable, que existirá mientras el mundo sea mundo. Esta dentro del plan providencial que así sea, y todos nuestros esfuerzos por evitarlos resultarán infructuosos. Y si esos esfuerzos llegaran a fructificar, alteraríamos de tal forma el orden natural, que la humanidad quedaría condenada a desaparecer".
Su fórmula consiste en "mantener nuestro actual régimen económico-social, llamado capitalista, corrigiendo sus defectos mediante una intervención moderada y sumamente prudente del estado y estimulando dentro de él la cooperación, que tan espléndidos resultados ha dado en todas partes". (8)
Bernardo Leighton recuerda las reservas que les producía el Partido Conservador:
"Nuestras relaciones con él no fueron espontáneas ni nacieron desde el comienzo de nuestra actividad política. Su actitud colaboradora con el gobierno de Ibáñez lo había desprestigiado ante nosotros, cosa que también le sucedió a otros partidos a los que tampoco les fue muy bien dentro de la juventud de esa época. Personalmente, cuando trabajé en el norte por don Juan Esteban Montero en la campaña electoral de 1931, tuve el primer contacto más concreto con el Partido Conservador, pero, como ya lo he expresado, bajo las órdenes personales de don Rafael Luis Gumucio y no por un deber de militancia política."
"Fue precisamente él quien logró terminar con nuestra duda respecto al partido al cual ingresar."
En efecto, a comienzos de 1933 Leighton hace efectiva su decisión tomada poco antes y se inscribe en los registros del Partido Conservador junto con Manuel Antonio Garretón y algunos otros. Titulado de abogado el 8 de junio de 1933 se consagra plenamente, a partir de entonces, a la actividad política partidista.
"Personalmente me puse a trabajar en la secretaría provincial de Santiago del Partido Conservador, que presidía don Diego Silva Henríquez. Mantuve a la vez contacto con el Centro de Estudiantes del Partido Conservador y con la gente que seguía en la ANEC. Durante el año 1934 se fue creando la idea de organizar la juventud conservadora a lo largo de todo el país, dándole una estructura orgánica dentro del partido. Me pidieron a mí que presidiera una Comisión destinada a darle forma a esta gran empresa, que debía culminar en una concentración nacional de las juventudes conservadoras de Chile. Fijamos como fecha de realización de la misma los días 11, 12 y 13 de octubre de 1935. El trabajo central que nos propusimos fue el de llevar a cabo todo un plan de giras por el país. Entre los que tomamos parte en esta tarea recuerdo muy bien, entre otros, a Radomiro Tomic, Miguel José Irarrázabal y Ricardo Boizard. Pasamos por muchas partes y nos fuimos reuniendo en todas ellas con dirigentes jóvenes del Partido Conservador que ya militaban en él, pero que no formaban una organización especial en su seno. Conocimos a mucha gente durante esa época. Así fuimos creando en todas partes pequeños núcleos representativos de la comisión organizadora, para que fueran formando las bases de provincias. Hecho esto, seguimos manteniendo la comunicación por escrito. La fecha de la gran concentración fue escogida con clara intención americanista. Ya desde ese instante nos pareció necesario mostrar la vinculación de América Latina con el pensamiento cristiano. Por eso efectuamos su inauguración el día 12 de octubre".
"El 22 de julio de 1934 apareció el primer número de un periódico semanal que tuvo mucha importancia para nosotros, pues nos sirvió de canal de expresión durante 6 años. En él se encuentran nuestros primeros desarrollos del pensamiento social-cristiano. Me refiero a "Lircay". Su primer director fue Radomiro Tomic. En su primera etapa hasta el 12 de octubre de 1935, fue el órgano oficial del Centro de Estudiantes del Partido Conservador".
El 24 de abril de 1935 se lee en "Lircay" el siguiente aviso convocando a la decisiva reunión de Octubre:
"Gran Concentración Nacional de Juventudes del Partido Conservador. En octubre próximo, Santiago será sede de una gran concentración nacional de juventudes del Partido Conservador. Expondremos ante la faz del país la integridad de nuestros ideales, la vitalidad de nuestra causa, la capacidad y el entusiasmo de nuestras juventudes. !Un espíritu joven en un viejo partido!"
Leighton es invitado a presidir la inauguración de este evento, que se lleva a cabo en la fecha anunciada, esto es, el 11 de octubre de 1935. Pronuncia entonces un discurso escrito, cosa rara en él a lo largo de su vida. Algunos párrafos marcados son los siguientes:
- "Estoy cierto de traducir el pensamiento vuestro invocando, al inaugurar esta concentración, tres grandes nombres: el nombre del Creador Supremo, hacia quien convergen todas las aspiraciones centrales del católico; el nombre de la Patria, cuyo pasado nos inspira, cuyo presente nos preocupa y cuyo porvenir nos invita a luchar hasta vencer, y el nombre del Partido Conservador, dentro del cual queremos realizar nosotros la interpretación chilena del ciudadano cristiano".
- A los que vienen de provincia les dice: "Hablad, en nuestras asambleas y al pie de los monumentos históricos, fuerte y claro, de manera que os oiga el país entero y entienda, de una vez para siempre , que la República no es Santiago y que vosotros estáis resueltos a defender el prestigio de la Patria cada vez que en la capital no sepamos defenderlo bien".
- "Debemos, a un mismo tiempo, precisar una idea, precisar una organización disciplinada y estable de la Juventud Conservadora y precisar también un programa de acción y de trabajo".
- "Tenemos la obligación de sembrar principios de verdad en las inteligencias, imperativos de bien en las voluntades y arrebatos de generosidad en los corazones".
- "Indudablemente, que nada nuevo sustancial podremos decir, pues nos enorgullece la obediencia a una doctrina milenaria gracias a la cual el hombre es hermano del hombre; el gobernante no es superior al súbdito como persona, sino como mandatario de una autoridad más alta; los padres pueden defender la vida y el alma de sus hijos; las mujeres: el honor de sus conciencias, y tienen los pobres el privilegio inusitado, considerando las costumbres de la antigüedad gentilicia, de reclamar para ellos, a título de pobreza, la atención preferente de las autoridades públicas. Sin embargo, así como el tiempo envejece al error, a la verdad la rejuvenece misteriosamente y podemos oponer nosotros, en respuesta a los errores liberales y socialistas, ya demasiado viejos, la eterna novedad del Cristianismo. Por una paradoja, a que conducen siempre las debilidades humanas, el orden de la justicia y de las misericordias, añoso en la apariencia es, en pleno siglo XX, soberbio y temeroso de si mismo, la síntesis definitiva de un orden nuevo. A ese orden nuevo deben aspirar, con todo el frenesí de su vehemencia a objeto de realizarlo en Chile, las falanges juveniles del Partido Conservador".
- "Seríamos traidores a la integridad de nuestra doctrina cívica si frente a la miseria, que aún la vemos morar en nuestras calles, propiciáramos como único remedio la ayuda al capital o el alza de los salarios, si en presencia de injusticias, cometidas por el ciudadano contra el Estado o por el Estado contra el ciudadano, nos limitáramos ingenuamente a propiciar el fortalecimiento inorgánico del poder o la ruptura total de la disciplina política, y seríamos, por último, mil veces traidores, si los arrestos guerreros de otros pueblos nos indujeran a despertar pasiones agresivas en el nuestro, en lugar de advertirnos, recordándonos las lecciones de nuestra propia historia, que las nacionalidades se prestigian, se engrandecen y se defienden mucho más por la paz que por la guerra, mucho más por el derecho que por la fuerza, infinitamente más por el trabajo ordenado de sus hijos que por la sangre y las lágrimas de los extranjeros".
- "Es de justicia que suban los salarios del obrero, hasta que alcancen para el alimento, el techo, el vestido y la educación de su familia; pero que también suba simultáneamente, en la preocupación de los poderes públicos, la conciencia de que los trabajadores no son únicamente cuerpos que se nutren y que mueren, sino almas llamadas a vivir eternamente y que, por lo tanto, es necesario proporcionarles, junto con los medios materiales requeridos por la existencia terrenal, los medios espirituales indispensables para asegurarles, con certeza, un descanso feliz mas allá de este mundo".
- "Sí, que se ayude a la riqueza acumulada y destinada a facilitar la mayor producción de bienes económicos, es decir, al capital, siempre que esa ayuda no vaya en injusto menoscabo del salario, no favorezca el desequilibrio de la economía nacional en provecho de particulares ramas de la producción y, sobre todo, siempre que no conduzca ella, directa o indirectamente, a la prepotencia de imperialismos, que no debemos aceptar jamás por la dignidad de Chile".
- "Y el Estado que no absorba al ciudadano privándole de su libertad, porque el ciudadano, esencialmente, ha sido hecho para Dios y no para el Estado. Pero tampoco, que se independice el ciudadano del Estado, privándole a éste de su autoridad legítima, porque el Estado, representante supremo de la sociedad civil, es también una creación divina y tiene por objeto, en conformidad a la contextura moral de las personas y física de las cosas, coordinar los esfuerzos individuales que son por naturaleza insuficientes, a fin de procurar el bien de la comunidad, atendiendo, en primer término, a los débiles, a los desamparados y a los humildes. El bien de la comunidad exige, asimismo, que se restablezcan, entre el soberano y el súbdito, aquellos organismos intermediarios, 'connaturales', según el Pontífice reinante, bajo cuya techumbre honesta los hombres de trabajo encontrarán de nuevo segura y protectora acogida".
- "No obstante, la organización corporativa de la sociedad no podemos aceptarla nosotros en desmedro de los derechos esenciales de la persona humana; derechos que no fueron reivindicados, con sangre de europeos por la revolución francesa, ni es dable que conquiste ahora, con sangre de africanos, la revolución fascista, puesto que constituyen ellos el patrimonio exclusivo de la Cristiandad, al precio de una sangre derramada por el Mesías mismo".
- "¡Juventud del Partido Conservador, escucha un solo momento! Dos concepciones universales informan la síntesis de nuestro credo político: la primera se refiere a Dios, la segunda se refiere a Chile. Aquella nos habla de actuaciones cívicas, respetuosas de la dignidad del hombre y que tienen por finalidad última cooperar a la obra redentora de la Iglesia, mediante la organización de un régimen civil, dentro del cual, el mayor número de personas posea el mayor número de posibilidades, morales y económicas, que le facilite el conocimiento de la verdad y la práctica de la virtud. La otra nos habla de este régimen civil y tiende a darnos un concepto católico del patriotismo, el que si bien nos señala un puesto en las filas del Partido Conservador, nos sitúa, sin embargo, por encima de los partidos políticos, de la misma manera que la vida y el programa de nuestra colectividad la han colocado siempre en una posición histórica y doctrinariamente nacional. No estamos, pues, jóvenes conservadores de Chile, al servicio de un ideal limitado, cuyo triunfo debiéramos pedir a la imposición violenta o a la macuquería y al personalismo: estamos al servicio de la unidad chilena, que, confiadamente, esperamos realizar por el empuje de nuestras convicciones, por el esfuerzo de nuestras actividades, por el optimismo de nuestros espíritus y por la intercesión de nuestras plegarias. Que lo sepa el país, primero para que nos comprenda y nos respete y, en seguida, para que emprendamos todos los chilenos la caravana triunfal del porvenir en una gran república de hombres libres, dignamente convertidos en hombres cristianos".
En este importante discurso, Leighton ha plasmado muchos de sus planteamientos de esa época. Todo su texto esta impregnado de fe religiosa, hecho que marca la acción de los jóvenes conservadores en esta etapa. Más adelante separarán este aspecto de los planteamientos políticos. Hay también en él un contagioso optimismo en la fuerza misma de las ideas que profesan y en la capacidad de transmitirlas y hacerlas aceptar por otros. Es un lenguaje algo triunfalista, influido todavía por el tono con que la Iglesia llevaba a cabo su acción en aquel tiempo. Esto se modificaría en el futuro, tanto en los jóvenes de ese entonces, como en la Iglesia.
Este no fue el único discurso. Leighton recuerda el de Tomic, que termina con estas frases encendidas de entusiasmo: "Patria nuestra, patria nuestra, con tu nombre en el pecho se ha puesto de pie una juventud". "La ovación que recibió fue impresionante", acota Leighton. Otro momento emocionante "quedó para siempre grabado en nosotros. Hablaba don Rafael Luis Gumucio y tuvo un instante de vacilación, producto de una pequeña molestia cardíaca. Debió paralizar la lectura de su discurso durante cortos segundos, que todos percibimos con ansiedad. Al recuperarse, dijo con voz fuerte y profunda: 'No importa que este corazón ya viejo no pueda más latir si hay miles de corazones jóvenes que seguirán latiendo'. Sus palabras nos hicieron llorar a todos. Un joven, Raúl Recabarren, expresando lo que todos sentíamos exclamó: ¡Dios conserve por mucho tiempo esta preciosa existencia! El recuerdo imborrable de este momento fue evocado posteriormente en muchas ocasiones".
"La Concentración Nacional fue todo un éxito y terminó creando el Movimiento Nacional de la Juventud del Partido Conservador".
"Lircay" reflejó la nueva situación a partir de su número 18 del 8 de noviembre de 1935, al aparecer ahora como "Organo oficial de la Juventud Conservadora de Chile". Allí publicó los llamados '18 puntos de la Juventud Conservadora', especie de declaración de principios, muy brevemente enunciados, aprobada por la Convención. (9)
De esta manera quedaba sellado el punto de partida de un proceso de dimensiones históricas. Leighton, elegido por aclamación como primer Presidente de la Juventud Conservadora, lo encabezaría con energía.
CAPITULO VI
LEIGHTON, MINISTRO DEL TRABAJO (1937-1938)
Con la Concentración Nacional de octubre de 1935 empieza una nueva etapa, rica en acontecimientos e intensa en actividad. Presidiendo la Juventud Conservadora, Bernardo Leighton sigue desplazándose por el país junto con varios otros dirigentes juveniles, dándole mucha importancia a la organización y a la difusión de la doctrina social cristiana. Un cierto sentimiento mesiánico se ha apoderado de ellos. Se sienten poseedores de una verdad salvadora para el país y se apresuran a transmitirla, procurando con su entusiasmada palabra persuadir a los demás.
El punto conflictivo central de este período se radica en el nivel de las relaciones de la Juventud con el Partido. Aquí se produce un proceso complejo de paulatina diferenciación, donde juegan un rol importante factores como: una interpretación distinta respecto a la aplicación práctica de la doctrina social de la Iglesia; un abismo generacional muy grande entre los dirigentes máximos del Partido y los de la Juventud; una pugna de poder entre ambos, al querer impedir la "vieja guardia" que los jóvenes conquisten el Partido, cambiándole su rumbo y hasta naturaleza, cosa que éstos ciertamente buscan, y, por último, una nueva visión sobre el papel de los cristianos en la política, menos confesional y, por lo tanto, menos vinculada a la Jerarquía de la Iglesia que antes.
En todos estos aspectos tiene Leighton una participación protagónica. Su acción la resume él mismo en un artículo publicado en el diario "El Correo de Valdivia" el 22 de febrero de 1936.
"Vamos del norte al sur de la República, visitamos las grandes y pequeñas ciudades, organizamos sin temor alguno discusiones públicas, llegamos hasta el hogar de las instituciones proletarias y, en todas partes, exponemos nuestro pensamiento serenamente, enérgicamente, sinceramente. El Partido Conservador pues, ha renovado sus procedimientos y espera cada día renovarlos más. Viejo y joven a la vez tiene fe en el porvenir de la Patria y lucha por ella."
Estas palabras irradian optimismo y no ven discrepancia alguna entre lo que la juventud hace como tal y lo que el Partido Conservador realiza en su propio terreno.
Leighton menciona aquí discusiones públicas que organizan donde quiera que pueden, dándole mucha importancia a este punto:
"Partimos tratando de tener la mayor cantidad posible de reuniones públicas para plantear nuestros puntos de vista. Las hacíamos normalmente en teatros. En Santiago le arrendábamos algunos a don Amador Pairoa, ciudadano comunista que más tarde fue senador por Curicó, Talca, Maule y Linares. Al fallecer éste, el 15 de agosto de 1944, fue reemplazado por don Arturo Alessandri Palma, electo en comicios complementarios con el apoyo, entre otros, de la Falange Nacional."
"Don Amador sabía que íbamos a sostener ideas completamente distintas a las suyas, pero no tenía inconvenientes en arrendarnos sus teatros, mientras era difícil encontrar otros para arrendar. Contribuía tal vez a ello el que nuestra posición fuera de respeto a todas las ideas, incluyendo las comunistas siempre que se adaptaran al respeto de la democracia y del régimen constitucional chileno. Este hecho se conoció en aquella época y produjo una impresión positiva en cuanto a la idea de saber tratar esas discrepancias en un plano de respeto y, en el fondo, también de fraternidad humana con los que tienen ideas diversas. En estas reuniones adoptamos también una práctica nueva para las costumbres políticas: la asistencia no era limitada sólo a los jóvenes conservadores. Asistía el que quería y, después de los discursos programados donde hablaban conservadores del partido y de la juventud, había tribuna libre para discutir. Podía hablar el que quería y decir lo que deseara siempre que se expresara con respeto a las ideas y a las personas. Su libertad era total para expresar ideas distintas y hasta contrarias a las nuestras. Aunque participaron de todos los sectores, fueron jóvenes nacistas y socialistas los que más utilizaron la tribuna que nosotros abrimos. El sistema dio buenos resultados y, en general, no hubo violencias. Lo llevamos a la práctica a lo largo de todo Chile. Me parece importante destacar todo esto, porque pienso que las democracias deben funcionar en medio de un permanente dialogo, educando en esta disciplina a todos los ciudadanos, a fin de que participen con respeto en la formación de las grandes decisiones nacionales. Esta práctica no se extendió mucho. Los otros partidos virtualmente nunca la adoptaron e incluso nosotros mismos tampoco la mantuvimos en toda la medida en que debimos hacerlo."
En medio de esta acción de propaganda surge, al interior de la Juventud Conservadora, un departamento dependiente de ella, que recibe el nombre de Falange Nacional. Al revés de lo que se ha sostenido muchas veces, la inspiración no viene de España para elegir este nombre. "Recuerdo que lo hablamos mucho. Nos basamos para hacer esta opción en las falanges macedónicas, que le sirvieron de instrumento a Alejandro Magno para alcanzar sus famosas victorias. En nuestro entusiasmo llegábamos a decir que la historia recordaría sólo dos falanges: las macedónicas y la nuestra... La Falange Española tenía un carácter facistoide que rechazábamos absolutamente y contra el cual luchamos desde un comienzo. Entiendo que en España se hicieron ilusiones de que estábamos creando algo similar a la Falange de ellos, pero se desilusionaron muy pronto."
La Falange Nacional nace, como puede apreciarse, como un departamento dependiente de la Juventud Conservadora, a comienzos de 1936. Su primer jefe es Ignacio Palma y su objetivo central la propaganda y la formación de cuadros. Se organiza con ciertas características semi-militares. Aunque nunca usa armas, existen cargos como "brigadieres" y otros, que ponen de relieve este hecho. Leighton respalda esta iniciativa, pero no participa en ella mientras es un simple órgano de la Juventud Conservadora. Es un hecho, sin embargo, que aquí se concentra el mayor dinamismo de la Juventud y le da rostro propio a la misma, diferenciándose poco a poco del Partido Conservador. "Lircay" refleja esta evolución a través de pequeños, pero significativos detalles. Por ejemplo, la insignia, que ha permanecido hasta hoy como enseña de los demócratas cristianos, aparece por primera vez en el No. 34 de "Lircay" de mediados de 1936, al lado del nombre del periódico. En un apartado se explica, además, su significado: "Una flecha vertical corta dos barreras: son los obstáculos que encontraremos dentro y fuera de nuestras filas y que tenemos la confianza de vencer siempre que sigamos la dirección de la flecha que se afirma en la tierra y se dirige hacia el cielo." (Pag. 1). Hay aquí una insinuación clara de que existen dificultades dentro del partido para llevar a cabo los ideales juveniles. Ellos se acentuarán con el tiempo y harán crisis, en forma paulatina, a lo largo de 1937 y, sobre todo, de 1938. Esto se expresará simbólicamente en el hecho de irse adoptando casi inconscientemente el nombre de Falange Nacional como denominación de la juventud conservadora, abandonándose de a poco esta última, que era la oficial. Al producirse la ruptura final, el nuevo partido ya tendrá su nombre propio: Falange Nacional.
En marzo de 1937 hay elecciones parlamentarias. La Juventud Conservadora lleva candidatos en muchas provincias, lo que implica un reconocimiento del Partido a su presencia e incansable actividad. Leighton no acepta postular a un cargo parlamentario, pese a los ruegos, consagrándose a fondo a dirigir la campaña de los candidatos juveniles.
El resultado satisface ampliamente a los jóvenes, pues llegan a la Cámara varios de sus representantes. El esfuerzo hecho aparece premiado por el electorado. Sin embargo, en este acontecimiento se encuentra también el germen de futuras dificultades con la Directiva del Partido, presidida todavía por Horacio Walker Larraín. Aunque este último apoya firmemente a los jóvenes, es presionado fuertemente para no permitir indisciplinas. Ahora que la Juventud muestra tener una suerte de representación propia en la Cámara de Diputados, esto le parece esencial a la "vieja guardia" para mantener al Partido unido bajo su control.
Pero inmediatamente después de las elecciones reina todavía el optimismo. Los nubarrones no alcanzan a empañarlo.
Por su parte, el Presidente Alessandri se apresta a reorganizar su gabinete, manteniendo, como lo ha hecho a lo largo de su gobierno, la participación conservadora. Surge entonces la idea de presentarle a don Arturo Alessandri algunos candidatos a ministros que pertenezcan a la Juventud Conservadora o estén cerca de sus planteamientos. Este acepta la idea y Leighton presenta una terna en la que figuran Eduardo Frei, Pedro Lira y Héctor Escríbar. El Presidente elige, sin embargo, a Leighton, designándolo Ministro del Trabajo. Lo ha conocido poco antes al serle presentado por Eduardo Cruz Coke, Ministro de Salud, escuchando de sus labios el planteamiento de la Juventud Conservadora y ha aceptado en gran parte su análisis.
Leighton considera consolidado el régimen democrático en el terreno puramente político, pero ve peligros que vienen del campo social, desde donde emergen reivindicaciones económicas muy justas. "Hay que llevar a cabo una política que le dé confianza a los trabajadores y no solamente a los dueños del capital", es en síntesis lo que Leighton le dice a Alessandri. Este responde nombrándolo Ministro del Trabajo.
"Cuando don Rafael Luis Gumucio me dijo que el Presidente quería designarme Ministro del Trabajo yo creí que estaba bromeando. Me tomó de sorpresa el hecho de que se pensara en mí. Pedí tiempo para meditarlo y sólo después de mucho cavilar y conversar, acepté. El día del juramento fue un día que no olvidaré jamás. Estaba más nervioso que un estudiante entrando por primera vez a la universidad. Yo no me había esperado esto y, además, todos los Ministros y el Presidente eran mucho mayores que yo. Podrían haber sido padres míos y algunos hasta mis abuelos. Don Arturo me preguntó entonces la edad. Al decirle que tenía veintisiete me respondió: ' !Me ganó por un año. Yo fui ministro por primera vez a los veintiocho!' Después agregó que, según sus recuerdos, sólo dos ministros habían sido más jóvenes todavía. 'Pero esa no era gracia', agregó, 'porque ellos eran Edwards y Matte'. En esos momentos, llegar adonde habíamos llegado era para él 'una gracia'. De hecho, él encabezó ya en 1920 la irrupción de sectores medios y populares en la política chilena."
Leighton guarda los mejores recuerdos de don Arturo Alessandri. Aunque discrepa con muchos de sus actos, valora su conjunto positivamente. Su paso por el Ministerio del Trabajo termina por transformarlo en un político ciento por ciento. Don Arturo lo respalda siempre, defendiéndolo de muchas críticas que le hacían los sectores más conservadores. Su testimonio merece registrarse aquí:
"Siempre me respaldó y me acompañó. Nunca presencié escenas donde él se violentara con sus ministros. Me habían contado algunas cosas al respecto, pero al parecer eso sucedió durante su primera presidencia. Entonces era más joven también y las condiciones del país eran agitadísimas. Conmigo fue siempre muy amable. Le gustaba saber todo lo que hacían sus ministros, pero nunca discutía con ellos. Se limitaba a respaldarlos. No tenía afición especial por determinados temas, sino que le interesaba que todo lo que hacía el gobierno saliera bien, sin una pasión particular por alguna de las materias. Yo lo informé siempre directamente, no llevando nunca los problemas de mi cartera al Consejo de Gabinete. 'Mire ministro', me dijo una vez, 'cuando quiera hablar conmigo pase sin anunciarse'. Así lo hice muchas veces, comprobando siempre, eso sí, si el Presidente estaba solo o no."
En el ejercicio de su cargo Leighton debe enfrentar numerosos problemas. Su estilo directo se hace sentir de inmediato y le da perfiles muy característicos a su acción.
"Tuve algunas huelgas. Por ejemplo, una en el norte. Eran trabajadores marítimos que cargaban cobre y salitre. Yo resolví ir personalmente al sitio del conflicto. Lo hice en un avión de guerra del Ejército. El Presidente estaba en Viña del Mar. Cuando llegué a Antofagasta me encontré con un telegrama suyo, dirigido a representantes sindicales, redactado en términos bastante fuertes. Al parecer le habían informado que los obreros estaban en una posición violenta e ilegal. Por teléfono le informé que la huelga era legal y que no había actitudes violentas. Don Arturo me dijo: 'Lo que Ud. haga está bien hecho. Ud. me representa. Las empresas a veces son tan extremistas como los sindicatos, comunistas o no, y no quieren aceptar nada. Son situaciones difíciles y delicadas. Vea Ud. lo que corresponde hacer y no tome mi telegrama como norma.' Gracias a este respaldo pude actuar y resolver la huelga, mediante arbitraje aceptado por ambas partes. Pasaron después diez años sin que hubiera un conflicto ahí mismo. Cuando le comuniqué al Presidente todo, se alegró mucho: 'Qué bueno. Ahora véngase y descanse. Lo felicito.' Le respondí que todo había salido bien, porque cumplí los criterios que él me había dado por teléfono."
La prensa de la época registra también la pasada de Bernardo Leighton por el Ministerio del Trabajo. He aquí algunos de sus testimonios:
- "La designación de Bernardo Leighton para la cartera del Trabajo, en el actual Gabinete, fue acogida con entusiasmo por la opinion pública. Se trataba del Presidente de la Juventud Conservadora, que tiene a su abono una labor vasta y humanitaria, realizada en la tribuna, en el artículo escrito al pasar, en el manifiesto, en la conferencia, y lo que es más, en la acción perseverante." (Zig-Zag, 16 de abril de 1937).
- "Por vez primera quizá el viento de renovación que sacude los viejos ramajes de las organizaciones políticas alcanza hasta las alturas de la organización ministerial. En efecto, vemos que el Excmo. Sr. Alessandri, con penetrante visión del porvenir, y en ejercicio de sus facultades constitucionales, ha formado su nuevo ministerio llamando a él a un hombre de hoy, sin raigambre en los consejos tradicionales de los partidos, que no llega aún a los treinta años de edad, que, en pleno ardor de elecciones, rehusa candidaturas, y que, dinámico, y como empujado por una fuerza invencible, recorre de norte a sur el país en difusión de principios que no por ser su difusor pelucón, dejan de escalofriar a los timoratos que temen la mano juvenil sobre cualquiera directiva..."
"Porque esto es Bernardo Leighton Guzmán, el nuevo Ministro del Trabajo: una mano nueva sobre el timón de una de las carteras más importantes del Gobierno. Su nombre no evoca un pasado de esos que hacen las delicias del comentario, de la leyenda o de la historia. Es un hombre de hoy, surgido de la agitación renovadora que se ha apoderado también del partido conservador, y que pese a menguadas concepciones de la disciplina, tiende a destacar relieves de dirección en la cosa pública." (Zig-Zag, 2 de abril de 1937).
-"Don Bernardo Leighton, llevado por la Juventud Conservadora a la más delicada responsabilidad de Gobierno representa en el Gabinete todo el anhelo impetuoso y sano, consciente y sagaz de la muchachada de ahora, anhelante de servir a la patria y de lograr para la totalidad de sus hijos el bienestar que nuestra tierra ubérrima es capaz de depararle a todos." (La Unión de Valparaíso, 12 de abril de 1937).
- "Parece un 'cabro' y provoca hablarle de tú. Aseguran que tiene veintisiete años, pero representa veinte. Aquí está, detrás de su escritorio de Ministro del Trabajo, rodeado de timbres y teléfonos, y pudiera creérsele un escolar en tren de travesura. Pero Bernardo Leighton ya tiene contornos de figura política, y desde su actuación como Presidente de la Juventud Conservadora, acusó perfiles de firme personalidad. Esta valoración se justifica en cuanto se cruzan frases con él. Dentro del estuche juvenil hay un hombre ponderado, reflexivo, con grandes bríos para la acción." (HOY, 18 de mayo de 1937).
El 14 de diciembre de 1937, Bernardo Leighton presenta por primera vez su renuncia al cargo de Ministro. La causa está en los diputados de la Juventud Conservadora, que han votado en la Cámara en contra de un proyecto del gobierno sobre tierras magallánicas. Es un gesto de delicadeza de su parte. Al escucharle a Alessandri un comentario adverso a la actitud de esos diputados, piensa que ha perdido su confianza. Le presenta su renuncia verbalmente y después la formaliza por escrito. El Presidente de la República la rechaza y Leighton no insiste en ella. "No tendría yo motivo para insistir en ella, tanto más cuanto que en S.E. he encontrado siempre un apoyo firme y sincero; en consecuencia, la he retirado, junto con expresar mis agradecimientos al Presidente. He creído ser leal con él y con mis correligionarios." (Declaraciones a "El Mercurio", 16 de diciembre de 1937).
A comienzos de marzo de 1938 se produce un incidente político-policial que moverá a Leighton a dejar definitivamente el Ministerio del Trabajo. A raíz de una caricatura de la revista "Topaze", que hiere mucho al Presidente de la República, el Gobierno requisa la edición y la hace quemar. Considerando que esto constituye un abuso de sus atribuciones y que no puede solidarizar con la actitud del Presidente, Leighton presenta su renuncia definitiva. No quiere dejar constancia pública del motivo de su alejamiento, razón por la cual en ningún instante hace declaraciones en ese sentido. Sin embargo, la opinión pública lo interpreta correctamente.
"Cuando le comuniqué mi decisión de renunciar, lo hice en términos bien categóricos. Don Arturo estaba muy afectado y no quería que yo renunciara. Trató de que conversáramos al día siguiente del asunto. Entonces le dije: 'Presidente, entiendo que Ud. no me comprenda, pero no puedo seguir siendo ministro si veo que el Presidente actúa, a mi juicio, en forma contraria a la Constitución. No daré a conocer estos motivos públicamente, pero debo irme hoy mismo.' El fue muy cariñoso y leal conmigo y aunque hubiese preferido que no renunciara, comprendió que yo no tenía otro camino."
Quizá nadie expresa mejor lo que muchos sentían, al ver alejarse a Leighton del Ministerio del Trabajo, que Guillermo Donoso Vergara en un artículo que publica en el diario "La Mañana" de Talca, el 15 de marzo de 1938:
"A diferencia de otras mentalidades jóvenes, que viven de esquemas prehechos, con la agilidad del moderno estadista se acercó a los hombres de trabajo. Les habló de un nuevo concepto de justicia social. Y el país tuvo fe en el Ministro. Hoy se aleja. Las violaciones a la Constitución y la Ley cometidas por el Presidente de la República han servido para demostrar su dignidad de hombre de bien y su sinceridad de cristiano. En una edad en que otros son simples trepadores de situaciones Bernardo Leighton deja el poder por ser leal a la doctrina. Esto constituye un ejemplo que, dadas las circunstancias podría ser mirado como heroísmo. Con la misma cobardía que en 1927, cuando el sr. Ibáñez atropelló las instituciones constitucionales, liberales y conservadores doblan la cabeza para evitar un mal mayor. En Leighton reviven las viejas tradiciones chilenas, de Portales, de Montt y de Varas".
"El país está cansado de las palabras que no se sienten y de las leyes que no se cumplen. Bernardo Leighton fue la antítesis de este mal. Lo que dijo lo cumplió y su palabra siempre tuvo el calor de un pensamiento real. Su fe en la misión histórica de la juventud chilena marcó el rumbo de todas sus actuaciones. Muy fácil hubiera sido para él seguir en el gobierno a imitación de los demás Ministros de Estado. Pero no era su personalidad la del mediocre que sólo apetece figurar. Y fue el único para honra de nuestra generación."
"Bernardo Leighton ha abierto un surco y ha depositado una semilla que ha de fructificar en el mañana. Quiera el destino serle propicio. Y reciban nuestra adhesión por ello él y sus compañeros de la Falange Nacional."
CAPITULO VII
CON DON HORACIO WALKER LARRAIN
Con el retiro del Ministerio del Trabajo no llega a su fin la carrera política de Bernardo Leighton, sino muy por el contrario. Ella está apenas comenzando. Encuentra a la Juventud Conservadora sumida en medio de graves problemas con el Partido, a raíz de la precandidatura a Presidente de la República de Gustavo Ross Santa María. Los jóvenes rechazan a este candidato, por sus posiciones ultraderechistas. Ven en su pensamiento la antítesis de lo que han venido sosteniendo. Por eso, antes de que se produzca la proclamación definitiva de candidato presidencial, los jóvenes deciden presentar a la Directiva del Partido una quina de nombres. El acuerdo reza así:
"Trabajar dentro de la jerarquía del Partido Conservador para que el candidato a la presidencia de la República sea alguna de las personas que a continuación se indican: Jorge Matte Gormáz, Máximo Valdés Fontecilla, Guillermo Edwards Matte, Jaime Larraín García Moreno y Francisco García Gana".
Esto molesta a la "vieja guardia" conservadora, que ya se inclina abiertamente por Ross. La Juventud por su parte, después de tentar con la quina renuncia a ella e insiste abiertamente por quien la encabeza, esto es, por Jorge Matte Gormáz.
"Vino entonces la reunión del partido, donde se tomaría la decisión final. Concurrimos después de pensarlo mucho. Varios no querían. Ignacio Palma expresó el pensamiento de la juventud. Lo hizo con bastante dificultad, porque había quienes no querían que habláramos. A mí por lo menos, se me hizo imposible hablar. Al final, la decisión recayó sobre Gustavo Ross. Entonces nos reunimos y acordamos no trabajar por el candidato del partido. La formulación del acuerdo movió después a muchos a creer que por "libertad de acción" estábamos entendiendo que se podía trabajar por el otro candidato y que había "libertad de voto". Eso fue un error. La única libertad que acordamos fue la de poder trabajar o no por el candidato del partido conservador. En cuanto al voto, al menos los que eran militantes inscritos del partido conservador, tenían la obligación de votar por Ross."
"Así de ninguna manera las banderas de la Juventud Conservadora se levantarían oficialmente en torno a la candidatura de don Gustavo Ross, pero tampoco se alzarían en su contra".
El estrecho resultado electoral, que da el triunfo al candidato del Frente Popular, don Pedro Aguirre Cerda, enciende la mecha definitiva del conflicto. La Juventud Conservadora es acusada de ser culpable de la derrota. Don Horacio Walker Larraín, Presidente del Partido Conservador, y Lucio Concha, Secretario General, publican en "El Mercurio" el llamado "Manifiesto de la Junta Ejecutiva del Partido Conservador" que ellos firman en su nombre y que está fechado el 22 de noviembre de 1938.
De este largo documento se deben extractar, por ser centrales, los siguientes conceptos:
- "Bajo los auspicios de dicha junta (ejecutiva del partido conservador) se convocó en 1935, por una selecta comisión organizadora, a una concentración nacional de la Juventud del Partido."
- "Multitud de jóvenes de todo el territorio acudieron al llamado y se celebró la magnífica concentración de los días 11, 12, y 13 de octubre de 1935. En ella fueron aprobados los estatutos y el programa de la nueva organización, destinada a cohesionar en una sola entidad, las actividades dispares de la Juventud, con el objeto de realizar una propaganda efectiva de los ideales conservadores."
- "En consonancia con estas ideas, los estatutos aprobados por la concentración y por la Junta Ejecutiva disponen lo siguiente: Art. 1º: Se crea una organización general de la Juventud Conservadora de Chile, dependiente de la Junta Ejecutiva del Partido Conservador, cuyo objeto es la formación de los jóvenes que a ella pertenezcan y la difusión de los ideales del Partido Conservador, por medio del estudio, la acción y la propaganda en centros organizados. En lo demás, la acción política de los jóvenes conservadores deberá efectuarse dentro de los organismos oficiales del Partido Conservador."
- "A raíz de la concentración recordada, se esparcieron por el territorio delegaciones entusiastas de jóvenes que propagaban los ideales de nuestro Partido, exhibían nuestras honrosas tradiciones e invitaban a algunos sectores indiferentes de la juventud a agruparse bajo nuestras banderas. Nadie podrá negar que esa labor fue abnegada, fructífera y brillante."
- "Llegadas las elecciones parlamentarias y municipales, la junta ejecutiva y demás organismos pertinentes, favorecieron con su confianza y su más decidido esfuerzo a dirigentes de la Juventud Conservadora, haciéndolos así depositarios de las investiduras de mayor responsabilidad que puede otorgar una colectividad política. Con posterioridad, otro de esos dirigentes entraba a formar parte del Gobierno, como Ministro Conservador." (Referencia a Leighton)
- "A poco de iniciadas sus labores parlamentarias, algunos diputados de la juventud adoptaron ciertas actitudes encaminadas a presentarse como personeros de una entidad independiente del Partido que los enviaba a la Cámara."
- "Las excursiones falangistas por el campo netamente político tuvieron su mayor acentuación y efecto con motivo de la elección presidencial."
- "Es sabido que la voluntad de los partidos concurrentes a la Concentración Presidencial se manifestó en forma casi unánime en favor del Sr. Ross. Este hecho obligaba a todo conservador a acudir al llamado que le hizo el Partido, en nombre de consideraciones de honor y de conveniencia pública para cumplir el compromiso solemne contraído en la convención. El no hacerlo importaba hollar los deberes de la disciplina y la lealtad y echarse sobre los hombros una responsabilidad inmensa, en caso que la elección se perdiera por un margen estrecho, como en realidad ha ocurrido."
- "¿Qué hicieron para hacer frente a esta responsabilidad para con el Partido y para con la República los dirigentes de la Juventud Conservadora? Tomaron el siguiente acuerdo: 'Dar a los falangistas libertad para adoptar personalmente ante el hecho electoral la posición que, en conciencia, estimen más conveniente para el país'."
- "Todavía no fue franco el acuerdo de libertad de acción; porque, por instrucciones privadas, se ordenó a los presidentes provinciales que se abstuvieran de toda actividad electoral."
- "Ante el acuerdo de libertad de acción, la Junta Ejecutiva declaró lo siguiente: Proclamado el candidato a la Presidencia de la República por la Convención Nacional del 23 de abril, a la cual concurrió el Partido Conservador, todo organismo del Partido, colectivamente, y todo conservador, particularmente, están en la obligación estricta de prestar apoyo al candidato proclamado. En consecuencia, la Junta Ejecutiva declara contraria a la disciplina la circular de la Directiva del Movimiento de la Juventud Conservadora, relativa a la campaña presidencial."
- "Dando cuenta del aporte de este organismo (La Falange) a la lucha presidencial, dice 'Lircay': 'Los falangistas acompañaron a la Derecha con sus votos. No la podían acompañar ni con su entusiasmo ni con su aporte ideológico. Muchos aún aportaron su trabajo material.' Entre tanto, el margen que obtuvo el candidato del Frente Popular sobre la mayoría absoluta, fue de 841 votos. Y surge este dilema: Si los falangistas hubieran aportado a la lucha el entusiasmo que 'Lircay' reconoce que no aportaron y que su deber los obligaba a aportar, habría podido desaparecer tan insignificante mayoría y el candidato del Frente Popular no sería Presidente de la República."
-"El peso de las responsabilidades contraídas por los que faltaron a sus deberes en la lucha, debió inducirlos a reconocer sus errores o, por lo menos a no incurrir en nuevas actitudes reprobables. Sin embargo la reciente asamblea celebrada con motivo del cambio de Presidente de la Juventud, revela, una vez más, el propósito de apartar a ésta de los vínculos que la ligan al partido al que pertenece. Se comienza por procurar echar sobre hombros ajenos el peso de la derrota, reclamándose honores de profetas, pero cuidando bien de no expresar qué causas y factores habrían alterado los resultados de las urnas si, en vez del candidato que proclamaban con entusiasmo las voces casi unánimes de las Derechas, se hubiese llevado a la lucha a otro servidor público que contaba sólo con una débil minoría de esa combinación. Se cree conveniente, en seguida, dirigir variados denuestos a la combinación política de la que ha formado parte en los últimos años el Partido Conservador. Y como se engloba en los ataques a todas las entidades participantes en ella, sin distinción alguna, resulta que nuestro Partido aparece presentado ante la opinión pública como 'temeroso y caduco'. Simultáneamente, en el órgano falangista se niega al Partido Conservador la calidad de entidad antimarxista con vida."
- "En la vida privada, como en las relaciones que nacen de la vida pública, es en los momentos difíciles cuando se aquilata el valor de los sentimientos de adhesión, de unión y de fraternidad. El Partido Conservador tenía derecho a esperar, en este instante, nobleza de ánimo y espíritu de concordia y disciplina de parte de todos los que no quieran, con motivo de la derrota reciente, eludir su cuota en los sacrificios, ni buscar posiciones más cómodas que las que las circunstancias nos señalan. Se vulnera nuevamente ese espíritu de disciplina al anticipar actitudes políticas de grupos o individuos, cualesquiera que ellas sean, antes de que se pronuncien los organismos que tienen la función privativa de señalar rumbos a nuestra colectividad."
-"La Junta ejecutiva, que auspició y alentó la gran Convención Juvenil de 1935 y que cifró en ella las más lisonjeras esperanzas, no ha podido, ante los sucesos políticos recientes, que inician una nueva etapa en la acción del Partido, dejar de señalar, por ingrato que ello sea, a los que infringen las declaraciones y promesas que hicieron al convocar a la juventud que acudió a ese hermoso acto cívico y aprobó bases de organización y normas de conducta que no pueden ser derogadas por la voluntad de unos pocos, sino sólo por los mismos medios y por las mismas fuerzas y organismos que las implantaron."
-"Los graves atropellos a los Estatutos de la Juventud Conservadora y a la lealtad debida al Partido, no deben llevar a la conclusión simplista e inconveniente de atentar contra la estructura de una institución llamada a producir grandes bienes en el porvenir. No es eso lo que quiere la Junta Ejecutiva, como reacción ante los desengaños sufridos. La Junta quiere que el Movimiento Nacional de los jóvenes conservadores continúe, se desarrolle e intensifique su labor, no en el campo generalmente escabroso de la acción política, que corresponde a los organismos oficiales del Partido, sino en el más elevado, más sano, más propio de la juventud, de la lucha por los ideales doctrinarios y por su difusión a lo largo del territorio. Menos política y más acción de propaganda, de esfuerzo organizador y de propia formación de los afiliados, es lo que terminantemente exige la Junta Ejecutiva. O sea, que se devuelva al Movimiento su sentido inicial, para que él no siga convirtiéndose en una fuerza de lucha contra el propio partido y de ruptura de su unidad tradicional."
- "A fin de alcanzar tan justos anhelos, la Junta Ejecutiva ha acordado en su sesión de hoy, reorganizar el 'Movimiento Nacional de la Juventud Conservadora', mediante una comisión que nombrará oportunamente, y sobre la base de que continúen en él sólo los que, 'aceptando los principios y programa del Partido Conservador', según la expresión de los Estatutos aprobados en 1935, estén resueltos a cumplir fielmente las disposiciones que éstos contienen. Ha acordado también la Junta pedir al Directorio General ratifique este acuerdo, para lo cual se lo cita, con esta misma fecha, a una reunión especial para el martes próximo."
El párrafo final le daba los contornos institucionales a la crisis. La Junta Ejecutiva consideraba tan grave el paso que estaba dando, que convocaba en forma especial a un Directorio General para que ratificase lo acordado por ella.
Bernardo Leighton hizo entonces un último esfuerzo. Dado el carácter público del manifiesto anterior, entregó a la prensa una carta dirigida a don Horacio Walker. Su texto, más breve, se reproduce casi íntegramente a continuación:
"Hace algún tiempo tuve el agrado de conversar con Ud., sobre las relaciones entre el Partido y la Falange, conversación durante la cual coincidimos en la necesidad de que una vez pasadas las elecciones se estudiara una fórmula concreta que sirviera para aclarar y establecer en definitiva las bases de aquellas relaciones. Sigo confiando en la posibilidad de encontrar esta fórmula; sin embargo, el procedimiento escogido por la Junta Ejecutiva me parece poco conducente."
"En lugar de plantear el problema en un terreno privado, prefiere lanzar un manifiesto público, cuyas finalidades tienden a probar que la Juventud Conservadora y personalmente sus dirigentes han incurrido en indisciplina y deslealtad. ¡Se nos presenta abandonando al partido en horas difíciles, después de haber recibido de él cargos de honor! Es lamentable. ¿Para qué herir con injusticia los sentimientos, si se quiere buscar soluciones de concordia?"
"Su manifiesto, don Horacio, contiene apreciaciones equivocadas. Pretende demostrar que el 'sentido inicial' de la Juventud Conservadora, aprobada por la Junta Ejecutiva del Partido y por la Concentración Nacional de 1935, ha sido desviado, radicalmente, en los años posteriores y que, en consecuencia, los dirigentes de la Falange han roto los compromisos contraídos en aquella fecha. La realidad es diversa. Hay otros antecedentes, acaso más auténticos, y ciertamente más trascendentales, que explican la fundación de la Falange en 1935, su desarrollo ulterior y su espíritu interno."
"El Partido Conservador ha sido, sin duda, en la historia de Chile la primera fuerza política; pero no siempre sus actuaciones estuvieron a la altura de su tradición gloriosa. Por eso, prescindiendo de otras críticas, cuando se restableció el régimen legal en 1931, el desprestigio en que cayeran los partidos políticos alcanzó también al nuestro. Era evidente que durante la dictadura no fue el partido, como entidad, sino algunos de sus hombres particularmente, quienes salvaron con sacrificio heroico, la dignidad tradicional. La juventud de aquel tiempo observaba estos hechos y se resistía a creer, basándose en ellos, en la sinceridad conservadora. No quería como juventud enrolarse incondicionalmente en las filas de un partido político, cuyos principios y tradición respetaba, pero de cuyas posiciones prácticas tenía motivos para dudar."
"Un pequeño grupo de jóvenes se lanzó en esas circunstancias a una tarea difícil. Empezó a difundir entre la juventud católica, la idea de incorporarse al Partido Conservador, sobre la base de mantener dentro de sus cuadros, la fisonomía específica de una organización juvenil. Se perseguía con esta iniciativa evitar la división de los católicos en la política y alejar los temores en cierto modo justificados de importantes sectores de juventud, acerca de que el único interés del partido consistía en atraerlos con el de fin de emplearlos como elemento material de propaganda en campañas electorales, sin reconocer su calidad de factor indispensable en la renovación política chilena. Es verdad que esta empresa fue constante, eficaz y abnegadamente impulsada por los dirigentes conservadores de la época."
"La Concentración Nacional resultó un éxito; en ella nació lo que debía nacer. A la sombra de la tradición conservadora, que importaba lo más puro de la tradición nacional, cobró forma un movimiento juvenil encaminado a poner todo ese acervo político y moral en concordancia con los nuevos tiempos. Desde el primer momento la 'Organización Nacional de la Juventud Conservadora', denominada también 'Falange Nacional' más tarde, tuvo especiales modalidades en cuanto a su constitución y a su acción política."
"Con el objeto de apartar completamente la idea de que la Juventud fuera transformada más adelante en un simple mecanismo de trabajo electoral, se declaró en el artículo primero de sus estatutos, que su finalidad propia residía en 'la difusión de los ideales del Partido Conservador'. No quedaba, por tanto, comprometida la Juventud Conservadora a entregar, sin condiciones, sus esfuerzos y su entusiasmo a las futuras contiendas electorales. En esta forma el Partido Conservador garantizaba a la juventud de entonces que su labor política no se limitaría a los ajetreos menudos y con frecuencia mezquinos de nuestro sistema electoral. Al contrario, la suya iba a ser una labor más amplia y más alta."
"Los ideales, empero, del Partido Conservador era necesario difundirlos con palabras y principalmente ratificarlos con hechos. De ahí que no se rechazaran las responsabilidades políticas, por graves que ellas fueran, cuando llegaron a manos de falangistas."
"Salvo pequeñas incidencias, el manifiesto reconoce que ni a la Juventud Conservadora ni a sus dirigentes se les hizo objeto de censuras por indisciplina hasta el momento de la elección de candidato a la Presidencia de la República en abril del presente año. La Falange Nacional se abstuvo de participar en la campaña presidencial, ya que de acuerdo con sus estatutos no estaba obligada, según queda expresado, a participar en campañas de esta especie y porque consideró que el candidato elegido no podía ser levantado como la expresión de las aspiraciones falangistas."
"No obstante, se dijo bien claro en 'Lircay' y en instrucciones a los Centros, que el voto se daría al candidato derechista. Sólo se quitó esta libertad de acción a los dirigentes, por estimar que de otro modo resultaba difícil hacer comprender al grueso público la abstención oficial de la Falange. Por lo demás, esta prohibición se dejó sin efecto en varias partes por orden expresa de la directiva."
"¿Dónde estuvo, entonces, la indisciplina? ¿En no participar como organización en una campaña, frente a la cual los estatutos autorizaban a no participar? ¿En no obligar al trabajo, además del voto?"
"El trabajo individual en una elección excede a las obligaciones estrictas de la disciplina. Centenares de conservadores en incontables elecciones no aportaron al Partido nada más que sus votos y nadie los señaló como indisciplinados y desleales."
"Lo digo francamente: soy conservador y soy falangista, y, si no trabajé en la última campaña, la conciencia no me acusa. Eramos muchos los que hubiéramos debido ser hipócritas para salir a hacer una propaganda que no nos habría brotado del corazón. Tan lejos no podía llegar la disciplina."
"La Falange conserva intacto 'su sentido inicial'. ¿Que ha cometido errores en el curso de sus tres años de vida? ¿Que tiene deudas con el Partido Conservador, el cual también ha cometido errores en este lapso y ha contraído, a su vez, deudas con la Falange? No lo neguemos; con todo, no es el momento de las recriminaciones, ni tampoco de averiguar quién adeuda más a quién. Sería, por otra parte, absurdo caminar hacia atrás sobre la ruta ya andada. Son muy distintos los imperativos de la hora."
"La Falange tiene una personalidad política diferente, mas no contrapuesta a la del Partido Conservador, a la que no puede renunciar, porque se lo prohibe, justamente, el 'sentido inicial' con que nació hace años. Intereses superiores imponen el entendimiento armónico del Partido Conservador y la Falange: falta solamente la fórmula adecuada que lo establezca y yo pienso que es fácil encontrarla, buscándola con buena voluntad. Pero, si en el Directorio General del Partido predomina el criterio de que somos los falangistas un estorbo, entonces no habrá nada que hacer. Lo saluda atentamente su affmo. S.S., Bernardo Leighton G."
Como puede apreciarse, Leighton razona aún dentro del marco formal conservador. Es la última vez. Las discrepancias de fondo le parecen muy grandes al Directorio General del Partido, el que aprueba la reorganización de la Juventud el 29 de noviembre de 1938.
En vista de esto, los falangistas optan por seguir existiendo como partido autónomo, rompiendo todo vínculo con el Partido Conservador.
Este episodio ha situado en trincheras distintas y hasta opuestas en su dinámica inmediata a dos hombres que mantienen las mejores relaciones personales: Horacio Walker, por una parte, presidiendo el Partido Conservador e intentando disciplinar a la Juventud colocándola más directamente bajo el control de la Junta Ejecutiva; Bernardo Leighton, por la otra, con su autoridad y su palabra, tratando de convencer al político y al amigo que eso no es posible y que las consecuencias serán muy graves si persiste en esa posición. Es un momento duro para ambos.
Consumada la ruptura, queda sellada de esta manera la suerte de Bernardo Leighton, Eduardo Frei, Radomiro Tomic, Manuel Antonio Garretón, Manuel Francisco Sánchez, Jorge Rogers, Rafael Agustín Gumucio, Ignacio Palma y muchos otros de ese tiempo. Deberán emprender solos el camino tras sus ideales, ya no más cobijados bajo el alero de un partido que se niega a transformarse y que en la realidad los rechaza desde el fondo de su alma. El acuerdo tomado por los falangistas consiste en no acatar la reorganización y seguir existiendo tal como hasta entonces, con el solo nombre de Falange Nacional.
El 17 de diciembre de 1938, bajo el título "Había diferencia, sin oposición", Leighton publica en "Lircay", que ya desde el 8 de ese mes aparece como "órgano oficial de la Falange Nacional", un interesante artículo donde defiende la posición de la Juventud Conservadora desde su creación en octubre de 1935 hasta el 29 de noviembre de 1938. A su juicio, ella ha tenido "desde su nacimiento, una personalidad propia y diferenciada dentro de la estructura del Partido Conservador". Después enumera una serie de ejemplos en que esta personalidad política ha tenido "repetidas ocasiones para manifestarse expresamente". En aquellos casos ha encontrado siempre la comprensión del Partido. "Eran otros tiempos...", exclama Leighton casi con nostalgia. Y agrega a manera de resumen:
"No fue una exigencia nueva insistir en que se confirmara la autonomía falangista. La tuvimos plenamente, como queda comprobado, en las elecciones generales de 1937, y nadie, en esa época, la discutió. La tuvimos también plena cada vez que, en nuestras asambleas de propaganda, en nuestras grandes concentraciones nacionales, en nuestras publicaciones de prensa, en las actuaciones de nuestros parlamentarios, dijimos sobre el Gobierno, sobre los problemas de la patria, sobre la política del presente y del futuro, todo, absolutamente todo lo que teníamos que decir. Esa fue la independencia, esa fue la autonomía de la Falange que los dirigentes del Partido Conservador, a pesar de las proposiciones concretas que se les hicieran para reducirla a fórmulas que evitaran dificultades en adelante, se negaran totalmente a ratificar. Un viejo principio de la filosofía católica aparece repudiado por la filosofía conservadora. Es el principio que exige la 'unidad sólo en lo esencial, la libertad en lo accidental y en todas las cosas, la caridad'. Los conservadores no lo aceptan; se quedará con nosotros, los falangistas."
Preside la Falange Nacional en el momento de la ruptura Manuel Antonio Garretón Walker, sobrino de Horacio Walker Larraín, Presidente del Partido Conservador. Garretón ha sucedido en el cargo a Ignacio Palma, quien a su vez había sucedido a Bernardo Leighton al ingresar este último como Ministro del Trabajo al gabinete del Presidente Alessandri.
La Falange Nacional como partido autónomo inicia un proceso natural de definiciones, tendientes a precisar mejor aún que antes sus posiciones y ocupar así el espacio político que han ido conquistando.
Garretón lanza entonces la formulación de "más allá de la derecha y de la izquierda", buscando situar al joven partido en una posición nueva, que tampoco es de centro, puesto que no persigue una síntesis entre los dos extremos, sino ofrecer un camino con perfiles propios. En la práctica concreta, esto produce un rápido alejamiento de la derecha, con la que se acaba de romper y lentas, pero seguras, aproximaciones a la izquierda. Esto acontece específicamente en los diversos escenarios de la acción política, comenzando en este caso en la Cámara de Diputados, donde siete de sus miembros han reconocido filas en la Falange Nacional.
Monday, July 31, 2006
CAPITULO VIII
Poco después de iniciarse el Gobierno de don Pedro Aguirre Cerda, sobreviene el famoso terremoto de Chillán. La catástrofe es tan grande, que obliga al Gobierno a adoptar medidas especiales. Fuera de los miles de muertos hay una ciudad completamente destruida, decenas de miles de damnificados y toda la gama de problemas que esto acarrea. El Presidente de la República designa entonces una comisión especial para enfrentar la situación creada. Incluye a personeros no pertenecientes al Gobierno, entre los cuales está Bernardo Leighton.
"Formaban parte de esa comisión, entre otros, doña Sara del Campo, viuda del ex-Presidente don Pedro Montt y el Dr. Eduardo Keymer Fresno, primo hermano de Anita, que se convertiría el año siguiente en mi esposa. El Dr. Keymer estaba, además, indirectamente emparentado con el Presidente de la República."
"Aparte de esta cooperación directa, que no podíamos negar bajo ningún pretexto, y que me permitió conocer personalmente a ese gran hombre que fue don Pedro Aguirre Cerda, la Falange tuvo una posición independiente. Manteniendo íntegramente la organización que tenía desde antes de la separación del Partido Conservador, estuvo dispuesta a colaborar en la solución de todos aquellos problemas en que estuviese de acuerdo con las proposiciones del Gobierno y que, a juicio suyo, le conviniesen al país. Así, apoyó la ley que creó la Corporación de Fomento de la Producción, cuya aprobación en la Cámara se salvó por un voto gracias a los siete votos de la Falange Nacional. En el Senado la ley se salvó por dos votos conservadores, correspondientes a don Rafael Luis Gumucio y don Francisco Urrejola. Esa ley le dio un impulso muy grande a la industrialización del país. Durante todo el Gobierno de Aguirre Cerda mantuvimos una actitud políticamente independiente, de cooperación y de crítica, según las circunstancias. No hicimos pacto con nadie. Poco a poco fue estructurándose una posición de centro-izquierda. En las elecciones parlamentarias de 1941, primeras que enfrentamos solos, obtuvimos tres parlamentarios: Manuel Antonio Garretón, por Santiago, Radomiro Tomic por Tarapacá y Jorge Ceardi por Valparaíso. En 1942, al fallecer don Pedro Aguirre Cerda, apoyamos la candidatura de don Juan Antonio Ríos."
Leighton vive durante 1939 y 1940 otras preocupaciones más personales. Ha conocido a Anita Fresno, se han enamorado y ambos han decidido casarse. El 31 de mayo de 1940 queda concertado el matrimonio y el 15 de agosto de ese mismo año se lleva a efecto en la iglesia de los Padres Franceses de Santiago. La revista VEA publica una foto de la pareja con el título "se casó el leader Falangista", señalando que al matrimonio asistieron, entre otros, el ex-Presidente Alessandri y varios ex-Ministros. Como se ve, el contacto humano y la amistad han permanecido, a pesar de las diferencias políticas.
A fines de 1940 Leighton debe defenderse por primera y quizá única vez de la acusación de conspirador. Se ha creado el "Comité de Acción Nacional Anticomunista" en el que participa en representación de la Falange. La situación internacional está presente en la vida nacional y el apoyo del Partido Comunista chileno al pacto entre Hitler y Stalin ha provocado una fuerte reacción en contra por parte de la mayoría de los partidos. A través de su prensa, el comunismo criollo se defiende contraatacando: acusa al mencionado Comité de preparar un golpe de Estado. Leighton reacciona indignado. A "El Siglo" le declara: "No estamos conspirando. Yo no he sido jamás conspirador, y si mañana hubiera una revolución contra el Gobierno, estaría a su lado como estuve el 25 de agosto." Alude al "ariostazo", intento de golpe encabezado por el general Ariosto Herrera, que Leighton, una vez más, rechaza apoyando al Presidente Constitucional.
Al diario La Opinión, en carta a su director y amigo, don Juan Bautista Rossetti, le expresa:
"Tú conoces bastante mis ideas doctrinarias y políticas y, aún cuando con frecuencia hemos estado en discrepancia, creo que no tienes motivos para dudar, ni siquiera por un momento, de mi adhesión total al régimen de Derecho. No soy conspirador, ni lo he sido jamás; más aún, si mañana estallara una revolución, venga de donde viniere, yo estaría al lado del Gobierno, como estuve siempre en cada oportunidad semejante."
Y a la revista VEA le dice: "Si mañana fascistas, derechistas o cualquiera trata de hacer un putsch para echar abajo el Gobierno, estaremos resueltamente con don Pedro para defender al Gobierno legítimamente elegido." El periodista acota: "Lo miramos un momento. Se sonríe ante el gesto de supuesta incredulidad que cree ver en nosotros y agrega: ¿No me cree?.. Mi vida está de prueba para contestar cualquier duda sobre un punto tan grave. Estaremos con don Pedro contra cualquier asonada..."
Estas palabras reaparecerán una y otra vez en su vida política, cada vez que se presente la ocasión. Reflejan la actitud intransigentemente democrática que lo caracterizara siempre, sin una sola claudicación. Ya lo hemos visto actuar en contra de la dictadura de Ibáñez, ayudar al Gobierno del Vicepresidente Trucco frente al motín de la Escuadra, estar al lado de Montero cuando lo derrocan, luchar en contra de la dictadura de Dávila desconociéndole todo origen legítimo, defender al Gobierno de Alessandri, condenar el "ariostazo" y, ahora, advertir que estará al lado de Aguirre Cerda ante cualquier intento de derrocarlo.
Su permanencia dentro del Comité de Acción Nacional Anticomunista no alcanza a durar tres semanas. Su explicación, fechada el 18 de diciembre de 1940, ahorra comentarios:
"La Acción Nacional nació de un pacto entre varios partidos, que se comprometieron a unirse, para combatir, por encima de sus intereses políticos, al comunismo. Ese pacto fue roto en la noche del lunes (16 de diciembre). En su discurso por radio, el presidente de este conglomerado de fuerzas se salió de su finalidad específica: atacó también al Partido Socialista, es decir, a un partido que recién había declarado no estar de acuerdo con los comunistas. En una reunión que pedí, todos los jefes de la Acción manifestaron estar de acuerdo con el discurso del Sr. Alcalde. Ello demuestra que los dirigentes actuales de la derecha no posponen sus intereses partidistas, aún cuando hayan prometido hacerlo. Demuestran, también su ceguera política; sin embargo, al atacar a Schnake, libran a éste de un cargo, que otros sectores populares podrían hacerle: que estaría en concomitancia con la derecha."
El periodista de "VEA", le pregunta entonces por qué los falangistas atacan al comunismo. "¿Se basan en razones de orden doctrinario? ¿O temen a la instauración del orden económico que propicia el PC?"
Leighton responde:
"El Partido Comunista actúa, en el terreno nacional e internacional, de acuerdo con una política no chilena, rusa. Y esto es inaceptable. A su lado, las demás razones tienen menos importancia."
"- Pero los comunistas podrían decir que Uds. se guían por las enseñanzas políticas del Vaticano..."
"Algunas simples ideas generales. Ni táctica ni estrategia políticas. Sería absurdo que pretendiéramos resolver los problemas de nuestra tierra según las normas que vinieran de Roma. No recibimos órdenes políticas de nadie, de ninguna potencia extranjera."
"- ¿Usted cree realmente que hay un contacto directo y constante con Moscú?".
"Lo hay. Lo demuestra el hecho de que, en la práctica, la acción política de los comunistas se confunda con las necesidades internacionales rusas."
"- ¿Qué representa, a su juicio, Oscar Schnake? ¿Quién es Schnake?"
"Schnake ha sido siempre para mí el mismo hombre que muchos ven ahora. En resumen, veo en él a un jefe de un gran partido popular, que, desde el gobierno, trata de encausar una política nacional y realista, con capacidad y eficiencia".
"- Pero Uds. son católicos. Y el P.S. es marxista..."
"Sí. Es importante conocer los principios teóricos básicos de los partidos, generalmente de origen europeo. Pero más importante aún es conocer a los hombres dispuestos a realizarlos. En Schnake no hay prejuicios teóricos antirreligiosos, y su marxismo consiste, naturalmente, en principios de buen gobierno."
"- ¿Están pues, con Schnake? ¿La Falange se plegará a él?
"La Falange no se pliega. Coincide."
Esta apertura hacia los socialistas tiene importancia, porque pone de relieve una situación que pudo haberse desarrollado más a fondo después, de no mediar una radicalización hacia la izquierda muy marcada de éstos, unida después a la alianza con los comunistas. Durante toda la década de los años 40 (y parte de los 50), los socialistas mantuvieron una posición muy distante de los comunistas, llegando a crisis muy graves entre ellos (sobre todo) durante el gobierno de Gabriel González Videla.
Al morir el Presidente Aguirre Cerda el 25 de noviembre de 1941 asume el mando como Vicepresidente don Jerónimo Méndez. Corresponde convocar a elecciones presidenciales y son fijadas para el 10 de febrero de 1942. El Partido Radical levanta la candidatura de Juan Antonio Ríos. La Falange Nacional decide apoyarla, uniéndose a la actitud de fracciones liberales encabezadas por Arturo Alessandri Palma, socialistas, y democráticos.
Este paso de los falangistas marca un momento importante en su trayectoria política, porque los pone en contacto directo con las fuerzas de la izquierda. Ríos no puede dejar de reconocer este aporte y en VEA del 18 de febrero de 1942 señala:
"La Falange y los liberales que me acompañaron mostraron un entusiasmo muy digno de la causa democrática que sustentaban. Encontré mucha simpatía en todas partes hacia los jóvenes líderes de la Falange. A Bernardo Leighton lo solicitaban siempre como orador. Este y Julio Barrenechea (socialista) tuvieron la tarea más pesada entre los oradores que me acompañaron a través del país. Recuerdo que en un pueblo había tan solo dos falangistas, lo que es muy comprensible tratándose de un partido joven que no ha organizado sus elementos en todos los pueblos. Estos dos jóvenes llenaban el andén con sus gritos de 'Juventud adelante' y con su entusiasmo contagioso." (VEA, 18 de febrero de 1942).
Este testimonio de Juan Antonio Ríos demuestra hasta qué punto la Falange, aún joven y hasta poco numerosa, impresionaba por su entusiasmo y su mística. La figura de Leighton sobresalía, además, claramente en esa época.
Elegido Ríos, la Falange entra en una importante fase de su desarrollo. Su postura en la elección la ha situado bastante cerca de radicales y socialistas. Se ha alejado de la derecha. Esto contribuye a perfilar su rostro en forma diferente. Surge poco a poco un partido de inspiración cristiana ubicado entre el centro y la izquierda del abanico político de ese tiempo. Entre 1942 y 1945 este proceso se acentúa.
El 4 de marzo de 1945 se llevan a cabo elecciones parlamentarias. Leighton acepta ser candidato y triunfa. Es elegido por Antofagasta, región a la que llega acompañado por su esposa a recorrerla íntegra. Durante la campaña, le dirige a los ciudadanos de esa provincia una "carta política". En ella resume su pensamiento. Su primer capítulo, titulado "defensa legal" ratifica su línea democrática en los siguientes términos:
"Por convicción y por sentimientos he sido siempre partidario incondicional de nuestro régimen de derecho. Pienso honradamente que, cualesquiera que sean los defectos y las deficiencias, nunca insuperables, de nuestro sistema democrático, su mantenimiento es inmensamente más ventajoso para el país y, en especial, para los hombres de trabajo que su conculcación, o su reemplazo por el gobierno del dictador más inteligente, más limpio y más fuerte que pudiera concebir nuestra fantasía, porque, ni aún así, este tipo de gobernante arbitrario se encuentra exento de cometer errores y atropellos que no hay manera de prevenir ni de reparar. Sobre este punto no deseo dejar la menor duda a los ciudadanos de Antofagasta. Jamás, bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia, dejaré de colocarme al lado de nuestro Gobierno Constitucional frente a cualquiera clase de tentativas o de amenazas destinadas a derribarlo. En mi opinión es este el fundamento insustituible de toda acción política seria, democrática, constructiva y popular."
Otro aspecto del pensamiento de Leighton que se desarrolla bastante por estos años, se refiere al tema internacional. La segunda guerra mundial ha hecho sentir sus efectos también en Chile. La vida política ha conocido a los nazis, por una parte, mientras las alianzas políticas de la izquierda han sido afectadas por los vaivenes tácticos de la política soviética dirigida por Stalin y Molotov. La Falange refleja en su conducta el impacto de estos hechos. Es anti-nazi desde su nacimiento. Al aliarse la Unión Soviética con la Alemania de Hitler, su posición también se hace anticomunista. Es la época en que Leighton llega a formar parte por tres semanas, en representación de su partido, de la llamada Acción Nacional Anticomunista. Al pasar la Unión Soviética al campo aliado, cambia la actitud del Partido Comunista chileno una vez más y su presencia se hace más aceptable para los partidos democráticos. Estando por finalizar la guerra, Leighton analiza en su "carta política" la posición de Chile en el mundo y saca sus propias conclusiones. Entre otras cosas expresa:
"Sintetizando los resultados más visibles del conflicto mundial, cabe destacar el robustecimiento del concepto de libertad política y el avance decisivo del concepto de igualdad económica, siendo aquello una consecuencia del triunfo de las democracias anglosajonas y esto último, una consecuencia de la victoria rusa."
"Chile está en condiciones de ser el país latinoamericano mejor dotado por su tradición democrática y por la organización de sus fuerzas proletarias para acrecentar su vida de nación con estas dos consecuencias favorables que la victoria de las naciones aliadas entregan al mundo de mañana. Para lograrlo necesita ante todo mirar hacia el presente y hacia el futuro con entereza y sin prejuicios."
"Soy contrario, enteramente contrario, al régimen dictatorial del señor Stalin y no acepto ninguna clase de subterfugios que traten de justificar su permanencia indefinida; pero reconozco que al precio de la libertad política, el sistema ruso presenta un experimento notable en materia de igualdad económica."
"Soy también contrario, absolutamente contrario, al régimen de predominio capitalista que, por encima de la sincera labor social del Presidente Roosevelt y del Premier Churchill, subsiste en los Estados Unidos y en Inglaterra y extiende sus tentáculos prepotentes sobre nuestros todavía débiles y desunidos países latinoamericanos; pero reconozco que en estas dos viejas democracias se conserva y purifica constantemente el ejercicio de la libertad política, a despecho de aquel predominio capitalista."
"Impotentes para desconocer la realidad de las dos consecuencias producidas por la guerra a que vengo refiriéndome y faltos de imaginación para descubrir su verdadero alcance, hay quienes pretenden en nuestro país, encerrar el destino de Chile entre los dos términos de un dilema falso: 'o nos conformamos al sistema ruso o nos conformamos al sistema anglosajón.' Nunca será bastante la ira con que nuestro espíritu reaccione en presencia de una manera de pensar, tan infundada y tan servil." (10)
La política exterior a seguir es resumida así:
"Mediante relaciones diplomáticas y comerciales con todos los pueblos de la tierra, inclusive con Rusia y con China, y, seguros de la robustez de nuestra envergadura cívica, debemos incorporar en nuestra estructura orgánica de nación libre y nueva, los progresos políticos, económicos, sociales y culturales realizados por los países de América, de Europa y de Asia, con motivo de la guerra y de la liquidación de la guerra."
Respecto a América Latina, Leighton toca el tema de la unidad continental:
"El principal obstáculo que estorba la unidad latinoamericana reside en los dictadores criollos, los cuales con diversas caretas han usurpado los gobiernos. Encaramados sobre la fuerza física, cual más cual menos, los Trujillos, los Getulios y los Perones están constantemente, por conveniencia de política interior, creando suspicacias entre los países y destruyendo la unidad fraterna."
"Las tendencias imperialistas que, en los Estados Unidos combatieron y combaten al Presidente Roosevelt, por su posición democrática, no desean otra cosa que contar en los pueblos latinoamericanos con dictadores de cualquier especie. Algo semejante sucede con las tendencias imperalistas y reaccionarias que combaten en Inglaterra a Winston Churchill."
"Y la razón es obvia. Huérfana de sustentación popular legítima, la dictadura acude invariablemente a solicitar apoyo al gran capital, quien lo presta encantado a cambio de hacer por su parte el 'gran negocio' sobre las espaldas de los pueblos tiranizados y empobrecidos."
"Es además la triste experiencia americana, conocida hasta por nosotros los chilenos durante cierta administración, por fortuna, corta y pretérita."
"Con un concepto bien claro acerca del terrible daño que han hecho y hacen a la unidad de Latinoamérica los gobiernos dictatoriales, en beneficio directo de intereses imperialistas, el pueblo de Chile debe orientar su política internacional americana y ostentar su democracia histórica y señera como un honor y un ejemplo."
O sea, Leighton ve en la democracia no sólo el mejor sistema de convivencia para los chilenos. Su mantención es, a la vez, un arma poderosa de política internacional, pues le da al país prestigio y, por lo tanto, autoridad para hablar en el campo de los asuntos mundiales.
En el campo económico-social, Leighton destaca la necesidad de avanzar aún más en materia de leyes sociales:
"Quienes aportan su trabajo deben tener acceso, no sólo a sus remuneraciones y a la participación de utilidades del negocio, sino también a la co-gestión de la empresa y a la co-propiedad de los capitales."
En los párrafos finales de esta "Carta política" de febrero de 1945, hay una referencia explícita a la inspiración cristiana. Su lectura demuestra una atenuación del lenguaje religioso. Germina ya una más clara separación entre las actividades que un católico realiza en representación de la Iglesia y aquellas que lleva a cabo bajo su exclusiva responsabilidad, como ciudadano de un cuerpo político determinado. El texto aludido es el siguiente:
"Los propósitos mencionados han sido exteriormente el móvil de mi actividad política a lo largo de 15 años; pero, ellos tienen un fundamento más hondo. La Falange Nacional inspira su acción patriótica en los postulados del pensamiento cristiano."
"Nosotros los falangistas colocamos muy alto la consigna superior de nuestra vida entera porque concebimos al hombre como un compuesto de cuerpo y de alma. Actuamos y luchamos en el plano de lo temporal con la intención puesta en una meta que está más allá del tiempo; pero sabemos de que para alcanzarla, es preciso contribuir a mitigar los dolores y a superar las limitaciones de este mundo. Nos sirve de orientación el Legado Evangélico, según el cual, el Maestro enseñó las Bienaventuranzas del espíritu, mientras hacía el milagro de multiplicar los panes y los peces destinados a satisfacer el hambre material de las multitudes. Según el cual, además, el amor al prójimo no distingue entre amigos y enemigos."
"Por tales razones, expongo mis propósitos políticos al margen de los hombres o de los partidos, que por doctrinas diversas a la mía están dispuestos también, en todo o en parte, a servirlos. Me interesa sustancialmente llevarlos a la realidad, con rectitud y con prontitud por el bien de mi Patria, sin importarme nada en este empeño, los motivos que desunen a los chilenos sino la buena voluntad que los acerca."
Estas palabras fueron escritas hace virtualmente 35 años. Pese a ello, parecieran tener el frescor de quien las ha escrito hoy para la situación actual. (11)
CAPITULO IX
DE LA FALANGE. CUENTA DE LEIGHTON.
La enfermedad y posterior fallecimiento del Presidente Ríos antes de que terminara su mandato, plantea a las fuerzas políticas el problema de la sucesión, por segunda vez consecutiva y en la misma década. El cuadro político se presenta confuso por una serie de elementos entrecruzados, dentro de los cuales se destaca la crisis del Partido Radical. Al dejar Ríos en la Vicepresidencia a don Alfredo Duhalde, senador radical, hombre de su confianza, emparentado con él, desata una tempestad al interior de su partido. Por una parte, no lo consulta al designar a Duhalde; por la otra, este último representa a una corriente llamada "minoritaria" dentro del radicalismo. El desenlace se traduce en la división.
En medio de este panorama, la Falange Nacional empieza a vivir también momentos de agitación interna. El primer hecho gira en torno al alejamiento de Eduardo Frei de su cargo de Ministro de Obras Públicas y Vías de Comunicación. Siguiendo en el fondo el precedente establecido por Leighton en 1938, de no solidarizar con la actuación arbitraria, renuncia después de producirse en la Plaza Bulnes una intervención policial sangrienta, que deja un saldo de seis muertos y un centenar de heridos. (12)
Leighton, en su calidad de Presidente de la Falange, explica en un acto público en el teatro Caupolicán la conducta de Frei. Señala que éste estaba advirtiendo a Duhalde que "el despliegue inútil de fuerzas armadas en los conflictos del trabajo" podían producir "los instrumentos inconscientes de un desplazamiento hacia un régimen dictatorial." Frei hacía estas observaciones, dice Leighton, "con la más absoluta lealtad, y cuando se produjo el último conflicto del Norte, que tuvo una de sus incidencias en la cancelación de la personalidad jurídica de dos sindicatos él no participó en esa medida y no la aprobó."
Agrega después que Frei "previno también patriótica y oportunamente las consecuencias que se podían originar del despliegue de fuerzas en la Plaza Bulnes; pero no fue atendido, y cuando después de los hechos ocurridos, llegó Frei a la Presidencia, se encontró con que ya estaba al frente del Ministerio del Interior un Jefe de la Marina. Entonces, Frei dijo lo que tiene que decir siempre un hombre libre, cualquiera que sea el cargo que ocupe: 'Ahí esta ese cargo, pero yo no sigo.' "
En este mismo discurso, Leighton denuncia de que existe en ese momento en Chile "el peligro de una amenaza dictatorial". Critica al diputado Juan Bautista Rossetti por sostener virtualmente que "toda la democracia chilena se fundamentaba en el cohecho". Según Leighton, Rossetti persigue con esto "quitarle toda base moral a la democracia chilena". Relata también que en la Cámara de Diputados decía el mismo parlamentario "que todas las revoluciones en Chile habían sido hechos derivados de condiciones económicas." "Ahí no soporté más y le interrumpí: 'No honorable colega, todas las revoluciones en Chile han sido realizadas por quienes se han aprovechado de la situación económica'." Denuncia después a los civiles que se esconden detrás de los militares y que los alientan a intervenir. Recuerda unas frases de don Rafael Luis Gumucio, que una vez dijo: "En los gobiernos militares no han faltado jamás los inspiradores civiles, los mantenedores civiles y los aprovechadores civiles." A juicio de Leighton, "las Fuerzas Armadas no quieren estar en el Gobierno". "Pero lo que pasa es que hay quienes quieren aprovecharse de ellas."
Por último, hace una defensa de la democracia:
"La democracia no es patrimonio de los grupos políticos. La democracia, según las propias palabras pontificias, es hoy el mejor instrumento para gobernar a los pueblos con dignidad. No es patrimonio de unos o de otros: es patrimonio común. Hoy por hoy no se puede pensar en una patria que no sea democrática, porque otra patria tiraniza, otra patria encarcela, otra patria mata, ¡porque esa otra no es patria!"
"Es esto lo que está en peligro. Yo pregunto: ¿este peligro amenaza sólo a los partidos de izquierda? ¡Qué ingenuidad! Ese peligro no amenaza sólo a los partidos de izquierda. Amenaza a todos los partidos y a toda la gente que no está en los partidos, porque una democracia es el aire; una dictadura, en cambio, es encierro oscuro, sin aire, sin vida. Esto nos amenaza a todos; y creo que a quienes amenaza primeramente es a los cristianos. ¿Por qué? Porque el cristianismo, en su espíritu verdadero, no en las tergiversaciones que los malos cristianos le han echado encima en el transcurso de los siglos, para vivir, para conquistar, para salvar a los hombres es incompatible con los enemigos de la libertad."
El 13 de abril de 1946 inaugura Leighton el Congreso Extraordinario de la Falange Nacional, llamado también de los "peluqueros", por haberse llevado a cabo en el local del sindicato de peluqueros de Santiago. Lo hace mediante una cuenta escrita, uno de los documentos más extensos escritos en su vida. El pensamiento ahí expresado muestra la tendencia a definiciones muy claras en numerosas materias, que lo sitúan a años luz de distancia de las posiciones de la derecha, junto a las cuales caminará básicamente durante toda la década anterior.
Parte resumiendo su programa como candidato a diputado por Antofagasta, ya visto aquí, para emprender después una clara defensa del gobierno. Refuta también las acusaciones que se le han hecho de ser "pro-comunista", provenientes naturalmente de la derecha. Su personalidad sencilla queda aquí particularmente retratada cuando reconoce haber empleado "una frase que me resultó poco feliz" en un elogio a dos diputados comunistas que habían trabajado en Chiloé por el candidato de la Falange Jorge Rogers. Leighton acota sin vacilar: "Radomiro Tomic me lo advirtió de inmediato. No tuve ni tengo otra excusa que mi inexperiencia parlamentaria sumada a mi deseo de suavizar una actitud de nuestra parte, contraria a quienes venían de acompañarnos lealmente en un duro trance falangista". (Gracias al triunfo de Jorge Rogers la Falange pasó de 3 a 4 diputados en la Cámara).
Después establece un criterio respecto a la forma en que un partido adquiere perfiles. Reconociendo que la Falange es un partido en plena formación, señala que "estamos sometidos a no poder dejar de caminar mientras buscamos nuestro camino."
Son los problemas concretos de cada día los que van proporcionando el marco en el cual un grupo va definiendo su rostro. Y así lo pone de relieve a lo largo de toda su cuenta. Frente a cada problema, lo describe primero y después toma posición. Muestra así cómo en la Cámara, donde él participa en la Comisión de Legislación Social y de Trabajo "de acuerdo con mis particulares aficiones sobre la materia", denuncia una maniobra de la derecha destinada a postergar indefinidamente el estudio de reformas importantes al Código del Trabajo, mientras se interesa sólo por un proyecto conservador que pretende disminuirle los fondos a los sindicatos. Relata después "hechos desconocidos" en los que la Falange ha tenido una destacada actuación, ocultados por la gran prensa, ya nada interesada en destacar como antaño el idealismo de esta falange juvenil. "Por cierto que ninguna de estas intervenciones de la Falange fue ni siquiera insinuada en la gran prensa del país; pero este silencio obedecía, no a falta de independencia nuestra, sino justamente a la falta de independencia de esa gran prensa."
Cuenta después que la Falange recibió durante 1945 "una invitación de la Alianza Democrática para integrar oficialmente su Organización. Propuso al Consejo, y así fue aprobado, que esta invitación no fuera aceptada, por estimar que nuestra contextura política de Partido aún en formación, nos impedía ingresar a combinaciones permanentes con partidos de personalidad ya formada, junto a las cuales la nuestra corría grave riesgo de perder su particular fisonomía, sin perjuicio de coordinar con la Alianza Democrática acciones concretas de bien común." Este criterio tendrá mucha importancia en los años siguientes en cuanto a plantear el tema de las relaciones con otros partidos.
Se defiende después de la crítica personal que se le ha hecho "por falta de decisión ante el Partido Comunista." Manifiesta que cada vez que le ha tocado coincidir con dirigentes o parlamentarios comunistas, "siempre he declarado que la actuación efectuada por mí, en tales casos, obedece a una consecuencia con los postulados social-cristianos que inspiran la política de la Falange. Casi he sido majadero para decir que esa misma justicia social defendida por ellos en nombre de Marx, los falangistas la servimos en nombre del Mensaje Evangélico." Y agrega más adelante: "Comprendiendo que es punto esencial para precisar una posición diversa a la posición comunista, establecer un criterio acerca del gobierno ruso, he declarado centenares de veces y justamente cuando he tenido auditorio con preferente asistencia de comunistas (recuerdo en este instante la vapuleada Asamblea del Teatro Caupolicán) que, a pesar del interés despertado en mí por el extraordinario ensayo económico-social realizado en el país de los Soviets, considero que su régimen político no es nada más que una dictadura."
Después de referirse a una serie de asuntos más bien de detalle, Leighton entra de lleno al tema de fondo relativo a la razón de ser de la Falange Nacional en la política chilena. Bajo el sugestivo título "tras una fe práctica", dice que el partido debe "lealmente afrontar no sólo el problema de satisfacer su propia conciencia, sino además el de satisfacer con honestidad a la opinión pública de nuestro país, a la cual se dirige y de la cual se nutre." Lo que se busca es "la formulación de un criterio de valor para el presente, que importe en sí mismo una síntesis de nuestros postulados doctrinarios engastada -digámoslo así- en una síntesis de las aspiraciones del pueblo." Y agrega esta reflexión: "Cuando una colectividad política logra, mediante un serio trabajo intelectual envuelto en un sentido de auténtico amor a la tierra en que vive, descubrir aquellas dos síntesis refundidas, es capaz de remover los más puros valores que forman su material humano, sobrepasando las contradicciones internas y lanzándolos con una fuerza insospechada a la conquista transformadora de los hombres y, en cierta manera, de las cosas de la nación. Guiados por este pensamiento, abordemos la búsqueda de aquella singular coincidencia en que han de encontrarse el alma de la Falange Nacional con el destino de la Patria, bajo los imperativos y la angustia del siglo veinte." Después de esta introducción define lo que para él es central: "El alma de la Falange es la razón que le dio nacimiento y que le dará existencia por años y años: la realización de una política chilena inspirada en los principios sociales del Cristianismo."
A continuación hace Leighton una crítica bastante fuerte a los cristianos contemporáneos. "Seguimos siendo merecedores del Divino reto: ¡Hombres de poca fe! Somos iguales los de hoy a los de ayer." Y agrega un poco más adelante: "Existe una especie de tentación diabólica que nos persigue irremisiblemente y que nos coge aún cuando estamos prevenidos para rechazarla. Acabamos de ver a miles de cristianos usando los métodos fascistas, que no fueron más que las mismas tácticas del Marxismo aplicadas en sentido inverso. Todavía observamos importantes sectores cristianos que demuestran más confianza en el poder nacido del 'Becerro de oro', que en la potencia moral emanada de 'Las Tablas de la Ley'. En nuestra breve, pero fecunda experiencia política, los falangistas hemos sido tentados a abandonar nuestra línea de acción práctica, en nombre, no de ser ella falsa, sino de ser ineficaz. Y la verdad es que más de alguna vez hemos resistido con poca entereza de alma esta insensata tentación."
Hecho este planteamiento central, entraba al capítulo titulado "sustitución del capitalismo". Los argumentos para propiciarlo los desarrolla así:
Partiendo por definir al proletario como "aquel que necesita trabajar para vivir o para sustentar a personas vinculadas a él por razones naturales, que no pueden trabajar o que, si trabajan, no producen de inmediato un fruto económico con su trabajo", Leighton constata que el concepto de "trabajador o de proletario ha evolucionado en un sentido de mayor amplitud y a la vez de mayor justicia." No abarca sólo el trabajo físico, sino que simplemente todo trabajo.
"Esta ampliación del concepto de proletario se ha verificado paralelamente a un proceso lento y seguro de unificación y elevación del proletariado en los más diversos planos de la vida social."
"Llevando más a fondo este análisis de las recientes transformaciones sociales, cabe además constatar que en la medida en que el concepto de proletario se ha extendido y elevado, la calidad de capitalista propiamente tal ha ido reduciéndose a un escaso número de individuos que son, no obstante, los directores legales del régimen económico vigente. Esta circunstancia es uno de los elementos más notables que está contribuyendo a la crisis final del régimen capitalista, carcomido en su interior por sus previstas contradicciones orgánicas."
"Mientras las relaciones entre el capital y el trabajo adquirían las características anotadas, en el campo político un número creciente de trabajadores tomaba parte en la vida pública, haciendo pesar en ella sus opiniones, sus intereses y su dignidad. De este modo el conglomerado proletario ha obtenido fuerza económica y también fuerza política, pero en condiciones limitadas a una influencia de hecho, sin que todavía los organismos del Estado Moderno se encuentren consecuentemente estructurados. La democracia hasta ahora ha facilitado el crecimiento, la unificación y la dignificación del proletariado, pero aún no le entrega los instrumentas de derecho de acuerdo con su potencia real."
Leighton ve por aquellos años "desaparecido casi en absoluto el odio social", razón por la cual, tanto la "lucha de clases" como la "armonía de clases" son para él tésis "desestimadas".
"La situación es diferente", dice. "Está produciéndose el acceso del proletariado a la conducción de la economía que lo llevará por este camino, a la propiedad de los capitales y, en definitiva, a una más justa distribución de la riqueza económica. Estoy muy lejos de pensar que la adquisición de los bienes materiales, aún cuando se pretenda en nombre de la justicia, constituya el eje de la vida humana. Pero es incuestionable que sin un mínimo de bienestar material el hombre, salvo un esfuerzo heroico, no puede desenvolver normalmente las facultades de su espíritu. El régimen capitalista en esta etapa de su desarrollo no demuestra capacidad alguna para llevar al mayor número de hombres una base de elementos materiales que les facilite el perfeccionamiento espiritual. Por eso los cristianos colaboramos a la liquidación del régimen capitalista y presenciamos con satisfacción los síntomas evidentes de su desaparecimiento."
"Sin embargo, no es esta actitud negativa la más conforme a nuestra inspiración doctrinaria. Por fortuna, mientras el capitalismo desaparece, se gesta un nuevo sistema económico fundado en la dignidad del proletario y que reemplaza la antigua división de los hombres, 'según el puesto que ocupan en el mercado de trabajo', por una ubicación derivada 'de las funciones que cada cual ejercita', es decir, ese nuevo sistema esta orientado, sin sospecharlo él mismo, por la sorprendente visión de la Encíclica Quadragessimo Anno. Los falangistas tenemos la misión de constituirnos en los anunciadores y en los abnegados constructores de esta nueva ordenación económica que sustituirá al capitalismo y que podríamos denominar, parafraseando a Tristán de Athayde, como una Economía Laborista."
Bajo el título "Reforma de las instituciones", puesto entre comillas en el texto original por estar extractado directamente de la ya mencionada encíclica de Pío XI Quadragessimo Anno, Leighton enfoca el problema del derecho y los cambios sociales. Entre otras cosas afirma:
"La cuestión que está por resolverse en el tiempo que corre, consiste en orientar el desenvolvimiento gigantesco de la técnica industrial, de un modo tal que la máxima explotación de los elementos materiales de nuestro país, por medio de una industria encaminada hacia una perfección inconcebible, lleve el más alto standard de vida individual al mayor número posible de chilenos de hoy y de mañana."
"No carecemos ni de los planes necesarios ni de los hombres competentes, sino de las instituciones jurídicas adecuadas a la realización de estos propósitos. Los organismos que faltan han de fundarse, a riesgo de fracasar dentro de la esterilidad congénita al capitalismo desfalleciente, en un criterio de 'Economía Laborista'. Las condiciones de nuestra economía semifiscal pueden proporcionar el camino hacia la constitución de estos nuevos instrumentas legales. En esa economía el capital es, hasta cierto punto, colectivo, siendo en consecuencia menos brusco el hecho de colocarlo íntegramente al servicio de los hombres de trabajo vinculados a las instituciones respectivas."
"La reforma proyectada no sería más que un primer paso para continuar, con criterio semejante, modificando después las instituciones de economía privada, en donde también debe el capital ser principalmente dirigido por el trabajo organizado."
"El capital debe ser principalmente dirigido por el trabajo organizado." Este es el principio central que debe regir, según Leighton, al nuevo sistema que reemplace al capitalista vigente. No es el Estado el nuevo capitalista, sino más bien, el trabajo organizado, esto es, el sindicato, el gremio o la asociación respectiva.
Por último, bajo el sugestivo título de "democracia proletaria", Leighton rechaza la posibilidad de que un esquema así ahuyente a los capitales. Él cree que "los capitalistas son naturalmente egoístas", pero a la vez "egoístas inteligentes" y que por ello, ante la realidad del ascenso del proletariado y del trabajo organizado, no cometerán el error de desconocerla. Ellos "no ignoran hacia dónde camina el mundo y siempre tratan de salvar si no la bolsa, la vida".
"No hay, en consecuencia, antecedentes bastantes para considerar que las instituciones rectoras de la economía, a base funcional proletaria, estarían condenadas a morir en medio de la desconfianza de los propietarios del capital. Estimo que sucederá el fenómeno inverso, ya que la más sólida y justa integración, dentro de la empresa, de sus elementos constitutivos, redundará en su mayor eficacia industrial, la que despertará hacia afuera mayor confianza."
"Finalmente, se establece una fecunda concordancia entre la ascención del proletariado en la democracia política y la ascención del proletariado en la Economía, concordancia que no puede sino impulsar a la Nación toda en un progreso colectivo de proporciones nunca vistas hacia el porvenir."
La larga cuenta política termina con un breve enunciado sobre política internacional. Entresacamos de allí los párrafos más marcados:
"En los campos de batalla del conflicto bélico quedaron tendidos tres grandes derrotados: el prestigio mundial del sistema fascista, el fanatismo antidemocrático del Sr. Stalin y la prepotencia incontrolada del capitalismo imperialista. A excepción del primero, ninguno de los otros dos se resignará tranquilamente con su derrota; pero la democracia y el proletariado triunfadores los obligarán, tarde o temprano, a doblegarse."
Refiriéndose al imperativo de la integración decía:
"Los cristianos, obedientes a nuestra concepción ecuménica, estamos llamados a ser parte en este proceso de superación de las fronteras territoriales con la mira de constituir conglomerados humanos más completos, más fuertes y más felices. Sin embargo, debemos huir de una atracción peligrosa. No podemos aceptar que, en nombre de la incorporación a futuras entidades supra-nacionales, se debilite la unidad fraterna dentro de cada Nación, menoscabando el alma y la dignidad de la patria actual, sin cuya integridad es ilusorio pensar en una Patria más amplia."
Las palabras finales de esta cuenta son claves para entender el sentido profundo de la actuación política de Leighton en esos instantes:
"La política, cuyos perfiles sustanciales he trazado detenidamente, no fue por cierto iniciada con motivo de mi elección como Presidente Nacional. Nació, acaso, cuando nació la Falange. Fue indiscutiblemente acentuada durante la Presidencia de Eduardo Frei."
"Por mi parte, he debido continuarla; empero declaro, abiertamente, que he tratado de hacer algo más. Me he empeñado por darle una expresión de contornos nítidos, en términos tales que nadie pudiera dejar de reconocerla en lo que ella es; he pretendido ubicar a la Falange al lado de los trabajadores de Chile, sin una sola desviación ni un solo distingo debilitante, a semejanza de los Abogados de Pobres, obligados a defender siempre al humilde, nada más que al humilde, hasta donde tenga la razón."
"Por las explicaciones expuestas, mi propósito lo he logrado a medias, abrigando la esperanza de que será alcanzado plenamente de todas maneras, con tal que resolvamos entregarle un poco más de tiempo al tiempo."
"Esta política ha coincidido frecuentemente con la izquierda, pero, los izquierdistas saben muy bien que sólo cuentan con nosotros tanto cuanto nosotros contamos con ellos, y que esa libertad de juicio y de acción para discrepar o para combatir y a la cual ellos no han renunciado, tampoco la hemos renunciado nosotros."
"Si bien no me siento el único indicado para presidir esta política, no podría sinceramente presidir ninguna otra; por lo tanto, mi cargo de Presidente Nacional queda librado también a la voluntad de este Congreso."
"Deseo terminar esta prolongada relación de actuaciones y de criterios, manifestando a nuestra autoridad suprema, ante cuya decisión me inclino, que nunca estuve más convencido de ver a la Falange en la limpia ruta de la Patria y en la dirección de nuestra Flecha Roja."
En esta cuenta, leída el 13 de abril de 1946, queda por citar todavía un párrafo que merece consideración aparte. Se refiere a la elección presidencial, que se ve venir. Leighton tiene una opinión precisa al respecto. Mencionando una circular interna relativa a este problema dice:
"Con el sólo objeto de dar un elemento informativo importante y teniendo a la vista las circunstancias de la época, la mencionada circular terminaba diciendo en este punto: 'Lo más probable es que el candidato de la Falange salga de los partidos populares'. Declaro con franqueza que esta probabilidad continúa, a mi juicio, en plena vigencia, a pesar de que creo también que no debemos desestimar, en especial frente al verdadero puzzle que significa el problema presidencial a esta altura, la emergencia que señalé hace un momento, o sea, declarar la abstención del Partido en la campaña electoral y la libertad de los falangistas tocante al voto mismo."
Este párrafo resulta, potencialmente, ser el más polémico de todos. Lo único que no plantea es la posibilidad de apoyar a un candidato de derecha y, más concretamente, a uno del Partido Conservador. Esto contradiría, según Leighton, su posición política, desarticulando su labor destinada a colocar a la Falange "al lado de los trabajadores de Chile".
La cuenta es aprobada por el Congreso sin problemas.
Sin embargo, en el debate político posterior, surge una posición diferente, encabezada por Radomiro Tomic. Aduciendo razones tácticas que a la postre convencerán a la mayoría, plantea una postura denominada "independiente", que pretende marcar más las diferencias hacia izquierda y derecha. Leighton se mantiene en la postura diseñada en su cuenta. Al ser vencido se niega a seguir presidiendo la Falange, pese a las insistencias generalizadas de todos, incluso de Tomic. En vista del hecho creado, este último asume por primera vez la presidencia de su partido. En el trasfondo de este debate se encuentra el hecho de estar ya planteada la candidatura conservadora del Dr. Eduardo Cruz Coke, que abre una perspectiva inesperada a la decisión falangista. Así queda de manifiesto en la Junta Nacional de la Falange, llevada a cabo el 28 de julio de 1946. Allí Leighton sostiene abiertamente el apoyo a Gabriel González Videla, del Partido Radical, mientras Tomic se inclina por Cruz Coke, basado en la clara posición social cristiana de éste, que, a su juicio, divide a la derecha y muestra al Partido Conservador "herido en el ala".
Tomic da también una razón táctica de mucho peso: la Falange Nacional necesita poder hablarle directamente al electorado católico chileno, que, en la práctica, no conoce sus planteamientos debido al bloqueo de los medios de comunicación, dominados abrumadoramente por la derecha y algo menos por la izquierda. La oportunidad la ofrece un candidato con el cual no existen diferencias de fondo, puesto que encarna la corriente social cristiana dentro del Partido Conservador.
El debate es intenso y no muestra una posición claramente mayoritaria. Esto mueve a Frei a proponer la suspensión momentánea de todo acuerdo, a la espera de una mayor clarificación en el cuadro de las otras candidaturas. Al imponerse finalmente en la Junta Nacional esta idea, Tomic renuncia a la presidencia de la Falange y asume transitoriamente su dirección Eduardo Frei.
El 2 de agosto de 1946 se reúne de nuevo la Junta Nacional. Vuelven enfrentarse las dos posiciones y el debate es, una vez más, intenso y, ratos, apasionado. Al final, vence Tomic por 43 votos contra 41, transformándose en un líder importante de la campaña presidencial de Eduardo Cruz Coke. La presidencia de la Falange es asumida por Pedro Jesús Rodríguez.
Los términos del acuerdo de apoyo a Cruz Coke resumen la llamada posición de 'independencia' sostenida por Tomic en ese instante:
"La Falange Nacional ha resuelto apoyar como candidato presidencial al Dr. Eduardo Cruz Coke. Es una decisión tratando de defender nuestra independencia ante la izquierda y la derecha, y con la misión esencial de la Falange Nacional en la política chilena: obtener el apoyo popular para el pensamiento social-cristiano y para convencer a los cristianos de que el más importante deber de nuestro tiempo es construir una sociedad justa y socialmente sensible, abandonando las viejas posiciones del capitalismo tradicional y la reacción."
Esta derrota de Leighton dentro del partido marca en su vida política un punto importante. Hasta ese instante su trayectoria ha sido de permanente ascenso y de un liderato virtualmente indiscutido dentro del partido. Ahora pasa a compartir con varios otros esa primacía política y moral. Tomic y Frei, entre otros, han ido surgiendo como figuras de tanto relieve como Leighton. Este, a su vez, no sufre por esto, sino al contrario: contempla con alegría cómo la Falange madura internamente y cómo se incorporan nuevos valores humanos y pasan a ocupar tareas de la mayor responsabilidad. Su partido crece y se desarrolla, a lo menos internamente. Para el crecimiento cuantitativo, capaz de darle a esta corriente histórica un peso decisivo en el destino de Chile, faltan todavía diez años difíciles y llenos de riesgos.
CAPITULO X
Después de los hechos relatados, Bernardo Leighton se consagra a ejercer su cargo de diputado. Le corresponde muy pronto, vivir uno de los episodios más dramáticos de la Falange Nacional, cuando ésta llega a estar al borde mismo de la disolución. Los sucesos respectivos acaecen a fines de 1947 y comienzos de 1948, cuando la presidencia falangista ha pasado a manos de Tomás Reyes Vicuña. El punto central es la posición de los cristianos frente al comunismo y la relación comunismo y democracia, debate que es abierto por el Gobierno de Gabriel González Videla al romper con el Partido Comunista y procurar, con éxito a la postre, poner a ese partido fuera de la ley. La Falange se opone a ello por razones que se verán más adelante.
La tormenta estalla con un artículo de Monseñor Augusto Salinas, titulado "Enemigos de Cristo", donde se acusa a los falangistas de tales y de vender "a Cristo por el vil puñado de unas monedas constituidas por prebendas electorales".
La Falange protesta el 12 de noviembre de 1947 por estas palabras (publicadas en "El Diario Ilustrado" el 9 de noviembre) y le pide al Episcopado un pronunciamiento.
La situación se torna muy delicada al reaccionar éste en la forma que da pie a la interpretación de la Falange: respalda a Monseñor Salinas al considerarlo ofendido por la protesta falangista, mientras reitera en forma general las enseñanzas eclesiásticas contra el comunismo.
Ante esto, el Consejo Nacional de la Falange acuerda el 19 de noviembre de 1947, en medio de un dramatismo en que se derraman muchas lágrimas, citar "a la Junta Nacional del Partido para que reglamentariamente convoque a un Congreso Nacional Extraordinario los días 6, 7 y 8 de diciembre próximo, destinado a pronunciarse sobre la disolución de la Falange Nacional, y a resolver la situación de sus parlamentarios." Entre los firmantes figuran entre otros Tomás Reyes Vicuña, Presidente de la Falange, y Patricio Aylwin, José Piñera Carvallo, Eduardo Frei, Vicente Sotta, Jorge Rogers, Rodomiro Tomic, Ignacio Palma y Bernardo Leighton.
Los dados parecen tirados, la suerte de la Falange sellada.
No es así. Dos Obispos, a través de cartas con publicación autorizada por ellos, dirigidas a falangistas que les plantean consultas, rompen el círculo vicioso. Monseñor Manuel Larraín y Monseñor Bernardino Berríos, de Talca y San Felipe, respectivamente, aclaran que no existe condena alguna en contra de la Falange como tal, sino sólo una censura específica en contra de un acto suyo: la "protesta" en contra de Monseñor Salinas.
Reunida la Junta Nacional de la Falange señala que "oída la cuenta del Presidente Nacional y considerando la amplia y precisa respuesta dada por el Excmo. señor Obispo Diocesano al presidente provincial de Talca, Sr. Eugenio Cruz, acuerda: 1) Reafirmar la continuidad de la Falange Nacional, rechazando, en consecuencia, la posibilidad de su disolución ; 2) Cancelar la convocatoria al Congreso Extraordinario citado para los días 6, 7 y 8 de diciembre."
Este incidente tan crucial en la vida de la Falange Nacional y en la de sus fundadores, constituye la única crisis de magnitud con la Jerarquía Eclesiástica chilena. Superado el momento, la situación empieza a cambiar. Por un lado, la Falange acentúa su carácter de partido no confesional , abierto a todos, católicos o no, que adhieran a los valores del Cristianismo y a la doctrina social cristiana. Por el otro, la Jerarquía católica empieza a renovar aceleradamente sus cuadros, mientras penetra por todos lados el espíritu que conduciría en los años venideros al Concilio Vaticano II y, más tarde, a la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín.
Entretanto, el debate está planteado en un ambiente tenso y difícil.
La posición de Leighton frente al "problema de la democracia y el comunismo", queda estampada en su discurso ante la Cámara de Diputados del 8 de enero de 1948, al discutirse el proyecto de ley sobre facultades extraordinarias solicitadas por González Videla para iniciar el sometimiento del Partido Comunista. Allí desarrolla a fondo su concepción democrática y preanuncia el rechazo que posteriormente expresará toda la Falange a través de Tomic en contra del proyecto de ley sobre defensa de la democracia que terminará poniendo al Partido Comunista fuera de la ley. Leighton sabe que su exposición causará un vendaval de críticas desde la derecha. Por eso, parte advirtiéndolo:
"Nada puede hacerse en la vida sin riesgo, sobre todo, nada profundo y duradero, como nosotros, modestos pero seguros, anhelamos que sea en definitiva la obra falangista. Afrontamos, por tanto, los riesgos de nuestra palabra y de nuestros hechos, y aspiramos a llevar nuestra política hasta sus últimas consecuencias..."
Acto seguido entra en materia dejando constancia de su "más completo desacuerdo con el criterio que sustentan el Presidente de la República y la mayoría derechista-radical-agraria frente al hecho, a las actividades y a los propósitos del Partido Comunista de nuestro país."
Establece entonces algunos criterios generales para enjuiciar a los grupos y a las personas:
"Para juzgar a los partidos políticos, como para juzgar a los hombres, no basta conocer sus principios, ni siquiera conocer sus actuaciones particulares. El juicio recto se forma con los principios doctrinarios y las actuaciones concretas; pero todo eso requiere, además, una limpia y atenta observación a través de los años y de los acontecimientos."
A continuación recuerda que el país lleva 17 años viviendo en democracia y que los partidos han desarrollado en plena libertad sus actividades.
"Por eso en nuestro país nos conocemos todos. Nos conocemos en nuestras doctrinas y en nuestras actuaciones, sin que ya podamos ocultar nada, y durante un lapso de 17 años de libertad, que es suficiente para juzgar a las colectividades políticas."
Recuerda después su propia conducta política:
"Cada vez que en nuestro país existió una subversión contra el régimen constitucional, yo acudí a la Moneda menos cuando, como ocurrió el 26 de julio de 1931, en la Moneda se encontraba la subversión."
"Estuve en ese sitio, ofreciendo mi entera adhesión moral, cuando se sublevaron las marinerías de los buques de guerra, cuyos principales dirigentes eran comunistas, contra el gobierno del radical señor Trucco; cuando se rebelaron contra el gobiemo de los partidos históricos que presidía el señor Montero, un grupo de aviadores y los conglomerados socialistes del señor Grove; a pesar de haber renunciado poco antes al Ministerio del Trabajo, fui también a la Moneda durante el gobierno liberal-conservador del Excelentísimo señor Alessandri, en aquel negro día de septiembre en que pretendió dar un golpe de estado el nacismo criollo de las huestes del señor González von Marés, a las que pertenecían entonces varios actuales diputados y dirigentes del Partido Liberal. Estuve finalmente en la Moneda cuando el señor Ariosto Herrera, en concomitancia con oficiales de la Guarnición de Santiago, aplaudido y estimulado hasta la víspera por la prensa de derecha de esta capital, se levantó en armas contra el gobierno legítimo del Frente Popular, presidido por el señor Aguirre Cerda."
"En resumen, ninguna subversión del orden público me ha encontrado a su lado, sino al frente; y para escoger el lugar de mi ubicación no miré los principios, los nombres y los afectos de los sublevados o de los gobernantes; solamente observé dónde estaba la Constitución y dónde su amenaza. Dios ha de darme fuerzas en mi vida política para nunca alterar el criterio ni la conducta, y me interesa declararlo así honestamente ante todos y cada uno de mis colegas de esta Cámara."
Leighton es reiterativo en este punto hasta la saciedad y sus argumentos están avalados por una conducta concreta que nunca se ha apartado de los criterios por él enunciados. En su discurso continúa recordando una fecha: el 26 de julio de 1931.
"Si otros la olvidaron, yo no la olvido. Podríamos decir que ese día nacimos a la vida política no pocos hombres de nuestro país y de nuestro parlamento, en las barricadas de la Universidad." Menciona después a varios de ellos de los diferentes partidos y afirma que entra a juzgar "al Partido Comunista de mi Patria, con pleno conocimiento de causa. No ignoro su programa, ni sus propósitos ni su filosofía. Soy contrario a su doctrina, porque la integridad de la mía, Católica, Apostólica y Romana, que se funda en la razón natural, en el Evangelio de Cristo y en las enseñanzas de su Iglesia, me conduce a oponerme a todas las demás doctrinas que sustentan los hombres de nuestro tiempo."
"Soy anticomunista, como soy antiliberal, como en materia religiosa soy antiprotestante, como en materia científica, no soy positivista. Pero -perdón honorables colegas y amigos de esta Cámara- yo no me detengo en lo negativo, porque existe una interpretación vital de la doctrina cristiana, capaz de enfrentar a las otras doctrinas, más que combatiéndolas, superándolas."
"Hace 17 años, acababa de restaurarse el régimen constitucional en nuestro país. Los universitarios de la época continuábamos reuniéndonos en la vieja casa de la Alameda. Un amigo con quien habíamos estado juntos durante las más duras horas de aquellas jornadas inolvidables, comunista, empezó a repartir un volante que propiciaba la inmediata instalación de un "Gobierno de obreros, campesinos y soldados". No demoré en discutir la improcedencia absoluta de esta propaganda tendiente a barrenar los fundamentos del régimen de derecho recién establecido. Esta fue la primera disparidad que tuve con los comunistas a raíz de la armonía con que habíamos actuado conjuntamente."
Leighton recuerda a continuación la fundación de la Juventud Conservadora y el método de asambleas públicas que organizaron como medio de propaganda, donde hablaba el que quería para decir su pensamiento libremente. Señala que allí conoció aún más de cerca al Partido Comunista, "no ya exclusivamente en sus principios doctrinarios, sino en lo que vale inmensamente más, en la aplicación concreta, cotidiana, extendida a lo largo de 17 años, de esos principios, de sus consignas, de sus tácticas y de sus propósitos."
Su conclusión:
"Estoy convencido que el Partido Comunista mantiene intangibles las finalidades centrales del pensamiento marxista. Pero yo le he visto cambiar en la manera de aplicarlo. Y no vacilo en declarar que, a mi juicio, ese cambio ha sido favorable en cierta medida, a la preservación de nuestro régimen constitucional y al proceso de elevación de los trabajadores en la vida política, social, económica y cultural de nuestro país."
"Desde aquella proclama antes aludida hasta el discurso que pronunciara en el Senado el señor Neruda, ha pasado mucha agua bajo los puentes del Comunismo, mientras en el mundo se han desencadenado torrentes de lágrimas y de sangre. Como no aspiro al don de la profecía, ignoro lo que sucederá mañana, pero como deseo la paz y el progreso Chile, trato de contribuir a que el Partido Comunista no vuelva nunca más a la acción subversiva de aquel lejano tiempo y crea y sienta y viva que el régimen de derecho es el único sistema que hace posible aportar la justicia de cada idea, el bien de cada hombre al acervo de la patria común. Si las cosas no suceden en el porvenir como yo las anhelo, mis colegas comunistas de esta Cámara saben muy bien dónde me encontrarán: en la defensa incondicional de los principios que he sustentado con lealtad y con perseverancia. Pero entre tanto, los falangistas estimamos que someter al Partido Comunista a un régimen de excepción, como lo propone en sus frases textuales el Mensaje del Ejecutivo, contribuye a debilitar en lugar de fortalecer, las defensas específicas de la democracia."
Leighton aborda después el ángulo internacional del problema. Señala que "no es acorralando a un grupo de compatriotas como mejor se contribuye a fortificar la unidad del pueblo, sin la cual es inútil pretender realizar una política internacional estable, firme y gallarda."
Para Leighton la única forma que tiene Chile de buscar el común destino americano es hacerlo como lo ha hecho siempre, "realizando una suprema fidelidad: la fidelidad a sí mismo. Sostengo que la actual política internacional de mi país, a la que se vincula el proyecto en discusión (sobre renovación de facultades extraordinarias), no responde a ese elemental deber de nuestro gobierno. El Partido Comunista actúa dentro del régimen democrático y no ha impedido, de hecho, la política exterior de Chile; los antecedentes traídos por el señor Ministro del Interior, (Almirante Holger), ya en tres ocasiones, a este recinto, no sirven sino para demostrar la pobreza de la afirmación contraria."
"La huelga del carbón, que sirvió de base para la anterior ley de facultades extraordinarias y para la que estamos discutiendo, fue una huelga legal que el gobierno no quiso arreglar con razones, sino con bayonetas; los paros que en esos días se produjeron fueron consecuencia preponderantemente de este criterio gubernamental, y desde entonces, hasta hoy día, el gobierno ha realizado una política de debilitamiento sistemático -que ha solido llegar hasta la destrucción- de las organizaciones sindicales y de la respetabilidad de las funciones administrativas. Pues bien, estos métodos están logrando dividir, atemorizar y empequeñecer a nuestros hombres de trabajo que es como decir a nuestro pueblo. Sobre esta base humana, aún exterminado el Partido Comunista, el Gobierno difícilmente podrá realizar una política internacional compatible con el honor de Chile."
Sus palabras finales piden consecuencia y rechazan toda aplicación unilateral de los principios:
"Aquello que condenamos en los países de la Europa Oriental, sometidos a la influencia rusa y que condenamos en Rusia, no lo justifiquemos en la Patria nuestra. ¡Hagamos que la vida en Occidente no se inspire en la de Oriente!"
"Debemos armonizar nuestra política exterior con la de Estados Unidos y, sobre todo, con la de Latinoamérica; pero para ello no podemos pagar el precio de una ley de excepción destinada a restar entereza moral y física a los chilenos que se sienten despedidos de su trabajo, desalojados de su hogar, separados de sus hijos, como ha sucedido en miles de casos conocidos en el Parlamento, porque lo quiso un gerente, porque lo ordenó un capitán o porque lo sopló un traidor a su clase. Así no se hace patria, honorables colegas, ni hacia afuera ni hacia adentro."
Su posición está fijada. Cuando se llegue a debatir algunos meses después la llamada "Ley de Defensa de la Democracia", Leighton no necesitará hablar de nuevo en la Cámara. Lo hará, en cambio, Radomiro Tomic, en uno de los discursos más brillantes de su carrera política, expresando la voz oficial de la Falange, contraria a esa legislación represiva y discriminatoria.
Mientras se supera este momento difícil para la Falange Nacional, camina un proceso muy profundo al interior del Partido Conservador, donde la idea social cristiana ha seguido abriéndose camino. Don Horacio Walker Larraín, el mismo que en 1938 preside el Partido Conservador cuando se separa la Falange Nacional, encabeza ahora al sector que muy pronto se convertirá en Partido Conservador Social Cristiano, consumando la segunda gran escisión del ya viejo y agotado Partido Conservador.
En las elecciones generales para elegir parlamentarios de 1949, Bernardo Leighton postula de nuevo a la Cámara, pero esta vez por la provincia de Bío-Bío. No tiene éxito. La Falange Nacional obtiene 3 diputados (Jorge Rogers, Tomás Reyes y Pedro Videla) y conquista, con Eduardo Frei, por primera vez un asiento senatorial.
MINISTRO DE EDUCACION (1950-1952)
SENTIDO DE LA REFORMA EDUCACIONAL
A fines de febrero de 1950, el Presidente González Videla invita a la Falange Nacional a formar parte de un gabinete junto con radicales, conservadores social-cristianos y democráticos. Esta acepta después de recibir seguridades de que no se aplicarán las normas represivas de la llamada Ley de Defensa de la Democracia.
El Partido Radical, aliado hasta ese momento con liberales y conservadores tradicionalistas, ha decidido poner fin a esta combinación política y busca ahora el apoyo de fuerzas susceptibles de situarse en una posición de centro-izquierda. González Videla, al explicar este cambio, dice el 4 de marzo de 1950 en La Serena: "Simplemente constato un hecho: el radicalismo quería una combinación distinta en su calidad de árbitro de la mayoría parlamentaria y doy satisfacción a ese anhelo democrático." Agrega más adelante: "He cooperado a los esfuerzos que mi partido hiciera para dar una nueva base de gobierno a la República. Era mi deber."
Bernardo Leighton acepta el Ministerio de Educación, mientras Ignacio Palma es nombrado Ministro de Tierras y Colonización. Tres conservadores social-cristianos también se incorporan al gabinete: Horacio Walker Larraín, Ministro de Relaciones, Carlos Vial Espantoso, Ministro de Hacienda y el Dr. Jorge Mardones Restat, Ministro de Salud.
Esta designación vuelve a poner a Leighton en plena actividad política. Su elección para el cargo de Ministro de Educación en un gobierno presidido por un radical no ha carecido de problemas. Quedan todavía rescoldos de viejas querellas entre laicistas y católicos en la atmósfera política. Puede pensarse que la entrega de este Ministerio a un católico implica una abdicación del Presidente a sus ideales políticos de toda su vida. No es así. Se confía plenamente en el espíritu abierto, no sectario y eminentemente democrático de Leighton.
En la primera sesión de gabinete, el Presidente hace una alusión a la cantidad de católicos que hay en él. Recuerda Leighton:
"Eramos seis los Ministros católicos. Los tres conservadores socialcristianos, los dos falangistas y un radical. El Presidente abrió la sesión de gabinete y dijo: 'Por primera vez me corresponde presidir un gabinete con seis Ministros católicos. Además, esta primera sesión de gabinete la estamos celebrando en el lugar donde estuvo antes la capilla de la Moneda.' Efectivamente, ahí había estado antes la capilla de la Moneda."
Acota también que "la cartera de educación fue, de las tres que he ejercido en mi vida, la más dura y pesada. Había demasiada labor puramente administrativa que hacer. Me correspondió, además, estar en momentos dramáticos del acontecer político y defender, consecuentemente, al gobierno del que formaba parte."
"Recuerdo una tentativa de hacer caer al gobierno que se llevó a cabo por algunos elementos socialistas. Un día se denunció el rapto de dos dirigentes sindicales: Edgardo Maas y Domiciano Soto. Se quiso responsabilizar al gobierno. Aunque después se estableció que se había tratado de un autosecuestro, en esos momentos se actuaba a tientas y nada se sabía con certeza. En todo caso, el Presidente de la República actuó rápidamente y ofreció una recompensa a quien diera noticias sobre el paradero de los 'secuestrados'. Una nota curiosa: la recompensa debió salir en definitiva del bolsillo del Presidente, porque en esa época no había fondos que pudieran destinarse a esos fines, en el Presupuesto de la Presidencia. Mientras vivíamos estos sucesos, me llegó la noticia de que el profesorado se aprestaba a ir a la huelga. Las remuneraciones eran muy bajas. Sin embargo, esta vez se quería arrastrar al profesorado a la huelga para presionar al gobierno a que reconociera su responsabilidad en el 'secuestro' de Maas y Soto. Decidí ponerme en contacto directo con el profesorado y, sin anuncio previo, concurrí a una reunión que celebraban en un teatro de Santiago. Cuando llegué me invitaron muy amablemente a sentarme en la tribuna instalada en el escenario. Hacía uso de la palabra en ese momento un hombre más bien joven que acusaba directamente al Gobierno de ser el autor del secuestro. Apenas terminó pedí la palabra y hablé. Empecé diciendo que quien acababa de hablar no era profesor, sino dirigente de un sindicato de empleados hoteleros: 'Me interesa mucho oir a los profesores sobre sus problemas específicos.' Y respecto a la acusación lanzada por el dirigente sindical aludido, a quien yo conocía por mis actividades profesionales en defensa de sindicatos, le respondí directamente. Señalé que no había dado ningún antecedentes para fundamentar seriamente su acusación. En cambio, dije, 'el gobierno está haciendo cuanto puede para saber quiénes son los autores del secuestro. Incluso está dispuesto a sancionar a miembros de la policía si se llega a establecer fehacientemente la responsabilidad de alguno de ellos. El gobierno ha llevado el caso a los tribunales para que éstos presidan la investigación y ha ofrecido dinero (200.000 pesos) al que denuncie a los autores del secuestro.' Agregué que sobre el tema no quería decir nada más y que ahora sólo me interesaba escuchar a los profesores en relación con sus problemas. Así ocurrió. Hablaron varios profesores. Contesté un par de veces sus afirmaciones y preguntas. La Asamblea se alargó bastante. Al final, no se acordó la huelga que se había pensado declarar en ese acto. Al retirarme a mi casa llevé en el auto del Ministerio a varias profesoras."
"En ese gabinete volvimos a estar en una misma trinchera don Horacio Walker y yo. Recuerdo su gestión por solucionar el problema de la salida al mar para Bolivia. Hoy se puede contar: Don Horacio trató de encontrar una fórmula que le diera salida al mar a Bolivia sin que cortara en dos el territorio nacional y que contara con el apoyo de Perú, necesario según el tratado de 1929 con ese país. La gestión, que él inició al acompañar a González Videla en un viaje a Estados Unidos, se malogró por un ultranacionalismo de la oposición, que denunció todo como una traición a la patria. Eso fue injusto, pues don Horacio quería, en el interés de Chile, solucionar un problema que entorpecía las relaciones entre los dos países. El tiempo le ha dado la razón y ha demostrado que su gestión naufragó exclusivamente ante un apasionamiento ciego en su contra."
"Por su parte, Ignacio Palma desarrolló una gran política desde el Ministerio de Tierras y Colonización. Además, era él quien intervenía con mucha claridad y entusiasmo en los debates de política general que se llevaban a cabo dentro de los consejos de gabinete. Yo disponía de muy poco tiempo para ello."
"Antes de poner fin a mi gestión de Ministro, dejé lista para la promulgación la ley que creaba la Universidad Técnica del Estado (hoy Universidad de Santiago). Ella existía ya por obra de un decreto del gobierno de Gabriel González Videla, siendo Ministro de Educación don Alejandro Ríos Valdivia. Su consagración definitiva, sin embargo, se llevó a cabo en esta ley. En ella tuvo también una participación muy activa el socialista Armando Mallet, Ministro de Educación en el gabinete llamado de "concentración nacional" del gobierno de González Videla."
En un informe presentado por Bernardo Leighton al Consejo Nacional de la Falange, con fecha 31 de octubre de 1952, da cuenta de su gestión como Ministro de Educación entre marzo de 1950 y febrero de 1952.
Como "Punto de partida", señala que "la circunstancia de ingresar al gobierno en momentos bien imprevistos y carecer la Falange de política propia en materias educacionales, me obligó a proceder con suma cautela abordando ante todo el conocimiento y la solución de los problemas concretos pendientes en el Ministerio y dejar para más tarde la formulación de una política educacional falangista."
Existe, además, la necesidad de llevar a cabo un "esclarecimiento previo": "Había necesidad de borrar de inmediato la influencia de un hecho más aparente que real, pero que podía entorpecer gravemente la acción futura. En efecto, después de muchos años, llegaba al Ministerio de Educación, de larga y combativa tradición laica, un ministro perteneciente a un partido de inspiración católica, lo que estaba llamado a producir reacciones peligrosas y a restar la cooperación indispensable de funcionarios y maestros. Para cortar de raíz el nacimiento de cualquiera perturbación de tal naturaleza hice saber a los Jefes de Servicios del Ministerio y a los dirigentes de las organizaciones del profesorado que yo entendía como un imperativo de mi doctrina la obligación de extender y perfeccionar la enseñanza del pueblo antes que la preocupación circunscrita a la enseñanza religiosa. Confirmada muy pronto por los hechos esta declaración de mi parte, tuve la suerte de no encontrar en mi tarea ningún tropiezo brotado del recelo que pudo originarse en mi calidad de político católico."
Entra después a reseñar en detalle la tarea realizada, cosa que no cabe reproducir aquí. Algunos pocos ejemplos dan, sin embargo, una idea del desempeño de Leighton en este cargo:
- A través de su intervención en los presupuestos de 1951 y 1952 logra elevar sustancialmente los recursos para aumentar las plazas de profesores de los diversos niveles de la enseñanza nacional, así como para la construcción y reparación de locales escolares. La Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales reconoce, en memoria del 18 de abril de 1952, "que la cooperación del Estado a la integración del fondo social se ha vigorizado en forma positiva durante el último tiempo" y expresa su "reconocimiento a S.E. el Presidente de la República y al ex Ministro señor Leighton, a cuya iniciativa se deben estos aportes de carácter extraordinario." La Sociedad ve en esta conducta "el punto de partida de una política de efectivas realizaciones".
- La Ley No 9.864 del 15 de enero de 1951 estableció el pago de una subvención equivalente a la mitad del costo de un alumno de la enseñanza fiscal, en favor de los establecimientos particulares de educación gratuita. Leighton destaca "el hecho de que esta ley, nacida de un proyecto de un senador conservador tradicionalista, que los conservadores social-cristianos y los falangistas hicimos realidad antes de un año de nuestra labor gubernativa; la derecha fue incapaz de aprobarla en los dos años y medio de su permanencia en el gobierno a pesar de la enorme mayoría parlamentaria de que disfrutó en todo momento la combinación de Concentración Nacional que ella integraba y que le sirvió, entre otras cosas, para promulgar cuatro leyes de facultades extraordinarias represivas." Como resultado de esta ley, por primera vez recibieron subvención estatal numerosos colegios confesionales y no confesionales de enseñanza gratuita. El 27 de marzo de 1952, la FIDE, en carta firmada por Manuel Edwards, SS. CC., Presidente Nacional y Jorge Gómez Ugarte, Secretario, le expresa a Leighton que "acordó por unanimidad dirigirse a usted para expresarle los agradecimientos más sinceros de la Federación por la forma tan comprensiva e inteligente con que durante su permanencia en el cargo de Ministro de Educación Nacional atendió los problemas de la enseñanza particular." Deja también constancia de que "en todo momento encontró en usted al Ministro abnegado y el amigo leal que dio a los establecimientos particulares de enseñanza la protección y las garantías que se le deben. Con ellos, Ud. ha comprometido para siempre la gratitud de la FIDE. Por lo mismo, esta Federación ha visto con profundo sentimiento su alejamiento del Ministerio de Educación."
- Las remuneraciones del profesorado son sustancialmente mejoradas: "La remuneración base del profesor primario, del secundario y del profesional (horas comunes) experimentó un aumento durante mi gestión ministerial de un 84,2% y la renta media en conjunto del profesor fiscal, un aumento de 126% , en circunstancias que el costo de la vida ha subido en el período enero1950 - octubre 1952 en un 73%, produciéndose por consiguiente una diferencia favorable al poder adquisitivo real de las remuneraciones de los maestros de un 11,2% en el sueldo base y de un 53% en la renta media."
- Impulsa los estudios sociológicos en el campo de la educación, motivando una carta de don Eduardo Hamuy, profesor de sociología, dirigida a Leighton, que en sus párrafos principales dice: "La finalidad del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad de Chile es formar especialistas en Sociología, y realizar investigaciones en el campo de esta disciplina. Por el momento y, probablemente, por varios años nuestras investigaciones se limitarán a los problemas de Sociología Educacional de Chile: analfabetismo, inescolaridad, ausentismo y deserción escolar, es decir en general, a los grandes problemas educacionales de nuestro pueblo. Creemos que ambas finalidades se cumplen por primera vez en Chile. Debo reconocer que esta empresa cultural no podría haberse organizado sin su estímulo y ayuda constante desde el Ministerio de Educación; por lo tanto, muy legítimamente puede considerar el Instituto como una parte de su obra como Ministro."
- En medio de la atención de "los mil problemas cotidianos del Ministerio, redacté en 1950, con la colaboración del profesor, Hernán Godoy, un memorandum sobre política educacional". "Mi condición de falangista me indicaba proceder en esta forma, ya que la Falange tiene grabada en su destino la misión de mirar hacia las soluciones de cada día y proyectarlas hacia el porvenir en las cuestiones de la vida nacional que le toca abordar." Resumiendo el "sentido de la reforma", expresa Leighton que "se intenta iniciar una política educacional integral y orgánica. No se pretende realizar directamente la reforma educacional (problema que no es posible abordar precipitadamente ni por medio de una ley), sino que se intenta crear las condiciones previas indispensables para que tal reforma se realice gradualmente con el aporte de toda la nación. En otras palabras, en vez de implantar desde el gobierno determinadas ideas pedagógicas, se quiere que éstas sean expresadas por la nación a través de organismos nuevos que perfeccionen la estructura del Estado Docente. Por último, es conveniente señalar que se desea incorporar a estas ideas centrales de política educacional todas las sugerencias valiosas que puedan ofrecer las instituciones, la opinión pública o las personas interesadas en el progreso de la educación, para dar forma al proyecto de ley que será enviado al Congreso Nacional." La reacción más interesante llega de la Comisión de Educación de la Federación de Educadores de Chile. Con fecha 3 de agosto de 1950 expresa en la parte principal: "El proyecto del Ministro Sr. Leighton contiene las siguientes ideas fundamentales:
1) La necesidad de establecer una relación más estrecha entre el sistema educacional y las actividades sociales y económicas mediante Consejos provinciales y comunales, a fin de que aquél pueda satisfacer en mejor forma las necesidades educacionales del país.
2) La formación de un Fondo Económico de Educación, destinado a suplementar los recursos de que actualmente se dispone para satisfacer las necesidades materiales de la educación y para ampliar las oportunidades educacionales.
3) La creación de un organismo central coordinador y orientador de la política educacional del estado y de la labor de los servicios educacionales, y
4) La descentralización del sistema educacional mediante los Consejos Provinciales y Comunales ya mencionados.
El proyecto no pretende realizar directamente la reforma integral de la enseñanza, sino crear las condiciones previas para que tal reforma se realice gradualmente con el aporte de todas las fuerzas de la nación. El Magisterio coincide plenamente con estos principios generales. Ellos forman parte de su programa de lucha desde hace muchos años, y han sido ratificados por diversas convenciones y congresos."
Este respaldo, de un órgano pluralista donde la Falange es muy minoritaria, es para Leighton la mejor demostración de que ha sabido interpretar en su acción las aspiraciones de las grandes mayorías.
En la Cámara de Diputados tiene ocasión, por último, de responder a ciertas críticas:
"El presidente del Partido Conservador Tradicionalista, don Joaquín Prieto, sostuvo que un Ministro de Educación católico es un prisionero de las Direcciones Generales, de los Inspectores, de los decretos y de las organizaciones secretas que todo lo dirigen a su voluntad, contra la voluntad del Ministro. Está profundamente equivocado el señor senador. Sería tremendamente desconsolador si fuera verdad lo que ha dicho el señor Prieto Concha, porque, entonces, los católicos tendríamos muy poco que hacer en la enseñanza pública de nuestro país y no nos quedaría más que recluirnos en las escuelas y colegios particulares de educación católica. Afortunadamente, las cosas no son como él las pinta."
"Un Ministro de Educación católico no es un prisionero en el Ministerio ni depone la voluntad propia en aras de la voluntad ajena. No es un secreto para nadie que los jefes superiores de la educación como los de otros servicios de la Administración Pública pertenecen a un partido político de principios muy distantes del catolicismo. Sin embargo, esto no es toda la realidad. Esos jefes poseen, además de sus principios doctrinarios, preparación pedagógica, larga experiencia educativa y un claro sentido de responsabilidad que nuestra democracia organizada en el curso de los años ha impreso como norma general a los hombres que participan en la función pública."
"En razón de estas circunstancias, un católico puede realizar mucho de lo que piensa en servicio de la educación de nuestro país. Naturalmente, puede realizar esta tarea siempre que busque como objetivo esencial de su política, no la imposición de sus creencias antes de impulsar el perfeccionamiento científico y cultural del pueblo, sino todo lo contrario: impulsar el perfeccionamiento científico y cultural del pueblo, en la generosa confianza de que, a su término, el hombre podrá llegar razonablemente a la verdad religiosa."
"Es lo que yo traté de hacer, en el Ministerio de Educación Pública, al servicio de mi país y de mi partido."
CAPITULO XII
INCURSIONES POLITICAS (1952-1964)
"Cuando salí del Ministerio de Educación debí dedicarme intensamente a ejercer mi profesión, porque mi situación económica se había empeorado peligrosamente. Trabajé de preferencia como abogado de sindicatos. Nunca fui abogado de empresas. Esto me alejó bastante de la actividad política a partir de 1952. Debimos dejar la casa donde vivíamos, porque no nos alcanzaba para pagar el arriendo. Tuvimos que vivir un tiempo en la casa de un tío de mi mujer. Sólo más tarde pudimos comprarnos una casa pequeña, que conservamos hasta hoy."
Imposible dejar pasar estas palabras de Leighton sin un breve comentario. La función pública no lo ha enriquecido. Sale pobre del Ministerio de Educación. No le alcanza siquiera para pagar el arriendo de la casa en que vive. Debe irse a vivir a la casa de un pariente de su esposa. Hay aquí todo un símbolo del estilo practicado durante toda su vida. La política es un servicio, una vocación, vivida con desinterés y desprendimiento. Leighton afirma que son muchos los políticos que no se han enriquecido con la política, sino todo lo contrario. Esto desmiente la imagen proyectada por cierta propaganda.(13)
Respecto al abandono del Ministerio por parte de la Falange, Leighton señala que se produce dentro del marco difícil generado por la situación interna del Partido Radical, agitado al extremo por la elección de su candidato presidencial. Un sector del mismo, que constituye la corriente llamada doctrinaria, llega a no reconocer la nominación oficial de Pedro Enrique Alfonso, triunfante en la lucha interna del Partido Radical. "Creo que todo esto desgastó desde la partida a la candidatura, que los falangistas a la postre apoyamos. Aunque Ibáñez llegó muy lejos delante del candidato radical, pienso que el resultado pudo ser más estrecho de no mediar estas desgraciadas circunstancias."
"Respecto a Ibáñez pensé siempre que si ganaba no volvería ser dictador. Aunque yo no fui partidario de levantar la candidatura de alguien que había sido dictador, nunca creí que volvería a serlo. Y así sucedió. Fue un Presidente que respetó la Constitución. Incluso más, al final de su gobierno derogó la Ley de Defensa de la Democracia, sustituyéndola por la de Seguridad Interior del Estado, y dictó una nueva ley electoral que estableció la cédula única, vieja idea de Jorge Rogers, que terminó con el cohecho. Para llevar a cabo estas medidas, logró un pacto de saneamiento democrático en el que participamos los demócratas cristianos, los radicales y los socialistas."
"Recuerdo que Juan Bautista Rossetti trató una vez de presentarme a Ibáñez. Yo no quería, porque pensaba que él no tenía interés en ello. Pero Rossetti insistió y durante una recepción en la Nunciatura se acercó conmigo a él y presentándome le preguntó si me conocía. Ibáñez respondió secamente: 'Sí, lo conozco' y no dijo nada más. Es posible que se haya acordado de mi participación en su caída, desde las barricadas de la Universidad. Otra vez nos saludamos cortés, pero fríamente durante los funerales del ex-Alcalde de Santiago don Absalón Valencia. Fueron los únicos contactos personales que tuve con este personaje tan especial de la política chilena. Ibáñez tenía un talento no corriente. Hubo quienes sostenían que era fuerte, pero no inteligente. Don Rafael Luis Gumucio pensó, en cambio, todo lo contrario: que era muy inteligente, pero débil. Su aspecto era simpático y cordial, a pesar de su figura solemne y militar que tenía. Pienso que durante su segundo gobierno sólo quiso borrar el recuerdo de su dictadura. Eso le preocupó mucho, creo."
"Siendo yo Ministro del Interior del gobierno de la Democracia Cristiana bajo la Presidencia de Eduardo Frei, le planteé a él la necesidad de colocar en la Moneda el busto del ex-Presidente Ibáñez, ya fallecido. Frei me encargó que me preocupara del asunto y así lo hice. Hablé con la familia y ésta hizo hacer el busto, que resultó una obra magnífica, una de las mejores que llegaron a decorar la galería de los presidentes del palacio de la Moneda. Tuve el honor de estar con el Presidente Frei y con miembros de la familia Ibáñez, durante la inauguración del busto."
"Mis actuaciones políticas durante el período presidencial de Carlos Ibáñez del Campo fueron esporádicas. Una vez fue candidato a diputado por Santiago, en una elección complementaria, mi gran amigo Rafael Agustín Gumucio. La oposición al gobierno se reunió tras él. ¡Proteste con Gumucio! fue el grito de batalla. El candidato del gobierno fue Clodomiro Almeyda, del Partido Socialista Popular. Participé, naturalmente, en la campaña con gran entusiasmo y ganamos. La Falange pasó a tener cuatro, en vez de tres diputados. Poco tiempo después se nos agregó un quinto, José Musalem, al fusionarse con nosotros el Partido Nacional Cristiano, que él presidía."
"Por ese tiempo empezó el crecimiento acelerado del social-cristianismo chileno. En las elecciones municipales de 1956 pasamos a tener el 9% de los votos y un año después, en 1957, subimos al 13% en las elecciones parlamentarias. En 1957 creamos el Partido Demócrata Cristiano, fusionando al Partido Conservador Socialcristiano, a la Falange y otros grupos pequeños de ex agrario-laboristas."
"En 1958 llevamos por primera vez candidato propio a la Presidencia de la República, designándose al efecto a Eduardo Frei. Durante esa campaña trabajé bastante. Si bien salimos terceros, el partido salió fortalecido. Los 16 diputados que habíamos obtenido en 1957 prestaron un gran servicio."
"Durante el gobierno de Jorge Alessandri, entre 1958 y 1964, seguí básicamente dedicado al ejercicio de la profesión. Pese a ello, participé en algunas actividades políticas nuevamente. Así por ejemplo, fui de nuevo candidato a diputado por Santiago, en una elección complementaria en 1962. Fui derrotado por Gustavo Mönckeberg apoyado por la derecha y los radicales. El otro candidato perdedor fue Sergio Recabarren, apoyado por la izquierda. Como dato curioso puedo señalar que mis dos adversarios habían pertenecido en su juventud al nazismo criollo, que, para diferenciarlo del alemán, ellos lo escribían con "c": nacismo, Partido Naci, etc."
"Aparte de esto tuve otras actuaciones muy esporádicas. Por ejemplo, cuando murió un dirigente nuestro del sector de la Salud, al ser atropellado por un carro lanza-agua (popularmente llamados 'guanacos') de Carabineros que iba retrocediendo. En el cementerio le rendí homenaje, dejando expresa constancia que no veíamos responsabilidad gubernamental o policial en este hecho. Para nosotros fue una pérdida dolorosa, porque se trataba de un gran dirigente sindical."
"Durante estos años siguió creciendo la Democracia Cristiana. Así la ley que prohibía los pactos electorales, dictada a iniciativa de conservadores y liberales especialmente para perjudicarnos, terminó favoreciéndonos y permitiéndonos alcanzar una alta representación parlamentaria en las elecciones generales de 1961 (23 diputados y el 16% de la votación). En 1963, en las elecciones municipales, pasamos a ser la primera fuerza política individual del cuadro político chileno, colocándonos en óptima situación para poder aspirar con éxito a la Presidencia de la República. La DC sacó, en efecto, el 22,7% de las preferencias, desplazando de su primer lugar al Partido Radical, que obtuvo el 21,6% ." (14)
"El entusiasmo que reinaba al interior del partido era contagioso. Se transmitía a todos los rincones del país. En los sindicatos y en las universidades tuvimos triunfos muy grandes. En estas últimas llegamos a tener la Presidencia de casi todas las federaciones de estudiantes. En la CUT pasamos a movernos entre un cuarto y un tercio de las fuerzas representadas en su interior. Ganamos posiciones en los sectores campesinos y de pobladores. Las mujeres nos dieron un apoyo especialmente entusiasta. Todo giraba alrededor de una voluntad común: llevar a cabo los cambios necesarios, sin caer jamás en la violencia. Consolidar la democracia como el instrumento más adecuado para transformar el país. Ampliar la participación del pueblo en las tareas y bienes de la nación."
Por esta época cumple Bernardo Leighton 30 años como abogado, exactamente el 8 de julio de 1963. Como tiene derecho a jubilar presenta su solicitud y empieza a tramitarla. Un amigo personal suyo, Jorge Rogers Sotomayor, comprueba que Leighton está pidiendo jubilación de abogado, pudiendo hacerlo como diputado. Sin decirle nada, pide en su representación el cambio. Al ir tiempo después Leighton a ver cómo marcha su asunto, descubre la intervención de Rogers. Aunque muy agradecido por el gesto, no acepta el cambio y mantiene su decisión de jubilar sólo como abogado, renunciando a un ingreso mensual tres veces superior. A Leighton le parece absurdo jubilar en ese momento como parlamentario, en virtud de haberlo sido entre los años 1945 y 1949. Se trata, otra vez, de una conducta ética intachable, en que él renuncia a un derecho legal que, a juicio suyo, no es justo.
"En marzo de 1964 volví a la actividad política y me dediqué a trabajar por Frei en su segunda candidatura presidencial. Por esos días se produjo la elección complementaria de un diputado por Curicó, que pasó a la historia como el "naranjazo", por el triunfo del Dr. Naranjo sobre el candidato de la derecha y el de la DC. Recuerdo que antes del acto electoral tuve una conversación con Salvador Allende y le dije que si ellos triunfaban ganarían un diputado, pero perderían la Presidencia de la República. Salvador me miró escéptico. Por mi parte, producida la elección y retirada la candidatura de Julio Durán por propia decisión suya, me moví de inmediato para que se produjera el apoyo de la derecha a Eduardo Frei. Hablé especialmente con dirigentes conservadores y también con algunos liberales. Les dije que a ellos no les quedaba otro camino que apoyar a Eduardo Frei en forma incondicional. Sabían ellos que bajo su gobierno se respetarían la Constitución y las leyes, pero que se llevaría a cabo, sin transacción alguna, el programa de reformas económico-sociales que estimábamos imprescindibles para hacer avanzar al país. Este planteamiento tomó muy rápidamente cuerpo dentro de ambas fuerzas y terminaron aceptando el retiro de Durán y dándole su apoyo al candidato de la DC. Frei, entretanto, no se cansó de repetir al país que no cambiaría su programa ni por un millón de votos. El apoyo de la derecha tuvo un sólo problema durante la campaña: su anticomunismo y el temor que a través de su propaganda sembraron en el electorado. La izquierda bautizó esto como 'campaña del terror'. Nosotros fuimos contrarios a esto y se lo llegamos a plantear al propio gobierno de Jorge Alessandri. Una vez hablamos este asunto con don Sótero del Río, Ministro del Interior, un hombre fuera de serie por su honestidad, capacidad y espíritu abierto para ejercer el cargo que tenía. Estuvo de acuerdo con nosotros que dicha campaña atemorizante era insana y que había que tratar de evitarla. Pese a que el Ministro y el Presidente procuraron frenarla, ella siguió adelante y hasta un discurso grabado de doña Juana Castro, terriblemente contraria a su hermano Fidel, fue irradiado al país poco antes de la elección. Nosotros fuimos contrarios a esto, porque pensábamos que eso envenenaba la atmósfera política y dificultaba, entonces y después, el diálogo normal de todos los partidos políticos, tan necesario para el buen funcionamiento de la democracia. Creo que el tiempo nos dio la razón. En las elecciones presidenciales de 1970 volví a preocuparme de este asunto y hasta presidí una comisión investigadora de la Cámara, que puso de relieve aspectos bastantes ingratos de este método político tan perjudicial para la convivencia democrática."
De este último tema volverá a hablarse al final del próximo capítulo.
CAPITULO XIII
DE LA REPUBLICA Y DIPUTADO BAJO LA PRESIDENCIA DE EDUARDO FREI (1964-1970)
"El 4 de septiembre de 1964 triunfó Frei por una mayoría inmensa de votos, no necesitando ser elegido por el Congreso Pleno. Pudo, en consecuencia, dedicarse con relativa tranquilidad a preparar su gobierno, empezando por buscar a las personas que lo podrían acompañar como ministros de su gabinete. A mí me ofreció ser su Ministro del Interior, cosa que acepté después de pensarlo durante algunos días. Cuatro designaciones recayeron en hombres que lo acompañarían a lo largo de todo su mandato: Gabriel Valdés, Ministro de Relaciones, Hugo Trivelli, Ministro de Agricultura, Ramón Valdivieso, Ministro de Salud y Raúl Troncoso, Ministro Secretario General de Gobierno. Nunca en mi vida había visto un caso de estabilidad igual. Frei, tuvo, en realidad, muy pocos cambios ministeriales. Durante los días previos a la toma del mando, estudió muy a fondo los pasos que daría apenas asumiera. De allí salieron orientaciones de trabajo para mucha gente, que se dedicó a preparar todo lo que se iba a hacer. Estudios previos había muchos, de modo que la tarea estaba bastante adelantada. Allí se acordó darle prioridad a la "chilenización del cobre", eje central del financiamiento del desarrollo chileno; se decidió también llevar a cabo una gran ofensiva en la educación, para que llegara a todo niño chileno; se le señaló también una clara prioridad a la reforma agraria, aplicando la ley vigente y preparando una nueva ley más dinámica y avanzada; se dieron los pasos para estimular, por vías legales nuevas, la sindicalización campesina y la participación popular en general, especialmente a través de los centros de madres y juntas de vecinos. En el campo internacional se decidió, desde una perspectiva latinoamericanista, darle mucha prioridad a la total integración y a la normalización de las relaciones con los vecinos. Especialmente con Argentina se quiso acelerar la solución de los problemas limítrofes pendientes y acrecentar la cooperación económica entre las dos naciones hermanas. Se resolvió también restablecer relaciones diplomáticas normales con los países socialistas de Europa."
"En este programa de gobierno recogimos muchas ideas que habían tenido un largo desarrollo. La reforma agraria, por ejemplo, nos preocupó desde muy temprano en nuestra vida política. Ya en el Partido Conservador habíamos escuchado a algunos dirigentes inquietos por esa materia. Después, cuando Frei fue Ministro de Obras Públicas, en 1945, planteó el asunto a través de un proyecto de ley de fondo de regadío. La estructura agraria era completamente inadecuada para satisfacer las necesidades de alimentos del país y de tierras para aquellos que realmente la trabajaban".
"Nuestras inquietudes por las deficiencias educacionales del país se plasmaron en el plan que en esta materia llevamos a cabo. Y así en muchos otros campos."
"Como Ministro del Interior definí dentro del gabinete un criterio que me parecía importante. Yo no era jefe de gabinete en el sentido europeo occidental de la expresión, esto es, jefe de gobierno, sino que mi tarea se limitaba al campo administrativo. En Chile, conforme a la Constitución de 1925, continuadora de la de 1833, el jefe de gobierno se confunde con el Jefe de Estado en la persona del Presidente de la República. Es él quien tiene la conducción política del gabinete, cosa que, por lo demás, han hecho todos los Presidentes y, por supuesto, también Frei. La dimensión política del cargo de Ministro del Interior adquiere su máxima dimensión cuando le corresponde ocupar el cargo de Vicepresidente de la República. Me correspondió cuatro veces ejercer ese cargo, una vez por casi un mes completo, cuando Frei viajó a Europa."
"En el gabinete mantuve mi criterio de no discutir en lo posible materias de detalles, correspondientes a cada ministerio. Al reunirse los Ministros debían, a mi juicio, discutir las líneas gruesas solamente. Los detalles podían hacerlo en sus respectivos Ministerios o directamente con el Presidente de la República."
"El Ministerio del Interior fue el que ejercí con más tranquilidad. Cuando fui Ministro del Trabajo tuve pesadas jornadas, especialmente cuando viajaba a tomar directo contacto con los conflictos que se planteaban. Se había creado ya el Frente Popular, que tenía gran influencia entre los trabajadores, haciendo más difícil mi tarea. En el Ministerio de Educación, como ya expresé, la tarea era pesadísima en el campo administrativo. Quitaba mucho tiempo y costaba encontrar el tiempo necesario para ver las cosas en su conjunto y poder planificar. Tal vez por la madurez que dan los años, el Ministerio del Interior me resultó el más aliviado de los tres."
"A raíz de unos almuerzos que tuve al comenzar a ejercer mi cargo como Ministro del Interior con los diputados liberales, destinados a buscar acuerdo para algunos proyectos en la Cámara de Diputados, me bautizaron en un artículo como el 'hermano Bernardo'. El tono del artículo era crítico e irónico. Alguien me dijo que contestara. No quise. Después resultó que este apodo, originalmente crítico, burlón, se convirtió en una forma cariñosa de tratarme, en un apodo amistoso y cordial que, por cierto, jamás me molestó. De alguna manera terminó reflejando lo que yo siento por las personas en el fondo de mi alma." (15)
"Las relaciones entre el Partido Demócrata Cristiano y el Gobierno me preocuparon siempre. Sostuve la tésis de que había que buscar llegar a acuerdo en todas las cosas importantes con el Presidente de la República y que, en caso de no lograrse, debía primar la opinión del Presidente. El Partido podía perfectamente seguir tratando de buscar la forma de llegar a un acuerdo. A pesar de muchas dificultades, esta fue la línea que se mantuvo durante todo el Gobierno. En el sistema político que había en Chile no cabía otra solución."
"En marzo de 1965 me correspondió tener el control de las elecciones parlamentarias. Las Fuerzas Armadas y Carabineros, que desde el gobierno de don Pedro Aguirre Cerda tenían por ley la obligación de resguardar el orden público y velar por la corrección del acto electoral, actuaron impecablemente. El resultado para el PDC fue espectacular. Obtuvimos casi un millón de votos y sacamos 82 diputados y 13 senadores. Así, en la Cámara de Diputados quedamos con la mayoría absoluta. En el Senado no, porque allí sólo se elegía una parte del mismo. Hago memoria que, poco después de entrar en funciones el nuevo parlamento, asistí a la Cámara. Al mirar a sus miembros y compararlos con los que había conocido en 1924, cuando con 15 años visité por primera vez esa Corporación desde las galerías para el público, y con los que conocí cuando fui diputado entre 1945 y 1949, constaté cambios muy sustanciales en su composición social. De un parlamento de los grandes apellidos, se estaba ahora en uno con una variedad inmensa, donde predominaban los sectores medios y populares. La DC aportó, además, una presencia femenina bastante importante al llevar 10 mujeres a la Cámara."
"La falta de mayoría en el Senado debió habernos movido a buscar algún tipo de entendimiento político para llegar a tenerla. Pienso que debimos haber buscado el entendimiento claro con los radicales. Es evidente, miradas las cosas con distancia, que allí estuvo una de nuestras grandes equivocaciones. Puede argumentarse que ello era difícil, pero a la luz de la tragedia vivida por la democracia chilena, pienso que hubo allí una falla grave."
"Recuerdo también algunos momentos difíciles que me tocó vivir como Ministro del Interior. Tuvimos varias veces que acudir al uso de la fuerza pública. En el conflicto de la mina El Salvador hubo una circunstancia muy desgraciada. Nadie en el gobierno, yo incluido, quiso que se matara gente. En la Cámara de Diputados, no obstante, asumí personalmente la responsabilidad política de haber entregado el manejo del asunto a las Fuerzas Armadas. Al investigarse los hechos se vio que la desgracia se había originado en errores básicos, al igual que en Puerto Montt, cuando era Ministro del Interior Edmundo Pérez Zújovic. Tampoco él había dado entonces órdenes de proceder con violencia. Por desgracia, los policías, así como las fuerzas armadas, suelen no tener la capacidad de actuar e imponerse sin tener que recurrir a las armas. Y entonces suceden las tragedias."
"La responsabilidad política puede estar en manos de un civil o un militar, pero debe haber leyes muy precisas que tiendan a impedir los abusos de poder o su ejercicio precipitado e inconsulto, castigando severamente a los responsables en caso de haberlos."
"Otra actuación delicada que tuve fue la detención de la directiva del Partido Nacional. Lo hice conforme a la ley y poniendo a los detenidos de inmediato a disposición de los tribunales. Allí obtuvieron la libertad provisional primero y la incondicional después. La base de mi actuación estuvo en una violenta declaración de los nacionales donde se ponía en duda el patriotismo del Presidente de la República y de su Ministro de Relaciones, Gabriel Valdés. En política interna se nos acusaba de no fortalecer suficientemente a las Fuerzas Armadas. Esta parte coincidía casi textualmente con unos volantes que habían circulado al interior de la Marina tres meses antes de estos hechos. Juan de Dios Carmona, el Ministro de Defensa, me los había dado a conocer. En ellos se decía también que si el gobierno y el parlamento no daban respuestas satisfactoria a los problemas que señalaban, todos los oficiales de la Marina presentarían colectivamente su renuncia entre el 4 y el 8 de septiembre de 1967. Era evidente el propósito de crear una crisis con las Fuerzas Armadas y a mí me pareció ver nítidamente la misma mano en los volantes aparecidos en la Marina y en la declaración del Partido Nacional. Con la acusación a la directiva de dicho partido ante los Tribunales y su detención conforme a la ley, con entrega inmediata de los detenidos al Ministro en Visita encargado del proceso, buscábamos desbaratar cualquier intento de crearnos problemas en la forma que se amenazaba. Estimo que eso se obtuvo, pues cuatro días después de liberada la directiva Nacional, el Ministro de Defensa por citófono me comunicó que se había descubierto en la Marina a los autores de los volantes y que el asunto se había solucionado castigando a los responsables. 0 sea, al cumplirse el plazo que los volantes aparecían dándole al gobierno, en vez de presentar los oficiales sus renuncias, aparecieron los responsables y fueron castigados. Por un amigo mío del Partido Nacional, cuyo nombre me pidió no dar a conocer nunca, supe después de haber salido del Ministerio del Interior que la misma persona que había redactado la declaración de su partido había sido la autora de los volantes de la Marina. Otro dirigente de dicha colectividad política, conversando conmigo, trató de desvirtuar esta versión diciéndome que los que estaban involucrados en el asunto eran altos oficiales de la Marina que habían entrado después de retirados al Partido Nacional. Me pareció que, en el fondo, se trataba de la misma cosa, pues, salvo detalles, dicho partido aparecía en todo caso actuando a través de militantes suyos que eran, a la vez, marinos retirados. Cuando regresé como diputado a la Cámara, recibí una alusión de un diputado nacional por mi actuación en este asunto. Pensé contestarle, pero quise saber la opinión privada del Jefe de la Marina al respecto. Me dijo, que respetando mi derecho a hablar del asunto como parlamentario, él no veía ventajas para la Marina si se planteaba públicamente este asunto. Le agradecí su opinión y opté por no hablar."
"Uno de los firmantes del volante encontrado en la Marina y hecho circular dentro de ella, joven oficial expulsado por este hecho, tomó parte después en el asalto que le costó la vida al general René Schneider."
"A mediados de marzo de 1968 hice efectiva una invitación para visitar Europa con mi esposa. Al saberse de mi decisión, recibí la invitación de muchos gobiernos. El viaje, que perseguía el descanso, pues llevaba más de tres años trabajando sin tener vacaciones, resultó bastante intenso y agotador. Sin embargo, fue muy ilustrativo para nosotros, pues alternamos con altos dirigentes de la política europea, libremente, sin agenda, pues yo no iba en misión de gobierno. Quizá eso fue lo que hizo más interesante la gira, pues pudimos conversar con mucha soltura y libertad."
"Al retornar a Chile se empezaba a pensar en las elecciones parlamentarias de marzo de 1969 y en el Partido me plantearon la necesidad que yo postulara a un cargo de diputado una vez más. Acepté hacerlo por Santiago y, por eso, renuncié al Ministerio del Interior. Dejé, pues, las tareas de gobierno y regresé a la actividad partidaria. Allí encontré mucha acogida y un ambiente de unidad bastante grande, a pesar de las discrepancias que planteaba un sector que después cometió el grave error de retirarse de la DC."
"Varios años antes de los hechos aludidos, recuerdo que Luis Hernández Parker, uno de los mejores periodistas que ha tenido el país, me preguntó si yo sería en 1970 candidato a la Presidencia de la República. Le contesté que no. La razón de mi respuesta se basaba en mi pasada por la Vicepresidencia de la República. Ahí percibí casi físicamente que el cargo de Presidente era demasiado elevado y sin respaldo alguno. Era como estar sentado en un edificio alto al borde de su terraza sin tener donde afirmarse. Yo siempre sentí vértigo frente al vacío. Cuando anduve por Europa me negué siempre a subir a grandes alturas. Por ejemplo, no quise subir a la torre de Eiffel. Mi mujer sí lo hizo, pero yo me quedé abajo. Pues bien, esa misma sensación de vértigo ante el vacío me llevaba a rechazar la posibilidad de ser candidato a la Presidencia de la República. Mi negativa a la pregunta de Hernández Parker no contuvo aquella vez toda esta explicación. Otra razón estaba en la campaña presidencial misma. No habría resistido un ritmo como el que suelen llevar los candidatos presidenciales. Es muy duro."
"Por ese tiempo recibí también un recado de Jorge Alessandri en el sentido de que si yo era candidato a la Presidencia él no postularía."
"Se me ha reprochado el que yo haya rechazado estas ofertas, que podrían haber cambiado tal vez el curso de muchos acontecimientos. Es muy difícil discutir las hipótesis después de pasada la ocasión de verificarlas. A dos bandas, conmigo de candidato de la DC y del Partido Nacional, tal vez hubiese ganado Allende. Es otra hipótesis. En cambio, lo que es realidad y no hipótesis es que yo no quise bajo ningún concepto que se pensara en mí para ser candidato presidencial del Partido. Además, yo era partidario de que Radomiro Tomic fuese el candidato. Por eso estuve a su lado y participé con entusiasmo durante su campaña. No hay que olvidar también, que la detención de la directiva del Partido Nacional la ordené yo, de modo que apoyarme a mí era para ellos bastante difícil. Un colega de la Cámara, del Partido Nacional, me dijo que ellos jamás me habrían apoyado y que se habrían abstenido o votado incluso por Salvador Allende. Los elementos juveniles demócratas cristianos, por motivos diferentes, no habían sido grandes partidarios de mi política como Ministro del Interior. Por eso, la hipótesis queda en eso y nada más."
"Hay quienes nos han reprochado por no haber apoyado a la derecha y a su candidato en la elección presidencial. Esa posibilidad no tenía asidero alguno. Jamás se habría aceptado dentro de la DC un paso semejante. Con las posiciones de Jorge Alessandri teníamos discrepancias en prácticamente todo, salvo en la mantención del sistema democrático. Alessandri fue de esa línea."
"Tampoco era posible respaldar a Allende, que era sostenido por partidos que habían ejercido una muy dura oposición en contra nuestra."
"La causa misma de la polarización posterior no hay que buscarla en la elección presidencial "a tres bandas", sino en la incapacidad de todos los sectores políticos chilenos para unirse frente a los extremismos de derecha y de izquierda, que tomaron mucha fuerza por ese tiempo. La incapacidad para entendernos en torno a un consenso básico condujo al derrumbe de la democracia. Si la izquierda no ultrista hubiese luchado resueltamente por hacer los cambios defendiendo a la vez la democracia en contra de los extremistas de izquierda y las demás fuerzas políticas hubiesen sido enérgicas frente al extremismo de derecha, uniendo fuerzas cada vez que desde esos sectores se amenazase el sistema, éste podría haberse salvado. La tragedia es que el país fue lentamente quedando en manos de los extremismos. Por eso siempre he creído que hay que aislarlos políticamente. Es la única forma de preservar la democracia."
Durante todo este capítulo ha hablado Leighton sin ser interrumpido. Los recuerdos son más recientes. No obstante, los entrega en apretada síntesis, consciente de que, de lo contrario, llenarían por sí solos varios tomos. Destaca en esta parte la sencillez de siempre, simbolizada tal vez ejemplarmente en su postulación a diputado, después de haber sido Ministro del Interior y Vicepresidente de la República en cuatro ocasiones. Nada le impide aspirar al Senado, pero se excusa basado en su deseo de no salir de Santiago, donde en 1969 no se eligen senadores.
En su desempeño en la Cámara destaca la investigación, por una Comisión Especial presidida por él, para poner al descubierto y denunciar la llamada "campaña del terror".
Los antecedentes son abrumadores. Una agencia publicitaria, "Andalién", aparece organizando por encargo de la candidatura derechista, "una campaña directa, brutal, del terror", como lo dicen sus planes explícitamente. Para las mujeres ofrece, en cambio, "una campaña más positiva, mostrando el terror, allegando ideas sobre el futuro de la patria y lo que puede esperar ésta de las mujeres."
Un informe del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, firmado por el profesor Luis Soto Becerra, establece entre otras cosas que la mencionada acción publicitaria "contribuye a estimular la aparición de conductas socialmente desajustadas y a crear limitaciones al pleno desarrollo de las potencialidades de los individuos". Dicha campaña genera "sensaciones de temor y ansiedad". En el caso específico de los mensajes publicitarios en referencia "corresponden a un conjunto de estímulos destinados a provocar en la población un condicionamiento negativo respecto de ciertos grupos, partidos o ideologías comprometidas en el actual proceso electoral." Por último, respecto a los fenómenos de relaciones sociales de la población, "éstos tienden a ser influidos negativamente, por cuanto exacerban comportamientos agresivos, que, si bien en una situación preeleccionaria siempre tienden a elevarse, son sobreestimulados, facilitando expresiones manifiestas de agresividad. En otros términos, pueden llegar a constituirse en factores desencadenantes de violencia."
Leighton no vacila en denunciar esta campaña una vez más. Recuerda en su discurso en la Cámara, pronunciado el 19 de agosto de 1970, la gestión hecha en 1964 ante el Ministro del Interior, don Sótero del Río y la oposición de este último y del propio Presidente de ese entonces, Sr. Jorge Alessandri. Ahora, al repetirse el fenómeno, señala en su conclusión que este tipo de campaña "no le hace bien a Chile, deja huellas muy profundas que a nadie interesa producir en nuestras luchas políticas ni en nuestra convivencia democrática. Yo no deseo para un nuevo gobierno, que espero sea el nuestro, ni tampoco para otro, que sufra las consecuencias de esta campaña como gobierno. Por eso, si no logramos evitar todo lo que fue excesivo en la campaña de aquella época (1964), hemos tratado de evitarlo en esta campaña, no sólo por respeto a nuestros pensamientos, sino también al pensamiento de todos los señores diputados, cualquiera que sea el candidato que triunfe el día de mañana."
Días después de esta intervención, el 4 de septiembre de 1970, se lleva a cabo la elección presidencial. Su resultado, un triunfo de Salvador Allende por muy estrecha mayoría relativa de votos, abre una etapa difícil de la historia política chilena que, por ahora, se reduce a las vicisitudes del período de transición entre el gobierno cuyo mandato expira y el nuevo, que debe ser elegido en definitiva por el Congreso Pleno, de acuerdo con la Constitución.
CAPITULO XIV
(4 DE SEPTIEMBRE AL 4 DE NOVIEMBRE DE 1970)
El resultado electoral de 1970 marca otro hito en la historia de Chile, de esos que ponen a prueba a los hombres y sus agrupaciones. El triunfo, por mayoría relativa, de Salvador Allende sobre Jorge Alessandri y Radomiro Tomic, produce el efecto de un terremoto político, especialmente por la forma en que reaccionan los sectores de derecha, que no salen de su asombro ante una derrota jamás imaginada por ellos. El pánico los invade, atrapados en gran medida por los argumentos de su propia campaña, que ha anunciado toda suerte de desgracias si pierde su candidato y, sobre todo, si triunfa Allende y, con él, "el comunismo internacional y ateo".
La derecha reedita, en la práctica, su conducta de jornadas anteriores. En efecto, en 1920, "El Diario Ilustrado" dice que la batalla electoral del 25 de junio de ese año "decidirá la suerte del país, decidirá si el Lenin chileno podrá entrar a la Moneda con toda su corte de bolcheviques, para establecer el régimen marxista y hacer tabla rasa de nuestra Constitución, de nuestras familias y de nuestros bienes". ("El Diario Ilustrado", 16 de junio de 1920). El "Lenin chileno" no es otro que don Arturo Alessandri. Su triunfo produce, en aquella época, pánico y mueve a los perdedores a realizar todo tipo de maniobras para desconocer al legítimo vencedor.
En 1938 se repite la escena, esta vez contra Pedro Aguirre Cerda. Ladislao Errázuriz, encabezando al liberalismo de ese tiempo, pregunta: "¿No sabemos acaso los propósitos de los acólitos del candidato del Frente Popular, sus lugartenientes más caracterizados, que han hablado ya en las plazas y teatros que deben afilarse los cuchillos para el degüello de los capitalistas, y de las cuerdas que están torciendo para colgar a los 'burgueses'?" Y exclama a continuación: "¡Y hay quienes creen que el candidato del Frente Popular tendría, si llegara al éxito, fuerza bastante para dominar los acontecimientos!" (El Mercurio, 2 de octubre de 1938). Una vez más, el triunfo del candidato izquierdista por estrecho margen pone en movimiento todo tipo de maniobras para impedir su reconocimiento final y su acceso al Mando Supremo de la Nación.
Ante estos antecedentes, no cabe extrañarse de la reacción de la derecha en 1970. Su promesa, hecha ciertamente bajo el convencimiento absoluto de su triunfo, de que el Congreso Pleno debería votar por el candidato que obtuviera la primera mayoría relativa por mínima que fuese, es olvidada rápidamente.
Bernardo Leighton no se resta a la tarea de dilucidar la posición de su partido. Hay un documento inédito redactado por él, donde hace un análisis de la situación producida. (16) Su punto de partida consiste en describir el ánimo con que han reaccionado las candidaturas de Alessandri y Tomic frente al resultado electoral:
"... la gran mayoría de los partidarios del Sr. Alessandri y, sin duda alguna, los comandos dirigentes de la campaña tenían la certeza total de que no podían perder la elección. Es verdad que a pesar del descenso de la popularidad del Sr. Alessandri a través de la campaña electoral, fue evidente que su postulación contó con buenas razones para asegurar que tenía la mejor opción de triunfo. Gran parte de los motivos por los cuales se produjo el pánico económico y social y aún espiritual después del 4 de septiembre, obedeció al fenómeno sicológico originado por el espantoso impacto de venirse al suelo algo que parecía constituido de granito. Mucho más fuerte que la sorpresa de un Allende triunfante fue para miles y miles de personas la de un Alessandri derrotado. Eso produjo el derrumbe total."
La posición de los DC, es a juicio de Leighton, diferente:
"En nuestra vida política nos hemos acostumbrado a conocer el triunfo y el desastre. Por eso tenemos también experiencia de cómo puede recuperarse la fuerza perdida y aún de transformar en victoria una derrota. No nos hemos echado a morir. Nos hemos sentido derrotados, mas no vencidos, y enteros para continuar una lucha que cumple más de 30 años."
Pasa luego al estudio del problema de la votación en el Congreso Pleno, donde los parlamentarios deben "elegir", según la Constitución, al Presidente de la República entre los dos candidatos que hayan obtenido las dos primeras mayorías relativas. Leighton parte del supuesto que el Congreso Pleno tiene estas atribuciones y que existe la opción real de votar por el primero o por el segundo. Esto es lo que precisamente plantea el problema. Su análisis discute todas las hipótesis posibles, teniendo ante sí algunos antecedentes centrales que él mismo menciona y que básicamente se reducen a dos: el primero, el anuncio de Alessandri de que si es elegido por el Congreso Pleno renunciará al cargo de Presidente de la República y que no volverá a postular en una nueva elección; el segundo, el éxito obtenido por los DC, en las negociaciones con Allende para establecer en la Constitución nuevas garantías, que refuercen o hagan más explícitas las ya existentes.
Leighton se siente en la obligación de hacer este análisis, para responder las presiones de la prensa derechista, donde "ha llegado a sostenerse que los DC por razones de doctrina, según lo expuesto por los últimos pontífices y 'aplicado por eminentes moralistas', tendríamos la obligación en conciencia de elegir al Sr. Alessandri."
Teóricamente, los DC pueden elegir a Alessandri, "aún en el caso -de hecho así planteado- de que él anuncie para ese evento su voluntad de renunciar al cargo de Presidente de la República."
Esto da lugar a la consideración de dos hipótesis: los DC votan por Alessandri y éste
1) asume el cargo y gobierna los 6 años de su mandato, y
2) renuncia apenas asume, con el objeto de producir nuevas elecciones presidenciales.
"Analicemos el primer supuesto: el Sr. Alessandri se instala en la Moneda y se dispone a gobernar. En mi concepto, pocas veces podría llegar a la Presidencia un hombre más desposeído de autoridad moral para ejercer las funciones de gobernante, después de haber declarado pública y solemnemente que en caso de ser elegido por el Congreso Pleno renunciaría para abrir un nuevo proceso electoral y, no obstante, se queda tranquilamente en su cargo. Realmente, es incompatible la figura del Sr. Alessandri con la de actor de semejante comedia." (17)
"Pasemos, pues, a la otra hipótesis: el Sr. Alessandri asume el mando, pero presenta su renuncia. En conformidad a nuestro texto constitucional esa renuncia debe ser aceptada por ambas Cámaras. ¿Y si no se acepta? ¿Y si a pesar de contar con los votos nuestros, los nacionales (oficialmente no han dicho una sola palabra sobre la materia y su Presidente Onofre Jarpa expresó reiteradamente durante la campaña, que si el Sr. Allende obtenía la primera mayoría debía ser elegido como Presidente en el Congreso Pleno) resuelven no aceptarla e, incluso, algunos parlamentarios de la UP -como ya se ha comentado en cierta prensa-, tampoco la aceptan y, en consecuencia, debe continuar en su cargo el Sr. Alessandri? ¿Qué sucede? Pues bien, sucede todo lo analizado en los párrafos precedentes, agravado por un terrible ridículo principalmente para la DC. No importaría afrontar este ridículo, pero si sirviera de algo al país. ¿Cabe pensar que un Gobierno en tales deprimentes circunstancias pueda ser garantía de mantener el orden público como base mínima de pacificación política?"
Este raciocinio hace surgir una nueva hipótesis, que supone que todos los pasos previstos se cumplen: Alessandri es elegido por el Congreso Pleno, asume, renuncia, el parlamento le acepta este paso y se va a una nueva elección presidencial. Leighton plantea en este caso una serie de interrogantes:
"Una posibilidad: se vuelve a presentar el Sr. Allende y nosotros, los DC, buscamos la manera de levantar también una candidatura. ¿A quién levantaríamos? ¿A Radomiro Tomic? ¿Alguien podría votar por él después de la franca y leal actitud de Radomiro Tomic durante la campaña y después de su derrota respecto del Sr. Allende? (Este es otro hecho de la causa: Tomic reconoció a Salvador Allende, al día siguiente de su derrota, los mejores títulos que tenía para ser elegido Presidente en el Congreso Pleno). ¿Al actual Presidente de la República Sr. Frei? En conformidad a nuestro texto constitucional un Presidente no puede ser elegido para el período siguiente, lo que constitucionalmente impediría levantar su candidatura. Pero, aún salvando esta objeción constitucional, ¿sería el mismo prestigio el que acompañaría a nuestro actual Presidente en una elección presidencial producida en la forma irregular con que se habría producido esta elección?"
"Más aún. Para que teóricamente toda esta maniobra tuviera resultado, el PDC al cual pertenece el Presidente habría tenido que ser uno de sus principales protagonistas. ¿Puede razonablemente sostenerse que nuestro partido conservaría su autoridad moral después de la maniobra? Y de esta pérdida de autoridad moral, ¿no saldría también afectado nuestro eventual candidato y actual Presidente?"
Estas conjeturas parten del supuesto que se presenten dos candidatos: Allende y un DC. Leighton vuelve a plantear una duda:
"También teóricamente podría suceder que se presentara un tercero. ¿Habría algo de extraño que ese tercero fuera el general Viaux? Pues bien, "El Mercurio", que ha sido gran impulsador de esta estratagema y de esta solución, sostiene que en definitiva, como se trataría de una nueva elección y nada es seguro en estos casos, podría ganar la democracia, pero también podría ganar el comunismo con el Sr. Allende o con otro candidato. En el primer evento todo estaría resuelto, pero en el segundo, todo estaría perdido; y siguiendo a "El Mercurio" en la fantasía de sus artículos editoriales, no habría más que someterse al hecho de que el comunismo habría llegado definitivamente a ser gobierno en nuestro país. ¡Valiente solución! Se habría tratado de llegar a la misma situación en que estamos ahora, con la diferencia de que al perder la elección en esas condiciones no habría nada más que hacer sino someterse."
Leighton está consciente de que todo lo anterior es hipotético y teórico, si bien ha ido analizando paralelamente sus aspectos prácticos. Lo peor para él está, no obstante en el orden moral. De llevarse a cabo todo el abanico de maniobras "se habría tratado por parte de los DC de realizar una de esas inmoralidades políticas que sobrepasan los límites en la vida de un partido y de un país. Nosotros fuimos a esta elección para ganar o para perder. No fuimos para hacer una encuesta o para medir nuestras fuerzas con otras candidaturas. Sabíamos perfectamente que el candidato nuestro o cualquiera de los otros dos podía ser el futuro Presidente de Chile. Corrimos conscientemente el riesgo de no ser elegidos. Si hubiéramos pensado que cualquiera de los otros dos candidatos no podía ser bajo concepto alguno Presidente de nuestro país y que si ganaba inventaríamos un fraude político para cortarle el paso, debimos ser consecuentes y no ir a la elección, o bien, hacerlo después de lograr la aprobación de una ley como fue la ley de Defensa de la Democracia que nosotros repudiamos, con el objeto de cerrar definitivamente el camino a un candidato como el Sr. Allende que contaba con los votos del Partido Comunista. Proceder de otra manera constituiría el más grave atropello a la democracia cometido por un partido político, sólo comparable a la actitud de ciertas dictaduras que han destruido innumerables veces el régimen democrático en sus respectivos países y ensombrecido por muchos años el prestigio y el futuro de América Latina."
Se pregunta Leighton a continuación si hay solución para que el país no caiga en el comunismo, como se lo preguntan en la calle o por medio de cartas que le envían.
"A Dios gracias, hay algo que hacer para evitar graves peligros que por lo menos yo en los 40 años de mi vida política, he visto aproximarse muchas veces, aún con mayor inminencia que la que ahora vivimos."
Establece dos hechos básicos para resolver esta materia:
"En primer término, nosotros salimos derrotados en la última elección, pero tuvimos el honor de caer en torno a nuestra bandera y a nuestro abanderado y con una extraordinaria votación popular que nos mantiene como la primera fuerza política del país y primer baluarte de la preservación del régimen democrático frente al totalitarismo de cualquiera tendencia que pudiera amenazar este sistema."
"En seguida dentro de las fuerzas que acompañaron a don Jorge Alessandri y también de las que acompañaron a don Salvador Allende, la gran mayoría está de acuerdo en defender nuestra democracia ante cualquier peligro que la amenace."
"En estas circunstancias, aparece como un deber primordial que nuestro partido ha estado cumpliendo, el de coordinar todas estas corrientes de opinión hasta donde sea posible para robustecer el cauce democrático que está en la mejor tradición chilena y dentro del cual debe desenvolverse el proceso de nuestra transformación social, económica y cultural iniciada bajo el gobiemo del Presidente Frei."
Establecido esto, Leighton entra a analizar lo que significa dentro de Chile el triunfo de Salvador Allende, presentado por la derecha desde el exclusivo ángulo alarmante del "triunfo del marxismo leninismo". Leighton afirma:
"... es muy diferente el triunfo del Sr. Allende dentro del marco político en que lo ha obtenido y la llegada al gobierno del marxismo leninismo. No basta tener una doctrina ni la voluntad de serle fiel para que se dé por cierto, como en este caso, de que se va a imponer en nuestro país la doctrina marxista sustentada por algunos de los partidos de la UP."
"Conviene tener presente y los DC lo hemos comprobado en estos años de nuestro gobierno, que no es suficiente llegar a la Moneda para tener, en frase vulgar, la sartén por el mango. El gobierno, es verdad, tiene la parte más importante de ese instrumento, pero no lo tiene todo. De hecho, ningún gobierno en el mundo, no digamos en Chile, ha podido realizar todas sus aspiraciones partidarias. Siempre ha debido limitar esa realización por factores internos o externos a la combinación o al partido de gobierno. Si, llevando las cosas al extremo, bastara profesar una doctrina para hacerla realidad, haría por lo menos 2.000 años en el curso de los cuales muchos pueblos del mundo habrían sido modelos de justicia, de armonía y de fraternidad cristiana."
"Se afirma que la experiencia histórica nos enseña que donde han llegado los comunistas no han salido más del gobierno. La experiencia histórica no es esa. En Chile, los comunistas llegaron al gobierno con don Pedro Aguirre Cerda y con don Gabriel González Videla. En el primer caso no impusieron el comunismo y en el segundo tuvieron que salir del gobierno."
"Se dice, las circunstancias han sido diversas. Así es efectivamente. Pero lo curioso es que los que argumentan en sentido contrario a mi pensamiento aceptan que las circunstancias son diversas en estos casos para las fuerzas no comunistas; pero no aceptan que son diversas también para las fuerzas comunistas que, según ellos, son siempre exactamente iguales. Es evidente la contradicción que encierra este argumento. O las circunstancias son diversas para todos, comunistas y no comunistas, o no lo son para nadie."
"Se habla de Europa. En un foro de TV contesté al senador Sr. García Garzena su afirmación tocante a que en varios países de la Europa Central donde habían entrado los comunistas por medios democráticos, después habían expulsado del gobierno a los demás partidos políticos para instaurar una dictadura. No lo negué; pero agregué, refutando al Sr. García Garzena, en cuanto quería traspasar esa experiencia a Chile, que en todos esos países había existido además un hecho esencial que en Chile no existe, ni es verosímil que pueda existir: la presencia en el territorio de esos países del ejército soviético como única fuerza de ocupación después de una guerra en que esos mismos países habían sido derrotados. Hay más. También en Europa un pequeño país democrático que está en la frontera de la Unión Soviética, la República de Finlandia, constituyó un primer gobierno comunista después de la segunda guerra. Más tarde salieron de este gobierno los comunistas. Con posterioridad volvieron a entrar en una nueva combinación y por segunda vez quedaron fuera de la combinación sin que en ningún caso se hubiera destruido el régimen democrático de Finlandia. Es ésta una experiencia, bajo muchos conceptos, bastante más cercana a las condiciones históricas de Chile que la de casi todos los otros países europeos a que siempre se hace referencia (Polonia, Checoslovaquia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Yugoslavia), en que sólo por excepción y en algunos de ellos, existieron gobiernos democráticos, y todos fueron largamente sometidos a duros y hasta sangrientos gobiernos dictatoriales antes de llegar los comunistas al poder."
"Se dice también, finalmente, que Cuba es la gran experiencia que debemos tener presente y que confirma el hecho fatal de que cuando llegan al gobierno los comunistas no existe posibilidad alguna de mantener o de restaurar la democracia. Habría una sola observación que hacer a este respecto."
"A Cuba llegó el Sr. Fidel Castro al poder después de una dictadura que fue la vergüenza de América y de una sucesión casi ininterrumpida de otras dictaduras que con muy breves intervalos fueron el gobierno normal de ese país, cuya independencia de España apenas se produjo a fines del siglo pasado en condiciones bastante menoscabadas para su dignidad como nación, ya que los EE.UU. que colaboraron a su independencia se reservaron, de acuerdo con la llamada Enmienda Platt, el derecho a intervenir en la vida interna de ese país cuando, a su juicio, estuviera amenazada la democracia. De otro lado, Castro llegó al Gobierno, encontrando un país sin partidos organizados, sin parlamento, sin tribunales independientes y con una opinión pública envilecida o aplastada. Comparar, en estas condiciones, a Cuba con Chile equivale a desconocer a Cuba y a ofender a Chile."
En la parte final de este minucioso análisis, Leighton entra a considerar el factor central del hecho chileno: el que ha triunfado es Salvador Allende, un hombre con trayectoria conocida, de formación determinada, de conducta previsible en los aspectos esenciales. Dice Leighton:
"Cabe considerar como un elemento más de juicio, el hecho de que el señor Allende, a quien yo personalmente conozco en su actuación política durante cerca de 40 años, no ha incurrido en el curso de ellos ni en una sola transgresión a la fidelidad debida a nuestra democracia, aún en circunstancias en que su propio partido se colocó en posición bastante discutible frente a este punto de vista y en que él claramente discrepó por mantener su lealtad al sistema constitucional que nos rige."
"...es indudable que sobre él pesa la convicción, fundada en la propia historia de nuestro país, acerca de que el título limpio legitimado en el respeto a la Constitución es irreemplazable para entrar y permanecer en la Moneda, si se quiere gobernar con mínimas posibilidades de eficacia y de éxito."
El documento analiza después el pacto de garantías constitucionales suscrito por Allende y la UP. Para Leighton dicho pacto es, contra la opinión escéptica e indiferente de la derecha, "una reafirmación por parte de la UP de su respeto al régimen democrático que no sólo la compromete con la DC sino, fundamentalmente con el país. Esto tiene un valor indiscutible y la posición del Partido Nacional sólo se explica por lo que tantas veces censuró el Sr. Jorge Alessandri, es decir, por razones de 'politiquería y demagogia'. Nosotros los DC, tenemos la conciencia de haber cumplido un deber patriótico sin ninguna clase de alardes inútiles y recibiendo, en lugar de ello, no sólo ataques públicos como Partido, sino centenares de ataques privados como personas. De todo se nos ha dicho. En algunos casos de frente, pero en la mayoría, desde las sombras, atacándonos como ingenuos o como cobardes. En cuanto a mí, me siento muy tranquilo, porque a través de mi actuación política he conocido muchas veces este tipo de incomprensiones y sé por repetida experiencia cuán superficiales son estos ataques y qué pronto se los lleva el viento.."
Por último, anuncia que "cumplida la exigencia de la DC en orden a obtener la aprobación de este estatuto de garantías por los partidos de la UP y su rápida tramitación en el parlamento, los parlamentarios votaremos en el Congreso Pleno por Salvador Allende."
La DC, por su parte, "mantiene íntegramente su independencia de criterio para juzgar el futuro gobierno". Así, "aprobará aquello que esté de acuerdo con sus principios y su estrategia y rechazará aquello en que haya discrepancia, pero su actuación no perseguirá ninguna mezquina finalidad personalista ni partidista, sino el interés común de todos los chilenos. Quienes piensen que hemos actuado por otros motivos o en busca de otras finalidades están profundamente equivocados, o lo hacen de mala fe."
La posición está clara y nada la hará cambiar. Por el contrario, el atentado en contra del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, el 22 de octubre de 1970, que muere el 24 de octubre, o sea, el mismo día en que se lleva a cabo en el Congreso Pleno la votación para elegir al nuevo Presidente de la República, reafirma a la Democracia Cristiana en su decisión. Ni un solo parlamentario de sus filas deserta amparado en el secreto del voto. Allende saca todas las preferencias de la UP y todas las de la DC. El Partido Nacional por su parte, contrariando sus anuncios de la campaña presidencial, y la propia petición de su abanderado, vota por la segunda mayoría relativa, esto es, por el Sr. Jorge Alessandri.
CAPITULO XV
Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, juega Bernardo Leighton un papel bien determinado. Ocupando el cargo de diputado y de Vicepresidente del Partido Demócrata Cristiano durante el período presidido por el senador Renán Fuentealba, actúa permanentemente como mediador entre el Partido y el Gobierno. No es el único, ciertamente, pero sí uno de los más activos y caracterizados. Amigo personal de Salvador Allende, convencido absoluto de su fe democrática, Leighton recibe la confianza de los dos lados. Allende recurre a él varias veces, llegando incluso a visitarlo en su casa cuando la situación así lo requiere. Se arreglan de esta manera varios problemas y se mantiene un diálogo permanente.
Los primeros meses del nuevo gobierno se distinguen por el tanteo mutuo entre el gobierno y la oposición. El gobierno diseña una política populista de corto plazo destinada a conquistar apoyos nuevos en la base social, particularmente con ocasión de las elecciones municipales que se llevarán a cabo en abril de 1971. La Unidad Popular (UP) y Salvador Allende calculan que un triunfo por mayoría absoluta podría abrirles una posibilidad de modificar muy rápidamente la estructura jurídica del país, recurriendo al plebiscito si es necesario, para poder realizar más íntegra y eficazmente su programa de gobierno. Aunque esta táctica surte efecto, pues la UP alcanza virtualmente el 50% de los votos, el resultado desequilibra la correlación de fuerzas al interior de la combinación de gobierno (crece desmesuradamente el Partido Socialista, se mantiene estable el Partido Comunista y disminuye sustancialmente su votación el Partido Radical), paralizando su capacidad de acción para emprender la lucha por el gran vuelco anhelado. Por otra parte, con la política de corto plazo emprendida en el campo económico, que ha dado una sensación inicial de bienestar a la población de Chile, se queman preciosas energías que después faltarán y que contribuirán a facilitar el derrumbe posterior de la política económica, con las secuelas político-sociales conocidas.
La oposición inicia su acción claramente dividida. El Partido Nacional define -al parecer ya antes de asumir Allende la Presidencia de la República- su estrategia de buscar la caída del gobierno. Por eso, asume una posición dura e inflexible desde el primer momento. Con esta actitud acosa también a la DC, al pretender disputarle el liderato de la oposición.
El Partido Demócrata Cristiano procura desarrollar una oposición con perfiles propios. Las condiciones que le ha puesto a Salvador Allende para apoyarlo en el Congreso Pleno acentúan la conservación y el perfeccionamiento del régimen democrático de gobierno. No rechaza de plano el programa económico-social, con el cual tiene, por el contrario, muchas coincidencias. En realidad, no es el socialismo formulado en forma abstracta lo que la DC rechaza, sino cualquier intento de llevarlo a la práctica como proyecto totalitario, que lo concibe como vinculado necesariamente a la llamada "dictadura del proletariado", que en la practica histórica no ha sido otra cosa que la dictadura del partido único. El gobierno demócratacristiano que acaba de terminar, ha abierto el camino a muchas transformaciones. La meta de Radomiro Tomic como candidato a la Presidencia ha sido continuarlas y aún profundizarlas en muchos casos. Ahora, desde una oposición democrática, la DC no puede ni quiere ser obstáculo a los cambios, en la medida en que se aproximen, o no sean abiertamente incompatibles, con las posiciones propias.
Desde dos ángulos es entorpecida esta buena disposición inicial del PDC hacia el gobierno de Allende: la derecha, por un lado, procura mostrar debilidades, ingenuidades y hasta traiciones a la fe democrática en el PDC; la UP, a su vez, trata de arrinconar pura y simplemente a la DC en la derecha. Simultáneamente, los extremistas de ambos lados inician su presión para polarizar al máximo las relaciones políticas.
Leighton lucha con decisión en la línea de tratar de impedir cualquier agudización exagerada de los conflictos, consciente del peligro involucrado en un proceso así. Ya el 2 de febrero de 1971, al discutirse una acusación constitucional en contra del Ministro de Justicia, don Lisandro Cruz Ponce, presentada por los diputados del Partido Nacional, habla en la Cámara en representación de la DC para anunciar la abstención de su partido en la votación, asegurando así el rechazo de la iniciativa derechista. El tema es delicado, porque Allende ha indultado a numerosos jóvenes de extrema izquierda (calificados por él de "idealistas"), que cumplían condenas por actos cometidos durante el gobierno anterior, utilizando para ello un recurso de dudosa legalidad, como que, para imponerse al criterio contrario de la Contraloría General de la República, debe imponer su criterio recurriendo al decreto de insistencia. Aceptando Leighton que el procedimiento empleado es criticable, piensa, sin embargo, que no es motivo suficiente para que la Cámara haga uso de su "facultad" de acusar constitucionalmente al Ministro de Justicia, mas aún cuando el Presidente de la República ha asumido personalmente la responsabilidad del acto criticado, fundándolo en un deseo de pacificar al país y de tratar de incorporar a la vida democrática a un sector de la juventud. "El fondo de ese pensamiento lo compartimos", expresa.
A continuación argumenta que él, a lo largo de su vida política, ha visto a muchos hombres cambiar de posición, pasando de actitudes violentistas a conductas democráticas. Ante constantes interrupciones y pullas irónicas del diputado del Partido Nacional, señor Gustavo Mönckeberg, lo deja callado con este argumento:
"El doctor Mönckeberg, nuestro querido colega, es un hombre que anduvo en otras tiendas hace algunos años. Pero afortunadamente ha llegado a la del Partido Nacional, con la misma lealtad que antes sirvió a las otras. Yo creo que esta evolución la necesitamos todos los chilenos. Así como él llegó del nazismo a la democracia, ¿por qué no pueden llegar a la democracia estos otros hombres del MIR, que, a mi juicio son una especie de nazistas de izquierda?"
Su discurso termina con palabras significativas respecto a su estado de ánimo frente a Allende y su gobierno en ese instante: "Creemos que nuestro país necesita que el Presidente sepa, que cuando él, varonil, leal y patrióticamente, asume la responsabilidad de estos actos, cuenta con nosotros, porque deseamos que Chile siga siendo una república más democrática cada día; sepa que compartimos su afán de incorporar a los elementos trabajadores -que el gobierno anterior empezó a extender en su organización sindical, campesina y poblacional- en los nuevos cuadros de un Estado nuevo para una nueva sociedad; sepa que todo su empeño y su afán por incorporar a la juventud en esta gran tarea lo compartimos, porque tenemos confianza; pero -Dios no lo quiera- si algún día las cosas son de otro modo, que sepa también dónde estaremos nosotros."
Comprensión clara y aún confianza en las intenciones de Allende y su gobierno; pero también advertencia clara si la conducta cambia. Esta es la posición de Leighton a tres meses de inaugurado el gobierno de la UP.
Abundando sobre el mismo tema, el diputado Andrés Aylwin dice, después de la intervención citada que a los diputados DC les parece que la acusación constitucional está motivada "no sólo por el propósito de sana fiscalización, sino, además, por el deseo de crear enfrentamientos tajantes y provocar polarizaciones extremas, lo que estimamos inconveniente para Chile. No ignoramos que los que, muchas veces, bajo el pretexto de defender la libertad y el 'Estado de Derecho' incorporan a menudo como 'contrabando' la defensa de sus intereses creados, orquestarán nuevamente la campaña de siempre: 'Los DC no defienden al país del marxismo'. Sin embargo, nuestra conciencia está tranquila, pues sabemos que en nuestro movimiento militan y encuentran expresión espiritual millares de jóvenes y trabajadores que, si no fuera por nuestro testimonio humanista de adhesión a la causa del pueblo, tal vez podrían ser marxistas; en cambio, los que nos critican, son los que, muchas veces, al provocar y favorecer la injusticia, han sido los principales promotores del crecimiento de tales tendencias."
La abstención en aquella votación marca también una diferencia con la UP, que se expresa por el diputado Andrés Aylwin en una protesta importante:
"Nuestra abstención tiene también otro sentido, que queremos expresar con franqueza. Es una advertencia y una forma de expresar nuestra protesta contra el sectarismo que, desgraciadamente, ha sido una de las características de la actuación de este gobierno. Vastos sectores oficialistas se creen los únicos poseedores de la verdad, y a todos los que no piensan como ellos se les objeta a título personal, se les tacha moralmente o, incluso, se les persigue."
A fines de julio de 1971 se produce un hecho doloroso para el PDC y en particular, para Bernardo Leighton. Un grupo valioso de dirigentes, en su mayoría jóvenes, decide abandonar la DC, acusándola de estarse "derechizando". Leighton, creyendo que cometen un grave error, lucha por persuadirlos, así como porque se les escuche con respeto.
En un discurso pronunciado por él con fecha 4 de agosto de 1971, hace un alegato vigoroso en favor de la existencia de su partido, refutando las razones de los que se han ido.
Parte analizando la razón que encabeza los argumentos esgrimidos para abandonar la DC. Han partido, dice, "por problemas de conciencia". Pero, argumenta Leighton, para que estos problemas existan, deben basarse en hechos y razonamientos. Los expuestos por ellos, no tienen, en su opinión, "fundamento razonable alguno". Y señala que la emigración se produce, "cuando, precisamente, no ha ocurrido nada especial, nada que no sea absoluta y totalmente consecuente con el espíritu y con la trayectoria de la DC."
Lee a continuación la proposición al Consejo Nacional del PDC, origen del problema, que al ser rechazada recibe la respuesta de la renuncia de numerosos dirigentes y militantes. La proposición decía así: "No pactar directa ni indirectamente, ni tácita ni expresamente, ni en ninguna forma, con la Derecha, en todos sus niveles, desde el Parlamento hasta las Juntas de Vecinos y los Centros de Madres."
Leighton comenta y analiza:
"Los que estábamos en ese momento en la reunión, realmente no entendíamos cómo se podía plantear una cosa así. Con la Derecha, sabemos muy bien, que no hemos pactado ni pactaremos; pero ¿a título de qué extender esta posición más allá del alto nivel de un pacto político? Aún a esta altura, si el día de mañana, lo que Dios no quiera, amenaza a este país una hecatombe constitucional, ¡¡con la derecha y con el diablo nos uniremos para defender la democracia chilena!! "
"Así ha sido, amigos míos, la tradición de nuestra DC y, lo que es más, así ha sido la tradición chilena a lo largo de 150 años de historia. Todos nos hemos unido; nos hemos abrazado; hemos luchado juntos para la grandeza de este pueblo en las horas difíciles de la historia de Chile."
Por eso, Leighton considera que sostener que no se puede pactar en todos los niveles, esto es, tampoco en universidades, sindicatos, centros de madres y juntas de vecinos, con la gente de derecha "sería condenarnos a entregar todos los poderes a la UP".
"Por eso, pienso que el problema de conciencia se genera partiendo de antecedentes equivocados."
Señala después algunas consecuencias del sectarismo de la UP, que han obligado a la DC a defender a muchos hombres, víctimas del mismo, que han sido sometidos a veces a "problemas de conciencia" también muy graves, como cuando se les plantea la alternativa entre callar para conservar el pan o hablar arriesgando su pan.
"No se ha actuado para hacerle el juego a la Derecha, ni a nadie; sino, precisamente, a la democracia y a la posibilidad real de seguir adelante con una política de cambios en nuestro país."
Pasa Leighton enseguida a preguntar qué es exactamente derechismo y pone el ejemplo de Allende, que ha dicho "que no es tan indispensable la formación de una Asamblea Popular, lo que el Partido Socialista considera como una condición 'sine que non' para continuar adelante. El Presidente, en cambio, les dice: 'despacio, no es para tanto, habrá que estudiarlo, ¡no nos precipitemos ...! ¿No es esto 'derechismo'?"
"Cuando Frei decía algo parecido frente a algunas impaciencias durante su gobierno se le decía reformista y que no hacía una revolución, sino una farsa. Pero, sucedía que todo el empeño del Presidente nuestro consistía en dar los pasos que se pudiera hacia adelante, pero no para caer en el vacío ni en la anarquía, ni para agravar los problemas pendientes, y para evitar que cuando se abría un frente tan grande como el frente de la Reforma Agraria y de la sindicalización campesina, no se abrieran también otros frentes corriendo el riesgo de una inminente falta de alimentación en Chile. Que cuando se iniciaba la recuperación de las riquezas básicas no corriéramos, tampoco, el riesgo de quedarnos sin dólares con qué importar los alimentos que necesitábamos para la alimentación del pueblo. Ese era el sentido de la política nuestra, servida por Frei. La suya no era una política fundada en una ambición pequeña."
Más adelante se refiere a la construcción del PDC:
"... cuando los que se fueron sostienen que el Partido es un instrumento que no sirve, no saben, parece, lo que ha costado formar este instrumento. Años y años; miles y miles de hombres y mujeres; viejos y jóvenes sacrificándolo todo, desde el tiempo restado a sus labores o a su hogar, a su mujer o a sus hijos, a sus padres, hasta bienes materiales que se perdían, sentimientos que se callaban, esfuerzos que se aunaban. Para formar un partido de esta magnitud, amigos míos, ha habido mucho esfuerzo humano acumulado. Tenemos que conservarlo intacto, como decía Narciso Irureta."
Leighton les reprocha a los que se fueron de abandonar el partido en un momento difícil, cuando el gobierno de Allende "está al borde de tremendas emergencias" que requerirán del concurso sereno y firme de los DC.
"El gobierno del señor Allende, para poder realizar una transformación revolucionaria de Chile dentro del marco democrático, como yo creo sinceramente que lo piensa el Presidente, tiene que contar con nosotros. Manifesté una vez en privado al señor Allende: 'la hazaña que tú quieres hacer, o la haces con la DC o no hay posibilidad de hacerla'."
Y más adelante:
"El gran enemigo del Gobierno del señor Allende son los que exageran, son los infantilistas de izquierda, por no usar otra expresión. Son todos esos que hasta han llegado a cometer crímenes. Nosotros lo sufrimos en el propio cuerpo de nuestro Partido y sólo la entereza moral de la DC hizo posible que no explotáramos políticamente el crimen" (alude al asesinato, dos meses antes, de Edmundo Pérez Zújovic, ex-ministro del Interior de Frei y también, al igual que Leighton, ex-Vicepresidente de la República). (18)
La posición política de Leighton frente al gobierno de Allende es vista por la Derecha con desconfianza. La revista "Qué Pasa" lo considera "colocado hoy en el vértice más 'izquierdista' de la DC". En una entrevista que le concede le preguntan: ¿Cómo juzga al actual régimen? Responde:
"Este es un régimen legal. Es la tendencia que está tratando de continuar una transformación profunda, con algunas coincidencias con puntos de vista nuestros. ¿Marxismo a corto plazo? No, porque hay fuerzas que se oponen a él."
- ¿Y eso basta?
"Creo que sí."
- ¿El peor enemigo de la democracia?
"La dificultad para llegar a algunas soluciones concretas que el país necesita en la hora actual."
En mayo de 1972 el país vive ya una polarización política enorme.
La crisis económica ha entrado en tierra derecha. Posiciones como las de Leighton encuentran dificultades cada vez mayores para hacerse oir e imponerse. La prensa opositora, además, tiende a disminuirles su importancia, cuando no a ocultarlas. La prensa de izquierda, en su ceguera radicalizada, tampoco hace nada por destacarlas. Leighton mantiene, no obstante, imperturbable sus puntos de vista. En dicho mes, concede una entrevista a "Mundo 72". Su texto completo merece reproducción:
- Desde hace algún tiempo, la DC ha venido entrando en alianzas electorales con la Derecha. ¿Qué opinión le merece la conocida frase de Radomiro Tomic que advierte que 'cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana'?
"Para responder su pregunta, permítame hacer previamente algunas consideraciones que me parecen indispensables. La DC está en la oposición, porque en ese lugar la dejó el pueblo tras las elecciones presidenciales de 1970. La Derecha también quedó fuera del gobierno, al ser derrotado su candidato Jorge Alessandri. Estando ambos partidos en la oposición, me parece que no puede ser tan sorprendente que coincidamos a veces con el Partido Nacional, incluso en el terreno electoral. Naturalmente, estas coincidencias se dan en el terreno en que, para nosotros, pueden darse, esto es en el campo de la oposición sinceramente democrática. Nosotros no podríamos, por ejemplo, tener ninguna suerte de coincidencia con grupos fascistas como es el que encabeza el señor Pablo Rodríguez, líder de Patria y Libertad. Por eso, las coincidencias con el Partido Nacional me parecen comprensibles. La frase de Radomiro Tomic tiene, a mi juicio, el carácter de una advertencia política, pero no es un dogma. Si lo fuera, habría que concluir que la izquierda ha permitido muchas veces que la Derecha triunfe, porque en reiteradas oportunidades se han aliado en contra nuestra. Sin ir más lejos, el Presidente Allende logró hace pocos años llegar a ser Presidente del Senado gracias a los votos de los parlamentarios derechistas. Y yo no creo que eso haya sido un triunfo del Partido Nacional."
- Pero, ¿no le preocupa que estas coincidencias se vayan haciendo cada vez mas profundas y reiteradas?
"Me preocupa, claro está. Hago todo lo que está a mi alcance por contrarrestar la mala imagen que ello produce, porque estoy convencido de que las coincidencias no son de fondo. Más todavía. Tengo la impresión de que deliberadamente, desde diversos sectores, tratan de silenciarse actitudes o posiciones nuestras que nos diferencian claramente de las que adoptan los derechistas. Yo creo que es preciso, por ejemplo, otorgarle toda la importancia al hecho de que la DC forma parte de la CUT y participa en las próximas elecciones de ese organismo sindical, el más representativo de los trabajadores chilenos. Naturalmente, para la Derecha la CUT es un antro comunista, al que hay que tratar de destruir en lugar de fortalecer. Esa es una divergencia notable, que yo creo de fondo, y que no ha sido lo suficientemente valorada..."
- Usted, diputado Leighton, no dice que dentro de su partido ha habido importantes sectores que han hecho todo lo posible por impedir que la DC participe en la CUT...
"Esto es cierto, es evidente. Pero, ¿qué quiere? Ellos no ganaron. Nos impusimos los que creíamos que debíamos participar en la CUT. Es que los partidos políticos son así. Existe democracia interna y hay, entonces, posiciones que pierden y otras que se imponen. Y eso ocurre en todas las instituciones; con la sola excepción de algunos partidos comunistas ortodoxos, van quedando muy pocos donde las resoluciones siempre se adoptan por unanimidad. En todo caso, yo quiero decirle de la manera más categórica que no hay razones para afirmar que nuestras coincidencias circunstanciales con la Derecha puedan esconder un compromiso más profundo con ella. Estoy muy cierto de que el alma de la DC no está comprometida con la Derecha ni con nadie, salvo con su doctrina".
- Hace algunos momentos Ud. hizo una afirmación discutible. Dijo que los resultados de las elecciones de 1970 habían dejado a su partido en la oposición. Da la impresión de que Ud. cree en el determinismo político. ¿No cree que hubo posibilidades después del triunfo de Allende de haber consolidado un sólido y amplio frente de todos los chilenos que estaban realmente por los cambios?
"Radomiro Tomic así lo planteó antes de las elecciones presidenciales. Pero su anhelo no pudo concretarse por razones muy profundas y de peso. Vinieron las elecciones y perdimos. No podíamos entonces tener la pretensión de seguir en el Gobierno. El pueblo nos había señalado otro lugar. Y hubiéramos provocado mucha confusión de haber intentado desoir el veredicto popular, a través de alianzas precipitadas y difíciles de explicar. Me parece que está bien que la DC esté en la oposición. Creo que eso es lo mejor para Chile y para el Gobierno de Allende. Que esté allí colaborando con las iniciativas positivas y denunciando las desviaciones. Creo que en líneas generales es eso lo que hemos hecho.
- ¿No le asalta el temor de que con esta actitud se esté pavimentando el camino para que en 1976 se repita el mismo esquema de 1964, vale decir que la Derecha apoye a un candidato DC?
"Me parece muy difícil que ello llegue a ocurrir, porque de 1964 hasta ahora han pasado muchas cosas. Y desde hoy hasta entonces, pueden ocurrir muchas otras. Lo único que espero que no ocurra sería un quiebre de la institucionalidad; y a ello yo me opondría con todas mis fuerzas. No, claro está que no. El PDC solo no puede de nuevo llegar al poder. Tendría que entrar en alianzas con otros grupos. Yo pienso que, llegado el momento, encontraremos a otros grupos que quieran marchar con nosotros, incluso algunos que están hoy en el Gobierno".
- Don Bernardo, ¿hay en Chile menos democracia que hace un par de años? ¿Está ella en peligro grave, como algunos pretenden hacerlo creer?
"Hay la misma democracia. Incluso ella se ha extendido a sectores donde antes no era real, y me enorgullece decir que fue nuestro Gobierno el que empezó este proceso. Sí, hay tanta democracia como hace un par de años. ¿Que si está en peligro? Siempre lo ha estado, porque siempre ha habido extremistas de derecha e izquierda que buscan destruirla, con la complicidad de los egoístas y de los indiferentes".
- Por favor, en breves palabras ¿qué juicio le merece el Gobierno de Salvador Allende?
"El actual régimen constituye, a mi juicio, una tentativa bastante decidida de profundizar dentro del sistema democrático el proceso de cambios de estructuras que nosotros iniciamos. Estimo que Allende encuentra fuertes obstáculos para realizar su propósito. Las dificultades se originan tanto dentro de la propia coalición gobiernista, donde hay elementos que parecen no entender la intención de Allende, como en la oposición. Allí hay quienes se oponen a los cambios, como es el Partido Nacional, y quienes estamos en favor de los cambios, pero en contra de las desviaciones. Me parece que el papel que le corresponde a la DC hoy, es permanecer alerta para que el proceso de cambios se profundice y no se desvíe. Eso es lo que debe diferenciarnos claramente de una Derecha que abierta o solapadamente lo que busca es impedir las transformaciones."
La cita in extenso contiene muchos elementos proféticos de primer orden. Además, Leighton vuelve a reiterar, una vez más en su vida, que si hay quiebre institucional, él se opondrá con todas sus fuerzas a ello. En ese momento no sabe que deberá cumplir con esta palabra dentro de apenas un año y unos pocos meses más.
Durante todo el resto del gobierno de Allende, lo vemos cada vez más intensamente preocupado por hacer madurar acercamientos entre la DC y la UP sobre puntos concretos. Muchos de sus pasos no llegan a ser conocidos por opinión pública, pues se realizan en reserva, a fin de llevarlos a cabo con más eficacia para el fin perseguido. No por eso dejan de ser menos importantes para poner de relieve su vocación democrática y popular, en la medida en que busca simultáneamente preservar la convivencia democrática y llegar a soluciones concretas dentro del proceso de cambios y transformaciones en marcha. Lo desespera el dogmatismo y el sectarismo existente dentro de las filas del gobierno, como de la oposición. En los debates internos advierte constantemente en contra de estos males y de sus perniciosas consecuencias. Contempla casi con tristeza la falta de claridad de muchos altos dirigentes, de todos los colores, que demuestran poca fuerza y entereza para imponerse a sus bases y darles orientaciones precisas. El enceguecimiento de los espíritus le parece fatal.
En marzo de 1973 hay elecciones generales de parlamentarios. Leighton vuelve a postular a la Cámara de Diputados. La campaña electoral se lleva a cabo en medio del ambiente polarizado que dejó el paro de los camioneros y otros gremios en octubre de 1972. Sus consecuencias más graves se ven apenas frenadas por la presencia en el Ministerio del Interior del General Carlos Prats, que actúa con gran altura y dignidad en esos momentos tan difíciles.
Leighton no cae en esta vorágine. Su campaña, digna de estudiarse algún día detenidamente y por separado, es un modelo de sencillez y espíritu positivo, de generosidad y seguridad en sí mismo.
Modelo de sencillez: su propaganda casi no se ve por lado alguno, no se derrocha dinero. A lo más el candidato habla en algún foro organizado por algún medio de TV o radio, mientras recorre incansablemente las asambleas para ponerse en contacto directo con la gente.
Espíritu positivo: toda su prédica es por la democracia y los cambios, por la fecundidad del diálogo, por la necesidad de llegar a acuerdos en torno a soluciones concretas. Sus críticas al gobierno son elevadas y siempre acompañadas de llamados a la oposición de no caer en el círculo infernal orquestado por los extremistas de ambos lados.
Generosidad: Leighton no pide el voto para sí, sino que para la DC. Acompaña a otros candidatos, a Ricardo Hormazábal de la JDC, por ejemplo, y pide el voto para ellos, aún dentro del mismo distrito por donde es candidato. En medio de la tormenta de la polarización, estas actitudes parecen perderse y no son vastamente conocidas, pero están en el recuerdo de cientos de testigos que, desconcertados, pero positivamente impresionados, le ofrecen su simpatía, su apoyo y, muchas veces, su trabajo desinteresado por su candidatura.
Seguro de sí mismo: Leighton cree realmente en la eficacia de los medios pobres, despojados de todo aparato. No duda un instante de que va a ser elegido. Al revés, los políticos educados en la escuela de los medios ricos, que no creen en el éxito si no ha habido una campaña donde ha corrido generosamente el dinero para organizar una enorme propaganda en las calles, por la TV y la radio y con grandes avisos en los diarios, miran con desdén o hasta compasión a este político que pareciera haber perdido, pese a su enorme experiencia, el sentido de las proporciones y de la necesidad de métodos "modernos", como los llaman, para ganar elecciones.
El resultado no ha sido destacado suficientemente. Leighton obtiene la primera mayoría por Santiago en diputados, quebrando todos los pronósticos. Su triunfo es una prueba de que sus planteamientos todavía encuentran apoyo en la ciudadanía. Son un mandato claro de continuar por el camino que él ha contribuído a trazar para la DC. Leighton no ha dudado jamás de la corrección de sus planteamientos, pero esta confirmación de los mismos, una vez más, lo estimula a seguir por la ruta señalada.
Empieza entonces la dramática recta final del gobierno de Allende. Salen los militares del gabinete y se restablecen condiciones similares a las que había en octubre de 1972, o sea, se vuelve a la polarización desenfrenada. En mayo de 1973 la directiva del PDC es renovada y triunfa una línea de oposición más dura al gobierno, que la sostenida por la directiva de Fuentealba y Leighton. Encabeza esta posición el senador Patricio Aylwin. Leighton no se deja amilanar. Comunicando siempre sus pasos a la Directiva, continúa intensamente sus trajines por buscar consensos y soluciones concretas a los problemas que van surgiendo.
Sin embargo, resulta evidente que su acción equivale a una 'gota de agua en el mar'. El gobierno se ha abierto simultáneamente muchos frentes, perdiendo poco a poco el control de la situación global. La movilización del pueblo en defensa del régimen impresiona a muchos y adormece a sus partidarios y a muchos de sus dirigentes, pero no alcanza a enfrentar con éxito sino algunos de los problemas que lo atenazan por todos lados.
El resto de la historia es conocida. Veremos el pensamiento de Leighton sobre muchas cosas de esta época por lo que escribe o dice después del 11 de septiembre de 1973. Por eso es importante llegar a ese instante de la historia de Chile.
CAPITULO XVI
VISION DE LEIGHTON
El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 constituye el episodio más doloroso y golpeante en la vida política de Bernardo Leighton. Su relato, sacado de apuntes hasta ahora inéditos que escribe entre el mismo 11 de septiembre de 1973 y el 25 de mayo de 1974 (cuando ya se encuentra en Roma), permite apreciar en forma objetiva cómo vive y juzga Leighton los acontecimientos. Un extracto del mismo se da a conocer aquí y le da contenido a este capítulo tan crucial:
"En las últimas horas del lunes 10 de septiembre, durante la reunión de sala que celebramos en la tarde y noche de ese día los diputados demócratas cristianos, manifesté que, en mi opinión, las fuerzas armadas no derrocarían al Presidente Allende por lealtad a sus principios y a una prolongada tradición institucional; además por las tremendas dificultades que enfrentarían y que no podían ignorar, para abordar con éxito la situación económica y social del país. Me equivoqué totalmente."
"Regresé solo en mi automóvil a casa alrededor de las 11 y media de la noche. En el trayecto hice subir a dos muchachos que venían del Partido en la Alameda, en donde según ellos les habrían asegurado que existía una situación gravísima. Continué incrédulo hasta que, a la mañana siguiente, escuché por la radio que se hablaba del movimiento de tropas alrededor de la Moneda. Luego me llamó un periodista para preguntarme qué pensaba: '¡Qué voy a opinar! Que condeno el golpe y estoy con el Presidente Constitucional Salvador Allende'. Me dio la impresión que en ese instante se cortaba la comunicación telefónica. (En Europa me informé que estas frases mías habrían sido transmitidas por una radio de Santiago)." (Este paréntesis fue agregado en Roma por su autor).
"Desde hace tiempo, tal vez desde hace más de un año declaré reiteradamente en público y en reuniones privadas del Partido, que si, dentro de las circunstancias que vivía el país hasta el 11 de septiembre, se producía cualquier golpe de fuerza contra el gobierno de Allende, yo no solamente lo repudiaría, conforme al planteamiento invariable de la DC, sino que además me colocaría al lado del Gobierno Constitucional desde el sitio en que materialmente pudiera hacerlo."
"Así había procedido el 29 de junio (1973) con motivo del cuartelazo frustrado del Blindado No. 2 y así lo manifesté en términos explícitos en la reunión de diputados DC a que he hecho referencia. Pienso sinceramente que, no obstante las escasas intervenciones que he tenido en los últimos meses, ninguna persona medianamente informada en política, dentro o fuera de la DC, podía ignorar mi definida posición frente a la eventualidad de un golpe militar."
"Antes del 11 de septiembre estábamos muy mal; ahora estamos todavía peor; en efecto, a los gravísimos problemas que sufríamos, algunos de los cuales el gobierno de Allende había empezado a solucionar, se agregarán en adelante aquellos derivados de la instalación de un gobierno de fuerza, nacido del asalto físico al poder, sin título, sin experiencia, sin sujeción a norma alguna que lo comprometa a nada."
"Siempre creí que el país se detendría al borde del abismo. No sucedió eso. Caímos en el abismo; pero estamos vivos y debemos luchar. A Dios gracias, tengo bastante claridad de juicio, por lo menos en cuanto a mi como chileno, como demócrata cristiano y como diputado, en los oscuros tiempos que empezamos a vivir. Ante la Junta Militar, encabezada por Pinochet, sólo cabe la resistencia cívica y la lucha por la restauración democrática. Exclusivamente lo que conduzca a esa finalidad justifica el trato con la Junta. Esta es y será mi línea política."
Esta parte de los apuntes tiene fecha 12 de septiembre de 1973. Constituye, pues, la primera reacción escrita de Bernardo Leighton frente a los acontecimientos. La segunda, se materializa en una declaración pública en la que es acompañado por 15 dirigentes demócratas cristianos. He aquí su texto completo:
"DECLARACION POLITICA"
"Hoy, 13 de septiembre de 1973, los abajo firmantes, dejando constancia de que esta es la primera ocasión en que podemos reunirnos para concordar nuestros criterios y explicitar nuestra posición política, después de consumado el golpe militar de anteayer, venimos en declarar lo siguiente:
"1) Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno, por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido, fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional.
"2) Señalamos que nuestra oposición a su gobierno fue siempre planteada para preservar la continuidad del proceso de cambios que tuvo el honor de iniciar en nuestro país el gobierno de la Democracia Cristiana y al mismo tiempo para impedir su desviación antidemocrática. Mantenemos en todas sus partes las críticas que en dicho contexto formulamos al gobierno de la Unidad Popular y al Presidente Allende. Reiteramos, por eso mismo, que, en conformidad a nuestras convicciones personales y a las repetidas determinaciones de la Democracia Cristiana, jamás tuvimos otra actitud parlamentaria o particular que no fuera la oposición dentro del cauce democrático destinada a obtener la rectificación de los errores cometidos por el gobierno del Presidente Allende e impugnados por nosotros.
"3) La falta de rectificación, que en definitiva nos llevó a la tragedia, es responsabilidad de todos, Gobierno y Oposición, porque el deber de mantener una democracia no puede ser eludido por nadie. Pero a nuestro juicio hubo quienes tuvieron mayor responsabilidad.
"En primer lugar, el dogmatismo sectario de la Unidad Popular, que no fue capaz de construir un camino auténticamente democrático para el socialismo adecuado a nuestra idiosincracia. Especial condenación merece la irresponsabilidad de la ultraizquierda.
"En segundo lugar, la derecha económica que, con fría determinación, aprovechó los errores de la UP para crear un clima de tensión, de ceguera y de pasión política que, unido a lo anterior, hizo imposible un consenso mínimo al descalificar a quienes lo buscábamos con objetividad y con cordura.
"4) Estos sectores extremos alienaron psicológicamente a la opinión pública e incluso a numerosos dirigentes políticos y jefes militares, creando la sensación falsa de que no había otra salida para la crisis chilena que el enfrentamiento armado o el golpe militar. Reiteramos hoy, igual que siempre, nuestra convicción profunda de que, dentro de los cauces democráticos, habríamos podido evitar en Chile la implantación de un régimen totalitario, sin necesidad de pagar el costo de vidas y los excesos inevitables en las soluciones de fuerza.
"5) La Junta Militar ha manifestado su intención de restituir el poder a la voluntad del pueblo y respetar las libertades públicas. Esa intención la recogemos como positiva para la restauración democrática y la paz social y esperamos que se cumpla sin demora al tenor de las declaraciones formuladas.
"6) En cuanto a nosotros, consideramos que nuestra suprema responsabilidad en esta hora, la que asumimos por encima de toda otra consideración, reside en proseguir la lucha por los principios de la Democracia Cristiana y por la restauración de la democracia chilena, fuera de la cual aquellos carecen de vigencia. Los hechos que hoy lamentamos señalan que sólo en libertad, sustentada por la mayoría del pueblo y no por minorías excluyentes, se puede aspirar a la transformación humanista y democrática de Chile que constituye nuestra meta y fortalece nuestra voluntad.
"Firman: Bernardo Leighton Guzmán, Diputado, Ex-ministro, Ex-vicepresidente de la República; Ignacio Palma Vicuña, Ex-diputado, ex-ministro, ex-presidente del senado; Renán Fuentealba Moena, Senador, ex-diputado, ex-delegado de Chile a las Naciones Unidas; Radomiro Tomic Romero, profesor universitario, ex-diputado, ex-senador, ex-embajador; Fernando Sanhueza H., Diputado, ex-presidente de la Cámara; Sergio Saavedra, diputado, ex-intendente de Santiago; Claudio Huepe G., diputado, ex-Intendente de Arauco; Andrés Aylwin Azócar, diputado; Mariano Ruiz-Esquide, diputado; Jorge Cash M., profesor, periodista; Jorge Donoso, abogado, publicista; Belisario Velasco, economista, ex-gerente de la Empresa de Comercio Agrícola; Ignacio Balbontín, sociólogo, profesor universitario; Florencio Ceballos, abogado, asesor sindical; Waldemar Carrasco, diputado; Marino Penna, diputado."
Esta declaración no es publicada en Chile por ningún medio de comunicación en el momento de ser emitida. Sólo el 29 de noviembre de 1974 la da a conocer un diario de Santiago. Pese a ello, constituye para muchos demócratas cristianos chilenos y extranjeros, así como para muchos no demócratas cristianos, un punto de referencia valiosísimo para conocer la reacción que producen los hechos del 11 de septiembre en los diversos sectores del cuadro político chileno.
Vista hoy, esta declaración constituye no sólo un acto de consecuencia y de coraje político, sino también un análisis visionario y ajustado a la realidad. Es también un testimonio que contribuye a preservar el patrimonio más valioso y permanente de la Democracia Cristiana: su vocación democrática y su búsqueda de la justicia, a través de la transformación de las estructuras que bloquean la implantación de dichos valores.
Al día siguiente de ser entregado este documento a la prensa, que sólo sale al mundo por los telex de las agencias internacionales de noticias, Leighton, a petición del abogado Eduardo Long Alessandri, interpone, ante la Corte de Apelaciones de Santiago, un recurso de amparo telefónico en favor de Carlos Briones, Clodomiro Almeyda, Jorge Tapia, Claudio Jimeno, Oscar Waiss, Luis Armando Garfias y Alvaro Morel, que habían sido detenidos en un regimiento. El recurso es rechazado ese mismo día 14 de septiembre de 1973, en razón de que el Estado de Sitio impuesto autoriza a detener personas en lugares que no sean cárceles. Se inicia así un largo y lastimoso proceso de negación a conocer de estos casos por parte de los Tribunales de Justicia, con alto costo en prestigio para el Poder Judicial.
Un mes después, el 12 de octubre de 1973, vuelve Bernardo Leighton a sus apuntes. Esta vez, con la tranquilidad de estar descansando en la casa de campo de su amigo el Dr. Fernando Cancino, hace consideraciones que complementan lo expuesto hasta aquí y que prolonga posteriormente en Roma:
"Se han publicado largamente los supuestos fundamentos de derecho natural que justificarían el golpe de las FF.AA. Se han invocado principios de la doctrina clásica sobre el derecho a la rebelión que los pueblos tienen en determinadas circunstancias, y cuyo fundamento esencial e irremplazable es la certeza moral de que se ha hecho en absoluto imposible la rectificación de los atropellos al derecho que se atribuyen al gobernante que ocupa el poder. Y es en este punto precisamente en donde se incurre en abismantes tergiversaciones. Cuando los militares se rebelaron contra el gobierno de la República, la rectificación política no sólo era posible, sino que ya había empezado, como entraré a exponerlo. Advierto, no obstante, que los medios de comunicación de masas en manos de la oposición, incluidos los nuestros, no dieron importancia a estas rectificaciones o las publicaron torcidamente. Desde los inicios de la Administración de la Unidad Popular, existió el problema que no ha encontrado solución adecuada en el mundo moderno, menos aún en los países latinoamericanos, relativo a realizar un proceso de transformación profunda e inaplazable de la sociedad sin romper los marcos básicos y formales de las democracias actualmente en vigencia. Hasta ahora, o se ha abandonado el proceso, o se ha abandonado la democracia. Todos comprendíamos que este problema gravitaba simultáneamente, bajo distintos grados de responsabilidad sobre las espaldas del gobierno de Allende y sobre las espaldas de la DC que no en balde era el primer partido político del país desde las elecciones municipales de abril de 1963. Comprendíamos todos también que los fundamentos doctrinarios de la Unidad Popular, a pesar de que su programa de gobierno no podía lógicamente ser un reflejo integral de aquellos, conducían en la intención de sus dirigentes a un objetivo final contrario a los objetivos doctrinarios nuestros. En este punto incidían las discrepancias más agudas en el seno de la DC."
"Para unos, esa contraposición de objetivos finales marcaba una insuperable incompatibilidad entre la UP y nosotros para los efectos de concordar acciones comunes concretas, la UP desde el gobierno, la DC desde la oposición, sea en el Parlamento, en las organizaciones sindicales, vecinales, o en donde quiera que hubiera representaciones del pueblo. Esta actitud no siempre se manifestaba ostensiblemente, sino más bien en el subsuelo de las actuaciones prácticas."
"Otros sosteníamos que la vida democrática justamente supone estas pugnas de finalidades doctrinarias entre las distintas tendencias políticas libremente expresadas, cuyos sostenedores ponen su voluntad en frustrar los propósitos antagónicos con el triunfo de los propios, a través de la lucha cotidiana en que, por la naturaleza de las cosas, tienen sitio tanto los desacuerdos como las coincidencias. En el curso de esta contienda, esencia de la democracia formal y de la real, nadie puede asegurar a cual de los contendores favorece el correr del tiempo. En estos últimos años, múltiples veces, observamos que el tiempo, con solo dejarlo andar, nos ayudaba a nosotros; más adelante ocurría precisamente lo contrario. Por eso es bueno no confiar ni desconfiar demasiado en que las cosas se arreglan solas o que, en ciertos casos, no tienen arreglo. Para que funcione el sistema democrático es indispensable sustentar un mínimum de confianza recíproca entre las partes contendientes y, además, excluir la fatalidad del triunfo o de la derrota de cualquiera de las posiciones antagónicas. Sin estos requisitos, la contienda deja de ser democrática."
"De partida, importa señalar que la participación de las FF.AA. en tareas de Gobierno era ya un hecho, desde octubre de 1972, aceptado y puesto en práctica por Salvador Allende, no obstante los tropiezos que le producía dentro de la directiva del Partido Socialista y el enconado ataque que le originaba en la extrema izquierda. Resulta, en consecuencia, erróneo e injusto sostener que el Presidente Allende se demostraba incomprensivo e impávido ante la urgencia de robustecer su gobierno con el fin de crear un ambiente de mayor confianza pública que era indispensable para plantear una política de rectificación económica, administrativa y social. Puede discutirse la profundidad o la extensión de la participación de los uniformados (según demostraron los hechos del 11 de septiembre había razones para proceder con cautela ... ); pero lo que no puede negarse es que Salvador Allende asumió con seriedad y coraje la responsabilidad de dar el paso y corrió los riesgos previstos de incomprensiones y de ataques en el campo de sus propios partidarios".
"Los DC fuimos siempre sostenedores de la participación de las FF.AA. en el gobierno de Allende, con tal que se efectuara en conformidad a las normas constitucionales y con el respaldo adecuado para que funcionara de un modo responsable y eficiente. El Presidente no resistió en principio este criterio y así lo demostró en la práctica; con todo, en el último diálogo de alto nivel sostenido con Aylwin, explicó que no le era posible incorporar de inmediato a los militares al Gabinete, antes de llegar a un acuerdo político con nosotros sobre las materias que estaban en tabla. Para el cumplimiento de este acuerdo, el presidente consideraba que los militares se hallaban bien dispuestos y que la UP por su parte no pondría inconvenientes en definitiva. Pensé en la época en que se verificaba el diálogo y pienso actualmente que el Presidente se colocaba en lo justo, porque respondía a las mejores posibilidades de ese momento. Sin embargo, el acuerdo político no logró formalizarse y la conversación de alto nivel terminó ahí. Ahora se ven más claras las dificultades con que chocaba el Presidente Allende y, por otra parte, hay más razones para comprender que un ingreso de los militares al gobierno, como consecuencia de una exigencia nuestra dentro de un cuadro democrático, no podía ser aceptado por aquellos jefes de las FF.AA. que, según sus propias declaraciones actuales, preparaban el 11 de septiembre desde mucho antes del diálogo Allende-Aylwin".
"Fracasadas las conversaciones a la altura del Presidente de la República y Presidente del PDC, se continuaron a otros niveles con conocimiento y autorización de ambos Presidentes. En efecto, Carlos Briones, mientras estuvo fuera del Gabinete y en particular después de su regreso al cargo de Ministro del Interior, conversó con la Directiva del Partido y con diputados y senadores DC hasta lograr importantes acuerdos concretos. Me referiré a varios de ellos".
"En el acta suscrita con el Presidente de la Corporación de Televisión de la Universidad de Chile, quien estaba expresamente facultado por el grupo DC de esa Universidad y por el Rector para tales efectos, se resolvió el áspero y prolongado conflicto del canal 9 de TV universitaria, devolviéndose dicho canal a la Universidad de Chile".
"Simultáneamente, en medio de resistencias opuestas por sectores intransigentes de la UP en el mineral de El Teniente, el gobierno reintegraba en sus puestos de trabajo a todos los empleados y obreros que se había comprometido a reponer, al paso que se iniciaba la aplicación del mismo criterio en el mineral de Chuquicamata."
"Una de las mayores acusaciones que se hizo al gobierno de la Unidad Popular y que ha sido utilizada después del golpe militar como una de sus más socorridas justificaciones fue el llamado fraude electoral. No cabe duda alguna que, a consecuencias de las imperfecciones de la ley electoral, denunciadas por el Ministro del Interior de Allende, General Carlos Prats, a raíz de las elecciones generales del 4 de marzo de 1973 en que ganó la oposición, se cometieron fraudes no sólo en beneficio de los partidos de gobierno, sino también de los opositores, pero en ningún caso del volumen y de la trascendencia que se les atribuyó por sectores de extrema derecha llevados del evidente propósito de ir cerrando el camino a las rectificaciones urgentes que por otra parte solicitaban. En presencia de las referidas acusaciones, los diputados pertenecientes a la UP tomaron la iniciativa de proponer en la Cámara la constitución de una Comisión Especial, destinada a recibir las denuncias del fraude que se imputaba a los funcionarios de gobierno y a tomar las medidas legales pertinentes. En conformidad al reglamento de la Cámara, esta comisión quedaría formada con la misma mayoría que la oposición tenía en la sala, lo cual le daba doble valor moral a la actitud de los partidos de gobierno. Hubo acuerdo entre la UP y la DC para constituir la Comisión Especial propuesta, salvo en cuanto al plazo para la realización de su cometido, quedando en consecuencia radicada en el Parlamento la solución jurídica del problema del fraude electoral. Sin embargo, se desnudaron una vez más las intenciones ocultas de la extrema derecha en su afán de plantear esta clase de problemas. Fue así como en lugar de trabajar en la Comisión designada para alcanzar el cumplimiento de su objetivo, continuó con más fuerza la escandalera publicitaria que formaba evidentemente parte de la gran confabulación en que estaba embarcada. Se trataba no de corregir los vicios electorales, sino de suprimir las elecciones, lo que buscaron y consiguieron."
"Con la intervención del senador Renán Fuentealba, comisionado para ello por la Directiva de la DC y la buena disposición del Ministro de Relaciones Clodomiro Almeyda, se encontró una fórmula que puso término al duro impasse producido entre la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y el Ministerio de Relaciones Exteriores acerca de las designaciones del personal en las representaciones del país en el extranjero."
"En la Comisión de Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados, presidida por el DC César Raúl Fuentes, estaba pendiente la discusión de un proyecto de ley sobre reforma del sistema de elecciones internas de las autoridades del Colegio de Abogados, que había elaborado el Consejo de la Institución. Este organismo solicitaba que dicho proyecto y no el del Gobierno sirviera de base a las discusiones de la Comisión, procedimiento que le significaba ventajas reglamentarias adicionales. El Ministro de Justicia, Sergio Insunza, comunista, aceptó finalmente, a petición del Presidente de la Comisión, proceder en la forma solicitada por el Colegio de Abogados."
"Salvador Allende había enviado al Congreso hacía varios meses, un proyecto de ley que creaba la Secretaría Nacional de Distribución, destinado a darle un corte legal al problema de la distribución alimenticia que, sin ninguna duda, se había abordado administrativamente, con criterio ineficiente y discriminatorio. El Parlamento estaba llamado, pues, a intervenir en la materia. El Ministro de Economía, José Cademártori, comunista, en conversaciones con dirigentes DC había adelantado fórmulas satisfactorias con el objeto de salvar las dificultades de la distribución de alimentos a las poblaciones, a través de las JAP (Juntas de Abastecimientos y Precios) y de las Juntas de Vecinos. He podido comprobar que estas fórmulas u otras similares ya estaban funcionando en varias comunas de Santiago."
"Hay más. En las semanas que precedieron al golpe militar, existían pendientes en la Cámara de Diputados dos proyectos de reconocido interés y de grave urgencia: el que creaba el Ministerio de la Familia y el que reajustaba las rentas del profesorado. Con la intervención de los Ministros correspondientes, los diputados de la DC y de la UP llegaron a concordancias en la mayor parte del articulado de ambos proyectos, quedando lo demás sujeto a la decisión de la Sala en el deseo común de poner rápido término a la tramitación de los proyectos en la Cámara de Diputados. Cuando éstos se discutieron y en definitiva despacharon, varios diputados nuestros y de la combinación de gobierno declararon públicamente en la Sala, con frases serenas y cordiales, que el resultado obtenido era la consecuencia de la buena voluntad de unos y otros, manifestada en términos positivos y francos. Yo, desde mi banca escuché estas palabras y contemplé la escena, pensando en que envolvían una prueba irrefutable, más fuerte que las intolerancias, de la posibilidad real existente para encontrar acuerdos concretos a los problemas de variada naturaleza que afligían al país durante los penosos días de agosto de 1973. Por desgracia, habrá que decirlo y repetirlo, la publicidad de la oposición, comprendida la nuestra, no sólo se empeñaba en no destacar estos hechos de carácter positivo y alentador, indudablemente capaces de relajar la tensión, sino que apenas los mencionaba o simplemente los callaba. En cambio, entregaba desproporcionada y enervante magnitud a las noticias y comentarios de la tortuosa huelga de los camioneros que, según nos constaba a muchos demócratas cristianos, era mitad gremial y mitad facciosa. A pesar de esta aberración el gobierno había presentado proposiciones aceptables para finiquitar este movimiento, que incidía táctica y calculadamente, en puntos vitales de la vida del país y cuyos dirigentes aplicaban el diabólico sistema de colocar nuevas peticiones cada vez que parecía acercarse la solución del conflicto. Así llegaron a lo que sus más destacados conductores efectivamente anhelaban que era la caída del Presidente Allende con todo el andamiaje constitucional junto a él. Producido el golpe militar, no tuvieron empacho en quitarse la careta y transformarse en voceros de la dictadura dentro y fuera de Chile."
"Entre los gremios que habían suspendido sus labores por cuestiones pendientes con el Estado se hallaba el Colegio Médico. El gobierno suscribió un acuerdo con la directiva nacional de este organismo; pero sucedió lo increíble: los elementos intransigentes que no deseaban solución manifestaron desembozadamente que la fundamental finalidad del movimiento no era gremial sino política y consistía en la salida del Presidente Allende. Por tanto, forzaron la renuncia de la directiva y continuaron la huelga. Detrás de estas maniobras actuaba la mano negra que empujaba el caos para justificar el golpe que los militares estaban organizando. El plan subversivo, a estas alturas (fines de agosto de 1973), se hacía presente igual en los médicos que en los camioneros. Por obra de estos últimos, el país estaba semiparalizado impidiendo la distribución de bencina y de trigo con el fin 'habilidosamente' calculado de enloquecer a los automovilistas, a los pasajeros de la locomoción colectiva y a la población entera por falta de pan. Era la mejor forma de preconstituir la justificación ulterior del asalto al poder, cuya preparación conocían y apoyaban. (Nixon confirmó después su ayuda a estos movimientos)."
"Se ha hecho enorme caudal, siempre con la mira de proporcionar basamentos morales a la destitución armada, de la negativa del Presidente Allende para promulgar íntegramente el proyecto de reforma constitucional, aprobado por el parlamento, sobre las tres áreas de la economía y otras materias. Este es un asunto que exige mayor análisis e interesa retroceder hasta su origen."
"Con motivo de la política gubernativa de emplear 'resquicios legales' a fin de construir el área de propiedad social, la DC planteó la necesidad de que se abandonara esa argucia, enviando derechamente al Parlamento un proyecto de ley sobre la materia. El Presidente Allende aceptó la proposición de la DC y prometió mandar el proyecto dentro de un determinado plazo. El plazo se dejó pasar sin enviar el proyecto."
"Fue entonces cuando la DC resolvió presentar ella misma el proyecto de ley correspondiente y, en vista de que el Congreso había entrado al período extraordinario de sesiones, durante el cual la Constitución reserva al Ejecutivo la iniciativa de las leyes, con excepción de las reformas constitucionales, el PDC aprovechó esta facultad constitucional para obligar al Gobierno a cumplir su palabra, presentando un proyecto de reforma de la Constitución sobre las tres áreas de la economía. Este proyecto, entre otras disposiciones, hacía obligatoria la dictación de una ley, específica o genérica, si el Gobierno intentaba crear el área de propiedad social con empresas provenientes del sector privado."
"Así las cosas, el Presidente se sometió a nuestro criterio y remitió a la Cámara de Diputados el proyecto de ley que primitivamente había prometido enviar. De este modo, quedó sometida a las dos cámaras una misma materia jurídica, a través de un proyecto de reforma constitucional en el Senado y de un simple proyecto de ley en la Cámara de Diputados. El asunto debió resolverse mediante la tramitación del proyecto de ley, ya que la oposición con su mayoría en ambas ramas del Congreso limitaba considerablemente la eficacia del veto presidencial, y en cuanto a la DC, se cumplía ampliamente su exigencia de que el problema se resolviera con la intervención del Parlamento, en reemplazo del procedimiento poco claro de los resquicios legales."
"Con algo no contábamos: ¡que el Diablo metiera su cola!"
"Se hizo evidente en aquellos días que a ciertos sectores de extrema derecha atraía mucho más producir un conflicto del Congreso con el Ejecutivo, por la vía de la tramitación del proyecto de reforma constitucional, lo que al final ocurrió (no obstante tratarse en el fondo de un conflicto aparente), que resolver el asunto de las áreas de la economía y de la formación del área de propiedad social, cuyo proyecto de ley, una vez aprobado en forma superficial por la Cámara de Diputados, se dejó dormir en las comisiones del Senado."
"Sin embargo, ¡el Diablo estuvo a punto de cortarse la cola! El Presidente Allende comprendió la conveniencia para él de procurar un entendimiento con los demócratas cristianos en lo tocante a la reforma constitucional y sobre todo a las otras materias socioeconómicas que contenía el proyecto. Materializando su propósito, el Presidente se puso en contacto públicamente con el senador Renán Fuentealba, Presidente de la DC. La tramitación de la reforma constitucional se suspendió en el Senado y durante 15 días (Junio de 1972), trabajando con franqueza, con empeño y con voluntad por ambas partes de arribar a resultados positivos, la DC y el Gobierno consiguieron concordar en no menos de los dos tercios de las cuestiones en debate. Por desgracia, en el Senado todo feneció."
"Recuerdo que en la sesión celebrada por el Consejo del Partido, en la que se tomó la resolución final, expresé más o menos lo siguiente: Entiendo que la DC no se encuentra en condiciones de aceptar la prórroga por cinco días del plazo acordado, que el gobierno nos solicita para continuar la búsqueda de una solución completa. Los partidos políticos normalmente carecen de capacidad para ser generosos y el nuestro no ha sido la excepción. Yo lo lamento profundamente y creo que algún día lo lamentaremos todos."
"Pensé entonces y pienso ahora que la gran responsabilidad por el fracaso de estos esfuerzos, que quedaron al borde de un resultado feliz, recayó en la intransigencia de los dos extremos del cuadro político nacional. Se manifestaba esta intransigencia en la forma cómo nos trataban a quienes éramos partidarios de luchar por los consensos mínimos los grandes medios de publicidad de la derecha, coreada también por algunos nuestros, que terminaron infectando psicológicamente el ambiente alrededor de nosotros."
"De todas maneras quedó en claro que el Gobierno y la Directiva DC de la época, demostraron tener buena voluntad para colocarse más arriba de las divergencias partidistas en favor de soluciones concretas que las grandes mayorías nacionales reclamaban con urgencia; quedó asimismo en claro por otra parte que los sectores extremistas de ambos lados, sectarios en el Gobierno y prepotentes en la oposición, inconscientemente coludidos por debajo de la lucha democrática, engendraban el confusionismo y la intolerancia que les eran indispensables para entorpecer en términos paralizantes el ejercicio de la buena voluntad y el buen sentido."
"Con posterioridad a las conversaciones fracasadas, el Gobierno motu propio remitió a la Cámara de Diputados cinco proyectos de ley concernientes a casi todas las materias debatidas, cuatro de los cuales alcanzaron a ser aprobados en general en la Comisión por asentimiento unánime. Se contó aún con los votos de los diputados nacionales pertenecientes a la Comisión. Una nueva demostración de las posibilidades de soluciones pacíficas que se encontraban vigentes a comienzos del mismo año 1973 en que se dio el golpe militar. La campaña parlamentaria durante el verano de 1973 (enero y febrero) interrumpió el estudio de estos proyectos."
"Todo podrá alegarse, en consecuencia, menos que el Presidente Allende permanecía cerrado al intento de procurar caminos pacíficos y parlamentarios para salvar la situación del país."
"Desde su cargo de Ministro del Interior, mi querido amigo Carlos Briones, encabezaba y coordinaba, con abnegado y ejemplar empeño, por petición expresa de Salvador Allende, las gestiones encaminadas a librar al país de la hecatombe. Gracias a ellas, en las antevísperas del 11 de septiembre, el Gobierno tenía resuelta la promulgación íntegra de la reforma constitucional y la proposición de una ley especial que evitara los grandes problemas que, también a juicio nuestro, iba a crear dicha promulgación en algunas grandes empresas incorporadas administrativamente al área de propiedad social. Acaso fue este plan de arreglos que, como he relatado, se cumplió en casi todos los más agudos conflictos pendientes, y no el plan Z (que según el almirante Huerta, en su discurso en la ONU, fue conocido por las FF.AA. después del 11 de septiembre), la verdadera razón que tuvieron los militares para adelantar la fecha del golpe de fuerza, determinada, al tenor de sus declaraciones ulteriores, en el breve plazo de 48 horas. El tiempo no tardará en despejar la incógnita."
Aquí terminan estos apuntes escritos por Leighton, como ya se dijo, entre el 11 de septiembre de 1973 y el 25 de mayo de 1974.
El 17 de enero de 1975 publica en la revista "Chile-América", creada en Roma en septiembre de 1974 para servir al diálogo abierto y respetuoso entre todos los sectores políticos, un artículo titulado "Una conducta demócrata cristiana ante la dictadura en Chile". (19) Entresacamos aquí algunos párrafos conexos con los apuntes ya citados, donde su autor hace también una cierta autocrítica:
"La expulsión del senador Renán Fuentealba, por acto inhumano y brutal, origina una indignada protesta suscrita por 69 senadores, diputados, dirigentes y ex parlamentarios del Partido Demócrata Cristiano."
"No es la primera vez que se formula una protesta por los demócratas cristianos que se encuentran dentro del país contra atropellos cometidos por la Junta Militar, pero parece que ésta es la que más ha impactado en el interior del territorio y con razón, porque ningún otro dirigente nacional de la Democracia Cristiana había sufrido tal vez un vejamen mayor que el aplicado a Renán Fuentealba."
"Se trata de una actitud altamente positiva que, por encima de ciertas apreciaciones muy particulares contenidas en el texto de la protesta, proporciona base adecuada para intentar reflexionar el pasado y el presente."
"Los hombres de mi generación conocimos, al comenzar nuestra actuación política, un corto e intermitente período dictatorial que no fue la sombra de una sombra comparado con el actual. Nosotros, con todo, enfrentamos aquel régimen y, junto a otros jóvenes de las más discrepantes ubicaciones políticas y doctrinarias, contribuimos clara y resueltamente a ponerle término. Gracias a esta conducta, se despertó confianza en miles y miles de chilenos, en nuestra acción y en nuestra palabra y se inició la formación de la reserva moral de la que dispusimos durante cuarenta años de la vida democrática chilena."
"A estos cuarenta años el general Pinochet los llama despectivamente las `décadas de la decadencia'. Estos cuarenta años, a pesar del juicio que merecen, estuvieron insertados en la ruta de nuestras más profundas constantes históricas, una de cuyas características fue la preservación de nuestro sistema constitucional abierto y flexible, que siempre dio posibilidad para la rectificación y para la salida pacífica. Ellos, por otra parte, constituían sumados a los casi cien años anteriores al breve intervalo dictatorial, el acervo político republicano y el prestigio de Chile en el mundo de hoy."
"Ahora bien, el general Pinochet en un discurso pronunciado en el Rotary Club, que publicó "El Mercurio" de Santiago, confesó que, con fecha 20 de marzo de 1973 y en compañía de ocho jefes militares, suscribió un documento por el cual los firmantes se comprometían a derribar al Presidente de la República, lo que significaba la destrucción inmediata del régimen de derecho existente en el país. Este documento lo suscribían cinco meses y veinte días antes del golpe militar y cuando el pueblo recién había renovado, el 4 de marzo, la mitad del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados. Conviene destacar estas circunstancias autoacusadoras para comprobar que, detrás del '11 de septiembre' existía toda una tentativa preestablecida destinada a romper la tradición chilena mediante la suplantación de la voluntad del pueblo." (20)
"Nosotros, demócratas cristianos, no fuimos jamás adoradores fetichistas de nuestro sistema constitucional que considerábamos deficiente, y por eso, durante nuestro gobierno propusimos y logramos importantes reformas; simplemente pensábamos y pensamos que nuestra larga experiencia de estabilidad jurídica era positiva, adaptable y fecunda, base insustituible para continuar la transformación y el progreso de Chile en libertad y en democracia, vale decir en dignidad cívica."
"Por tales razones, en el curso del gobierno de la UP, rechazamos desde la oposición las pretensiones extremistas de derecha e izquierda, oponiéndonos a los golpes de fuerza vinieran de donde vinieran; mantuvimos hasta el último instante, a través de la directiva o de otros personeros, (entre los que nos encontrábamos Renán Fuentealba y yo autorizados por el Presidente del Partido) un diálogo constructivo con el Gobierno, silenciado o desfigurado por la gran publicidad de la derecha, y, en el proyecto de acuerdo que aprobó la Cámara de Diputados el 22 de agosto del año 1973, nos dirigimos en primer lugar al Presidente de la República, señor Salvador Allende, reconociendo así su legitimidad de Gobernante, a fin de que rectificara su política en todos aquellos puntos que estimábamos perjudiciales para el interés nacional."
"Es cierto que, en esa ocasión, cometimos un grave error cuando dirigimos también el proyecto de acuerdo a los Ministros uniformados del Gabinete, pues este error sirvió de pretexto para presentarlo más tarde como un llamado de la mayoría de la Cámara a las Fuerzas Armadas con el objeto de que dieran un golpe militar. En cuanto a los DC, me consta que jamás tuvimos ese propósito torcido e hipócrita, incompatible con nuestros principios, con nuestras reiteradas y recientes declaraciones de aquellos días y con el texto mismo del proyecto de acuerdo según lo expresado precedentemente. Si algunos actuaron con otro espíritu lo hicieron por su cuenta y riesgo, fuera de la posición oficial del Partido. Como diputado que concurrí con mi voto a la aprobación del proyecto de acuerdo, me considero incluido en el error que cometimos todos y no tengo más remedio que aceptar que errores de esta especie fueron nuestra inconsciente contribución a la catástrofe del '11 de septiembre'."
Este escrito, que volverá a citarse después, tiene, entre otras virtudes, la de resumir su posición política y reconocer los errores cometidos, también por él, que contribuyeron, en mayor o menor medida, a prepararle el camino al régimen militar.
CAPITULO XVII
Como ya se dijo, pocos días después del golpe de estado, Leighton presenta un recurso de amparo en favor de algunos conocidos políticos del gobierno depuesto que se encuentran detenidos. Lo hace por teléfono, procedimiento poco usual, pero contemplado en la legislación. Su petición es rechazada por los tribunales, que inician así una conducta que se transformará casi en rutina. El "amparo" se dará, de hecho, al gobierno militar y no a las personas afectadas por sus actos en su libertad, en su vida y en su dignidad.
Bernardo Leighton sufre profundamente por esta situación. Al interior de su partido, que funciona en medio de grandes dificultades derivadas del "receso" decretado, participa en algunos debates destinados a clarificar posiciones y precisar las actitudes que el nuevo proceso va exigiendo.
A fines de noviembre de 1973 es visitado por el diputado italiano y Presidente de la Unión Internacional de las Juventudes Demócratas Cristianas (UIJDC), Gilberto Buonalumi. Viene a invitarlo a visitar Italia, en compañía de su esposa, con el fin de que pueda descansar un poco de una atmósfera muy difícil y, a la vez, explicar a los demócratas cristianos de ese país en forma detallada lo sucedido en su país. Le cuesta mucho tomar la decisión, pero al fin acepta. La prensa oficialista hablará después de "autoexilio". Es falso. Leighton sale de Chile temporalmente y no con el propósito de permanecer afuera indefinidamente. Piensa que debe viajar con las finalidades indicadas, sin rehuir la tarea de dar a conocer su posición cada vez que se lo soliciten gobiernos o partidos demócratas cristianos. Un ejemplo de esta actividad es el discurso pronunciado el 11 de septiembre de 1974 en Amsterdam, Holanda, en un acto donde participan representantes del gobierno y de los partidos políticos holandeses. La DC de ese país le ha pedido con insistencia que tome parte y hable. Sus breves y concisas palabras, resumen su pensamiento de ese instante. Por sus efectos posteriores se cita íntegro a continuación:
"Amigos holandeses: Sólo dos palabras para corresponder y agradecer la posibilidad de mi participación en este acto a iniciativa de los partidos demócrata cristiano y socialista de Holanda y por acuerdo de 'Chile Movimiento' y de todos los partidos políticos, fuerzas laborales e instituciones religiosas y culturales que dirigen y organizan la solidaridad del pueblo holandés con la lucha por la restauración democrática de Chile.
"Hace siete meses me alejé voluntariamente de mi país invitado por la DC de Italia y desde entonces he asumido la tarea de dar a conocer en Europa antecedentes sobre lo que ocurría en Chile hasta el día 11 de septiembre de 1973. La histórica democracia chilena fue derrocada ese día por un golpe de fuerza, sin fundamento alguno, ni legítimo, ni político, ni racional. Cayó simplemente por un asalto desesperado de violencia física. Estábamos los chilenos realizando un proceso de profundas transformaciones en todos los órdenes de la estructura nacional, comenzadas en el gobierno de la DC, del cual tuve el honor de formar parte, y continuadas, bajo principios y métodos diferentes, durante el gobierno del Presidente Salvador Allende."
"Me interesa señalar que el programa de nuestro candidato Radomiro Tomic en la elección presidencial del año 70 contenía importantes coincidencias con el programa de gobierno de Salvador Allende, que obtuvo la primera mayoría en el electorado y por quien los DC votamos en la designación que debió hacer el parlamento de acuerdo con la Constitución Política del Estado."
"Por la naturaleza y amplitud del proceso, como sucede en todas las cosas humanas, no estaba él exento de errores, y de graves errores. Pero seguía adelante y se mantenía dentro del cauce democrático donde eran posibles la discusión y la rectificación, que constituyen precisamente la esencia de la democracia y cuyo espíritu se encontraba incorporado a la tradición histórica de Chile."
"En efecto, puedo dar testimonio personal, como algunos otros de los chilenos aquí presentes, de los acuerdos concretos que estaban produciéndose entre el gobierno de la UP y sectores DC de oposición sobre soluciones para los más agudos problemas laborales, sociales y políticos del país cuando sobrevino el golpe militar."
"Por este motivo, como diputado de la DC, junto con otros parlamentarios y dirigentes de mi partido, por encima de las opiniones contrarias a la nuestra, condenamos el derrocamiento institucional tan pronto como pudimos materialmente hacerlo y rendimos homenaje de respeto al Presidente Allende por el sacrificio de su vida en defensa de la democracia chilena, en cuya barricada nosotros también nos colocamos."
"En ese día obtuvieron un triunfo transitorio ciertos poderosos intereses económicos situados en el interior y exterior de Chile, que son enemigos de los procesos de cambio social, que prefieren tratar con pueblos sometidos más que con pueblos libres y que son bien conocidos en Europa y en el mundo. Pero, esos grandes intereses del capitalismo se equivocan cuando piensan que pueden armonizar por tiempo indefinido el progreso de la ciencia y de la técnica indispensables para el desarrollo de la economía y de la sociedad, con la dictadura y con la represión, en lugar de la participación responsable y libre del trabajo organizado en la marcha y en el destino de la nación."
"A estas horas, amigos holandeses, en el transcurso de un año desde la catástrofe, Chile ha ido demostrando la fuerza de su tradición, de su dignidad y de sus organizaciones políticas, laborales, religiosas y sociales."
"A través de miles de sufrimientos, en todas ellas se ha despertado y se ha fortalecido minuto a minuto el vigor de una democracia renovada que deberá llegar."
"Cualquiera que sea el tiempo que demore, todos los hombres patriotas de mi país, desde la DC hasta la UP, como también los de otras ideologías o independientes, estamos en resistencia cívica contra la dictadura y coordinamos nuestras actuaciones políticas, sin confundirlas, con el propósito de apresurar el día de la restauración democrática de Chile."
"En esta noche, pensando con emoción en mi patria lejana, me siento sinceramente agradecido al gobierno y al pueblo de Holanda por su clara y resuelta solidaridad con la democracia chilena."
Los ataques de la prensa oficialista chilena en contra de Leighton por este discurso son un ejemplo típico de la reacción de los partidarios del régimen militar en contra de cualquier tipo de disidencia: desproporcionados, descalificantes, incapaces de responder los argumentos con argumentos. Forman parte, además, de una campaña destinada a crear una atmósfera cada vez más difícil a la DC chilena.
El gobierno dictatorial actúa en sincronización con esta tendencia, al decretar la prohibición de regresar a su patria en contra de Bernardo Leighton, frustrando así sus planes de viajar a Chile de vuelta en diciembre de 1974. Su reacción queda estampada en una declaración fechada en Roma el 9 de octubre de 1974 y que publica "Il Popolo", diario de la DC italiana, al día siguiente. Su texto dice:
"El llamado decreto del general Pinochet que prohibe mi entrada al país lo considero una medida arbitraria, puesto que yo no he hecho otra cosa que servir en conciencia los intereses de mi pueblo a través de los 44 años de mi vida pública. No es el pueblo de CHILE el que me cierra las puertas. El general Pinochet y los jefes uniformados que lo acompañan no se confunden con CHILE." (Las mayúsculas figuran en el original.)
"Agradezco sinceramente la resolución de la Unión Europea Demócrata Cristiana, especialmente a su Presidente Mariano Rumor y a su secretario general, Angelo Bernassola. Aparte de lo que ella vale para mí, constituye también una nueva demostración de solidaridad de los partidos demócratas cristianos, con mi país y con mi partido, dentro del marco de la democracia y de la libertad. Siempre han actuado con el mismo criterio de respeto a la democracia y a las instituciones de cada país."
"Como dirigente de la DC chilena, aprovecho esta ocasión para dejar establecido que así procedieron nuestros amigos de los PDC de Europa durante nuestro Gobierno y, posteriormente, durante el gobierno de Salvador Allende en que nosotros estábamos en la oposición democrática."
"Si algunos chilenos o extranjeros pensaron y obraron de otra manera, fuera de estas normas de lealtad política, con atropello a los gobiernos elegidos por el pueblo, esa actitud pertenece exclusivamente a ellos, bajo su responsabilidad personal; pero no compromete a la Unión Mundial ni a las DC de Europa y de Chile."
"En cuanto a mí, la prohibición injusta que me afecta no modifica mi posición democrática, ni mi conducta política."
Se inicia una etapa muy difícil en la vida del matrimonio Leighton Fresno. No poder regresar a la patria a la que se ha dedicado una vida entera de servicio público constituye una medida cuya crueldad no pueden medir plenamente los que nunca la han experimentado. Hemos escuchado a muchos hombres que han cambiado la cárcel por el exilio declarar su arrepentimiento. Después de sufrir el alejamiento forzado e indefinido de su país afirman preferir la privación de libertad por tiempo fijo dentro del territorio nacional.
En Leighton la tristeza y el dolor se ocultan tras una entereza moral demostrada muchas veces. Aflora, sin embargo, en ciertos detalles. Por ejemplo, se desinteresa absolutamente de todo lo que ve. Cuando lo invitan a dar conferencias o a participar en alguna mesa redonda, los organizadores procuran atenderlo a él y a su señora, que lo acompaña siempre en estas actividades, paseándolos y mostrándoles lo que hay de interés en el lugar respectivo. Visitan, invitados siempre por demócratas cristianos, España, Francia, Holanda, Bélgica y Alemania Federal. También visitan Venezuela, donde son recibidos por el Partido Social Cristiano COPEI. El actual Presidente de ese país, Rafael Caldera, los invita a cenar en su casa. (21) En todas estas partes, Bernardo Leighton expone su pensamiento e irradia optimismo y esperanza. No obstante, a la hora de distraerse y conocer, no logra interesarse por nada. Su mente y su corazón no se apartan de Chile y ahora, cuando se le prohibe retornar, su ansiedad es mayor aún.
En el artículo ya citado en el capítulo anterior, que publicara en "Chile-América", dedica también algunas líneas a otro tema que le preocupa: la conducta a seguir por los DC chilenos frente a la situación creada por el gobierno militar. Sus palabras contienen precisiones importantes para conocer su postura:
"No es el caso, sin embargo, de mirar hacia atrás sino de comprometernos, de día y de noche, en la lucha por la reconstrucción de nuestra democracia, que subsiste en el corazón de los chilenos y que fue derrotada, mas no vencida. Es evidente que cada cual tiene distinta responsabilidad, porque no ocupábamos el mismo sitio físico y político el día del golpe militar: unos éramos parlamentarios o dirigentes, otros no; a aquellos se les permite vivir en Chile, aunque sin libertad, a otros ni siquiera eso; a muchos se les impide opinar, a otros se les denigra cuando opinan. En estas condiciones pierden relevancia las apreciaciones que dividen a los DC. Llegará el tiempo en que se nos juzgue a todos. El pueblo, los partidos, los sindicatos, los tribunales, las universidades, los gremios y hasta las propias fuerzas armadas y las iglesias, dentro de sus organismos correspondientes, tendrán oportunidad para emitir su juicio. No hay premura en adelantar las cosas. Tampoco sirven para nada las discriminaciones a priori en horas como las que estamos viviendo: tan absurdo como el rechazo a todos los políticos proclamado por la Dictadura, es el repudio de todos los militares, de todos los marinos, de todos los aviadores y de todos los carabineros. El mundo sería un Edén si se pudiera juzgar por los uniformes, por las etiquetas o por las denominaciones ideológicas; desgraciadamente en opinión de los cristianos, sólo el día del juicio final (no antes) los 'buenos' estarán a la 'derecha' y los malos a la 'izquierda'..."
"Frente al criterio de las discriminaciones a priori, no hay más que un criterio razonable: el criterio de la libertad democrática, para pensar, para expresarse, para actuar. La libertad es como el aire; con sólo el aire no se vive, pero sin el aire no se puede vivir. Es muy probable que los representantes de la Dictadura misma, en su intimidad personal, echen de menos la libertad de expresión en la ciudadanía, al experimentar que la vía exclusiva de las policías secretas y de la publicidad subyugada es el peor sistema de información que pueda organizarse. No voy a caer en el candor poco gallardo de dar consejos a la Dictadura para que se porte bien, además, es un procedimiento inútil conforme se ha comprobado en la práctica."
"Los políticos demócratas no tenemos otro camino que resistir y combatir la Dictadura instaurada en nuestro país, con la palabra, con la pluma y, exceptuando el recurso de la violencia, con todos los medios que se encuentren moralmente a nuestro alcance. En el lugar en que se nos ha colocado, excluídos de todo, sin apelación y sin plazo, lo único posible es luchar hasta formar conciencia de que Chile no tiene razón alguna para permanecer amedrentado y enmudecido, contrariando su alma y su historia."
"Esa conciencia se abrirá paso entre los chilenos, si es que ya no lo tiene abierto, y penetrará algún día al interior de las FF.AA., donde habrá quienes se nieguen a continuar en el desempeño del triste papel en un pueblo, cuyos habitantes en su inmensa mayoría carecen de todos los derechos menos los de obedecer y adular."
"Considero que los DC debemos actuar en la dirección señalada cualquiera que sea el lugar en que residamos o el dolor que nos acompañe, eliminando los contactos oficiales con la Dictadura y coordinando nuestra tarea, sin necesidad de formar frentes o alianzas, con todas las fuerzas políticas y sociales que persigan la misma finalidad de restauración democrática. Dentro o fuera de Chile, al margen, insisto, de posiciones que podrán discutirse después, creo que debemos buscar la unidad en contra del régimen dictatorial, seguros de que Chile no nació para vivir como ahora vive."
CAPITULO XVIII
Al llegar a este punto, faltan las palabras. ¿Cómo relatar el hecho que estuvo a punto de cegar para siempre la vida de Bernardo Leighton y de su señora en una calle romana? ¿Cómo encontrarle una explicación lógica, tanto al atentado como al hecho de que ambos sobrevivieran porque las balas, la destinada a él y la dirigida a ella, no los mataron por tan sólo uno o dos milímetros?
Todo es misterioso aquí: el intento de asesinarlos por la espalda, como su sobrevivencia; el mal, como el bien.
Sucede el 6 de octubre de 1975. De regreso a su departamento, situado en la Via Aurelia 145, en Roma, prácticamente al lado del Vaticano, se bajan del bus a las 20,10 horas. Vienen de hacer algunas compras. Está oscuro, porque el alumbrado eléctrico, en ese punto, ha dejado de funcionar. Nadie transita por ahí en ese momento.
Una persona atraviesa entonces la calle. La señora Anita recuerda haberla visto de reojo, sin llamarle mayormente la atención. Segundos después de perderse de su vista, un disparo desde atrás lanza al suelo a Bernardo Leighton. Otro disparo, hecho igualmente desde atrás, un segundo o fracciones de un segundo después, la hiere a ella, que cae de bruces. El pierde de inmediato la conciencia y mana sangre de su cabeza. Ella no pierde los sentidos, pero su cuerpo está paralizado por la bala que ha atravesado su espalda.
Pasan minutos o segundos, sin que se sienta pasar a nadie. La pareja yace en el suelo, al lado de autos estacionados al borde de la calle, por la que pasa un tráfico todavía algo intenso. La señora Anita, con un esfuerzo inmenso, logra darse vuelta. Recién en ese momento ve a su marido. Espantada, sólo atina a llamar, gritando para pedir auxilio. Los que acuden avisan a otros, en especial a Guillermo Canessa Fresno, sobrino que vive con ellos y que los acompaña desde muy chico, como si fuera un hijo propio. Este, que ha seguido de cerca la vida de sus tíos, pero sin entrar jamás a la lucha política y partidista, pone en movimiento, con gran dominio de sí mismo, la maquinaria destinada a salvarles la vida, ante una situación que a simple vista es desesperada.
Mientras se espera a la ambulancia, que tardará bastante en llegar, empieza a juntarse mucha gente en el lugar de los hechos. Entre ellos, llegan chilenos exiliados o residentes en Italia, como también numerosos amigos italianos y de otras nacionalidades, como es el caso de un médico venezolano vecino y una secretaria suiza de la Unión Mundial de la DC. Más tarde, en la posta, los esperará un gran amigo de ambos, el sacerdote chileno R.P. Juan Vicente Gonzalez SS.CC., quien logra entrar y llegar hasta ellos a pesar de las restricciones.
La emoción, la angustia y la ira de todos es muy grande. Algunos no se contienen y comienzan airados a especular sobre el crimen y los posibles autores materiales o intelectuales. Se produce entonces un hecho cuyo recuerdo difícilmente podrá borrar el tiempo. La señora Anita, sacando fuerzas que en ese instante pareciera no tener, pide poner fin a estas suposiciones diciendo: "¡Cálmense! Este no es el momento de juzgar. Por mi parte, pido a Dios que perdone a los que han atentado contra nosotros." Como nos cuenta después, en su intimidad tiene la certeza de haber interpretado también plenamente a su marido.(22)
Un silencio respetuoso, se hace en torno a ellos. ¿Qué se puede agregar después de esto? ¿Qué sentirán los autores materiales y, si los hubo, los autores intelectuales, frente a estas palabras? La señora Anita, en breves frases dichas en un instante dramático y único, encarna otra de las dimensiones de sus vidas que siempre los ha acompañado, pero que aquí se revela con la fuerza que le da la situación: la fraternidad cristiana vivida hasta el heroísmo, capaz de perdonar hasta en el momento de la mayor ofensa, cuando manos asesinas acaban de intentar quitarles la vida misma.
Este espíritu se refleja en cada línea de la carta que ambos le dirigen a todos los amigos que les escribieron o les manifestaron su apoyo después del atentado. Redactada en abril de 1976, cuando se encuentran ya más recuperados, su texto es un ejemplo macizo y emotivo del espíritu profundamente cristiano de ambos:
"Queridos amigos de ayer y de hoy:
"Centenares y centenares de hombres y mujeres de los más diversos orígenes, conocidos y desconocidos, de diferentes nacionalidades y actividades individuales y colectivas, han tenido con nosotros la bondad de escribirnos por tarjetas, cartas, documentos, telegramas o cablegramas después del 6 de octubre del año pasado o con ocasión de Pascua o Año Nuevo, para expresar su adhesión y sus nobles afectos contra el atentado de aquel día en que Dios nos salvó la vida.
"Todas las comunicaciones las hemos leído a través del tiempo en cuyo transcurso hemos ido mejorando la salud, gracias a que muchos médicos (entre ellos el Dr. Riccardo Brizzi, italiano, y el Dr. Alfonso Asenjo, chileno), técnicos y cooperadores nos han entregado con la más grande generosidad su ciencia y su bondad para concedernos la posibilidad de leer paulatinamente los textos que hemos recibido.
"Los autores de estos textos nos han hablado de su pueblo, de su tierra, de sus clases sociales, de sus familias, de sus problemas, de sus hijos -incluso a un niño le pusieron nuestro nombre-, y nos han entregado sus angustias como las nuestras y su confianza en la lucha leal.
"La actitud de cada uno de Uds., nos ha hecho conocer y amar de nuevo el fondo de la vida humana por encima del riesgo que sufrió la nuestra y cuyos efectos todavía en particular perduran en Anita.
"Las comunicaciones enviadas por distintas personas demuestran la extraordinaria voluntad que anhela en todas ellas de abandonar la violencia y retornar a la justicia, a la libertad y a la paz, especialmente en el interior de nuestra patria del alma. Vemos la misma actitud aquí en Italia, donde hemos vivido invitados por la DC y atendidos conjuntamente por las más diversas organizaciones públicas o privadas, religiosas o políticas, desde hace más de dos años.
"El mismo espíritu que crece en nuestro Chile vive en otros pueblos de este tiempo, también en miles de demócratas, transformadores y cristianos de Europa, incluyendo a España, y de otros países de América, que refuerzan su democracia y su independencia nacional.
"Nosotros agradecemos a todos, desde el fondo de nuestra existencia y de nuestra esperanza en el mundo de hoy y de mañana.
"Saludos de amistad y de cariño."
ANITA FRESNO DE LEIGHTON
BERNARDO LEIGHTON
Puede que el lector quiera saber más detalles sobre el atentado contra las vida de Bernardo Leighton y de Anita Fresno. Ha leído con seguridad sobre el "caso Letelier". Espera saber más sobre el "caso Prats", envuelto aún en el misterio. Desearía informarse también sobre este "caso". Hay paralelismos evidentes y quisiera indagar más.
No podemos aquí, en esta ocasión, satisfacer su curiosidad. La justicia italiana todavía investiga el hecho y sus circunstancias. Por lo que se sabe, su ritmo es lento, pero seguro y no abandona su confianza en que descubrirá la verdad completa de lo sucedido.
Por su parte, el matrimonio Leighton-Fresno no busca el castigo de los culpables, donde quiera que se encuentren. Sólo anhelan que no se repita con otros lo que les ha pasado a ellos.
Por todo esto, este es un capítulo breve en este libro, pese a ser el más dramático en su contenido. (23)
CAPITULO XIX
Retornar a Chile es una meta que se traza Leighton desde el mismo día en que se le prohibe hacerlo. El atentado posterga muchos esfuerzos en esa dirección, porque la convalecencia es larga y es recomendable someterse a tratamientos médicos en Italia.
Lograda cierta mejoría, mucha gente que visita al matrimonio percibe su íntimo deseo de retornar lo antes posible a su patria. Comienzan así a desarrollarse numerosas gestiones privadas, no pedidas por Leighton y su señora. No obstante, cierta prensa oficialista procura sacar partido publicitario de las mismas. Incluso se da por hecho que es Leighton mismo el que está "solicitando permiso" para regresar. Esto mueve al aludido a formular el 5 de junio de 1977 la siguiente declaración:
"En relación a informaciones de prensa y de agencias cablegráficas en que se afirma que yo habría pedido autorización a la Junta Militar de Chile para regresar al país, debo aclarar que no he formulado tal petición ni directa ni indirectamente. Es cierto que mi esposa y yo hemos manifestado muchas veces nuestro deseo de volver, pero no hemos hecho petición alguna en tal sentido. Por su propia iniciativa otras personas o entidades han solicitado que se autorice nuestro regreso. Agradecemos su gesto comprensivo hacia nosotros, pero ellas no han actuado en nuestra representación ni por petición nuestra. Cuando nos han informado de su actuación y de los compromisos y solicitudes que deberíamos suscribir para regresar, les hemos manifestado que no aceptamos tales exigencias. Hasta este momento no tenemos nada más que declarar, porque no sabemos nada concreto sobre las informaciones atribuídas a fuentes de la Junta Militar en esta materia." Roma, 5 de junio de 1977. BERNARDO LEIGHTON."
El regreso a Chile del abogado y ex-Ministro de Justicia Jaime Castillo Velasco, expulsado del país en forma violenta y vejatoria por el régimen militar, abre la esperanza de poder hacer lo mismo de manera semejante. Sin someterse a ningún tipo de compromiso, Leighton escribe desde Caracas, Venezuela, el 25 de abril de 1978, la siguiente carta:
Señor
Sergio Fernández (24)
Ministerio del Interior
Santiago - CHILE
Señor Ministro:
Expreso a usted mis deseos de regresar a Chile, junto con mi esposa, después de largos años de ausencia.
Muchas veces hemos manifestado este profundo sentimiento y espero que no existan obstáculos para realizarlo ahora, dentro del marco de las actuales condiciones conocidas.
Nuestra residencia permanente se encuentra en Roma, ciudad a donde debemos volver en los próximos días.
Atentamente
BERNARDO LEIGHTON
Poco días después de regresar a Roma, el 13 de mayo, llega la noticia de que se autoriza el ansiado retorno a Chile. La alegría es inmensa. Cuenta la señora Anita que al salir pocos días después con su marido a recorrer Roma, le escuchó exclamar por primera vez: "Mira, qué hermosa está Roma". Hasta entonces, su estado de ánimo, como ya se dijo, le impedía admirar la llamada Ciudad Eterna y los demás sitios visitados por ambos. Ahora, despejado el obstáculo que oprimía su alma, Leighton recupera su sensibilidad y expresa sus impresiones espontáneamente.
El regreso se produce rápidamente. El 19 de junio de 1978, esperados por una multitud de amigos que ha acudido al aeropuerto de Pudahuel, Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno pisan de nuevo la tierra de su patria. Al descender de la escalerilla del avión, en un gesto que ve muy poca gente, Leighton no resiste el impulso y besa el suelo chileno.
Desde entonces, viven de nuevo entre sus amigos y familiares.
Sunday, July 30, 2006
CAPITULO XX
El retorno se produjo, pues, en junio de 1978. El matrimonio Leighton-Fresno vive primero en la calle Lota con Lyon de la ciudad de Santiago. Es allí donde se graban las conversaciones que sirvieron de fuente, virtualmente principal, a este trabajo. Se trata, en todo caso, de un lugar transitorio, al igual que otra casa, situada en Hamburgo, donde viven por otro período. La meta es volver a la casa propia, cosa que logran por fin. Ubicada en Martín de Zamora, lleva curiosamente el mismo número de otra casa, la del Comandante en Jefe del Ejército, que está a pocas cuadras de allí en Presidente Errázuriz 4240, y que hoy habita el General Pinochet. Esta vecindad, por cierto, es pura coincidencia.
La vida de Leighton durante este último período constituye un testimonio de presencia silenciosa, pero activa y eficaz. Vive preocupado de todo lo que sucede en Chile. En la mañana escucha las noticias sintonizando, alternativamente, las radios Chilena y Cooperativa. Después lee "El Mercurio" y las revistas. Desde las 11 de la mañana recibe amigos, habla por teléfono o sale de la casa a hacer compras o a cumplir algún compromiso. Después de almuerzo duerme un rato corto, a veces demasiado breve, para continuar recibiendo gente o haciéndose presente en actividades que le interesan.
Esta asistencia a diversos acontecimientos no es casual. Leighton estimula con su presencia muchas iniciativas. Asiste a las Semanas Sociales organizadas por la Iglesia Católica. Va a misa los domingos, en compañía de su esposa, a la Parroquia Universitaria, donde se encuentra con conocidos y mucha juventud. Visita amigos encarcelados y casi siempre logra romper el hielo de los gendarmes y carabineros que lo reconocen y recuerdan. Busca la conversación con todo el mundo, de izquierda a derecha, de oposición a gobierno. Su propósito es tender puentes que conduzcan a la democracia. No condena a nadie y se niega sistemáticamente a buscar culpabilidades sobre esto o aquello. "Partamos del hoy y miremos hacia adelante" repite constantemente. Y añade con vehemencia: "A partir de lo que existe en este instante, tratemos de avanzar juntos hacia la democracia. No nos enredemos en debates secundarios o prematuros. Todo a su tiempo. Ahora lo que importa es recuperar la democracia con todos los que quieran eso. Si algunos después quieren otra cosa, ahí se verá, pero eso no tiene importancia para la batalla de este momento."
Ha conversado con algunos hombres de gobierno que han aceptado visitarlo. Siempre afable y comprensivo, ha tratado de hacerles ver el error de querer seguir gobernando al país basados en el imperio de las armas. Les ha hecho ver el daño moral que eso significa para la nación y la necesidad de tomar conciencia de que las fuerzas armadas no tienen la misión de gobernar al país ni de actuar como virtuales "ocupantes" de su territorio, sino de defenderlo eficazmente de las amenazas externas y de participar en las tareas del desarrollo que les sean asignadas por las autoridades civiles. Les ha dicho que no econtrarán espíritu de venganza en el pueblo chileno, que él conoce muy bien, pero sí una legítima demanda por justicia en los casos donde ésta deberá actuar si se quiere recuperar la paz interna de la sociedad chilena. Una prolongación indefinida del camino actual le parece suicida para Chile y de costo inimaginable.
No ha vuelto a salir del país. En el fondo de su alma, no le interesa mucho. Además, no quiere abandonar por un instante a su señora esposa, nunca recuperada plenamente de las secuelas del atentado. Ha sido invitado a viajar, pero siempre ha rehusado. Chile es el único lugar de la tierra donde se siente plenamente a gusto, en lo suyo. Este sentimiento se palpa en todas sus actitudes a través de mil detalles. Su identificación con todo lo chileno es absoluta.
En su servicio a Chile, Leighton valora con su palabra y con sus gestos a la Iglesia Católica y al Partido Demócrata Cristiano.
A la Iglesia la ve no sólo como el lugar donde él practica su fe religiosa desde siempre, sino como actora viva y trascendente de la historia nacional. Cultiva la amistad con muchos hombres de Iglesia, de mayor o menor jerarquía, y dialoga personalmente con ellos. Tiene plena conciencia de las limitaciones que tiene la Iglesia para intervenir en los asuntos políticos, pero también conoce sus posibilidades, nada despreciables, de influir en ellos. En 1984 integra gustoso, junto al Cardenal Raúl Silva Henríquez y otras personalidades chilenas, el Comité que convoca a la Jornada por la Vida, llevada a cabo el día 9 de agosto. Cuando es nombrado Cardenal Monseñor Juan Francisco Fresno, primo hermano de Anita Fresno de Leighton, va con ella a esperarlo al aeropuerto y, de acuerdo al protocolo, como ex-Vicepresidente de la República, lo saluda inmediatamente después que el Nuncio Apostólico de la Santa Sede, Monseñor Angelo Sodano, que encabeza la fila. Ha saludado con alegría el esfuerzo por la reconciliación de los chilenos emprendido por todo el Episcopado. Se siente plenamente identificado con el mismo. Es por lo demás, desde siempre, "su" línea.
El Partido Demócrata Cristiano constituye su otra gran preocupación. El mismo día en que va a esperar a Fresno, sigue a continuación camino hacia Punta de Tralca, donde se lleva a cabo la Primera Junta Nacional de su partido desde mayo de 1973. Quiere estar presente allí y manifestar su opinión, a lo menos ejerciendo su derecho a voto. Puede decirse que ha seguido "haciendo política" desde que llegó a Chile, pero en su estilo "de bajo perfil". Esto significa que evita los discursos y las actividades públicas propias de períodos no autoritarios. Pero no deja un instante de estimular la formación política de la juventud, de fomentar el diálogo interno y externo a la DC, ni de aplaudir las luchas que se dan por medios pacíficos en los diversos frentes de la vida nacional. A raíz de la elección interna de dirigentes máximos del PDC, que culmina en Punta de Tralca en la ya mencionada Junta Nacional, acepta que se lleve a efecto en su casa un debate entre representantes de las tres candidaturas que se presentan. Se realiza con la presencia de 25 militantes de base, que se informan directamente de los planteamientos que están en juego. Es su contribución a la práctica de la democracia interna, que el PDC empieza a desarrollar nuevamente, en medio de las dificultades que pone el régimen y que durante casi diez años la hicieron virtualmente imposible.
La DC, como un todo, no queda indiferente ante este hombre público cuya trayectoria ha sido relatada en estas páginas de modo necesariamente sintético. Desde su retorno a Chile va tomando conciencia paulatinamente, de que le debe mucho a Leighton, desde una conducta rectilínea hasta su testimonio personal de coraje cívico que casi le costara la vida a él y a su esposa. Es demasiado para no hacer algo que exprese su agradecimiento. Es así como el 29 de julio de 1984 el Partido Demócrata Cristiano le rinde homenaje público a Bernardo Leighton. Lo hace en el viejo y tradicional lugar de muchas concentraciones de la DC a lo largo de su historia, en el teatro Caupolicán, que se llena para vivir horas de intensa emoción. Se cumplen 27 años desde que fuera fundada la Democracia Cristiana, formada por la fusión de la Falange Nacional, el Partido Conservador Social Cristiano, el Partido Nacional Cristiano y algunos grupos proveniente del Agrario Laborismo, que venía disolviéndose después de apoyar a Ibáñez en su segundo gobierno. Han sido tiempos tormentosos los que ha debido vivir, que pasan por circunstancias muy variadas donde se conoce el triunfo y la derrota, los desgarramientos y las convergencias, la agonía y la resurrección. De todo eso ya se ha hablado un poco aquí y todo eso está presente cuando Leighton sube al estrado a agradecer el homenaje, en el que después hablará Gabriel Valdés en nombre de todo el partido.
Los asistentes no contienen sus sentimientos. De pie aplauden con un nudo en la garganta. Ahí está, ante ellos, su figura sencilla y solemne, dramática por muchos conceptos, pero que sigue irradiando bondad, alegría y esperanza. Se le ve débil, frágil y de edad. Sin embargo, misteriosamente, se le siente joven, decidido y luchador incansable.
Por fin cesan los aplausos y todos toman asiento. Quieren oir a Leighton de nuevo, ¡por primera vez de viva voz en un discurso público pronunciado en suelo chileno desde 1973! Sus palabras constituyen el mejor fin imaginable para este trabajo que contiene apenas unas pocas pinceladas sobre su vida. He aquí lo que él dijo:
"Querido Presidente Gabriel Valdés, queridas amigas y amigos:
"Agradezco conmovido el homenaje público que me rinde mi partido y, en nombre también de Anita, lo acepto. Acepto este homenaje por un motivo muy distinto a la vanidad personal que pudiera pensarse por algunos."
"Esta ocasión me permite volver a dirigirme a miles de compatriotas para traerles un mensaje de fe en los valores democráticos y de esperanza de que su lucha será recompensada. Toda mi vida luché por ampliar y fortalecer la democracia de mi patria. Alguien podría pensar: ¡entonces Leighton fracasó!
"Pues no, mis amigos."
"Porque si esta mañana estamos aquí es gracias a la fuerza. ¡A la fuerza de ese pasado democrático que se abre paso a pesar de todo lo que se ha hecho por negarlo y cancelarlo! Mi lucha no fue la de un hombre solo. Milité en un partido que nació pequeño y que terminó siendo la expresión mayoritaria del país: el Partido Demócrata Cristiano. Formo parte de su grupo fundador. Conservo unas fotografías tomadas en 1935, el día de su fundación. Ahí se pueden ver los rostros jóvenes, apenas salidos de la adolescencia, de Manuel Garretón, de Ignacio Palma, de Radomiro Tomic, de Eduardo Frei. También estaban con nosotros don Horacio Walker, don Rafael Luis Gumucio, y su hijo, Rafael Agustín."
"Recuerdo ese día como si fuera hoy. Nos animaba el deseo de organizarnos para ser más eficaces. Más eficaces en la lucha porque Chile se sacudiera viejos moldes y creciera. Creciera en lo económico, pero sobre todo en lo político, en lo social y en lo cultural".
"Creíamos que la gran tradición republicana del siglo diecinueve, había sido justamente la capacidad demostrada entonces por quienes dirigieron el país, de establecer formas democráticas de gobierno en una época en que América Latina no conocía sino caudillos, dictadores e interminables guerras fratricidas."
"Pero no bastaba con sentirnos orgullosos de la tradición. Para ser fieles a ella era necesario ensanchar y profundizar el edificio democrático. Para eso nacieron la Falange primero y el Partido Demócrata Cristiano después. Para eso hicimos gobierno con Eduardo Frei a la cabeza. Para eso estamos hoy aquí, en medio de todas las dificultades, dando testimonio ante la nación entera."
"El día que fundamos la Falange, hablaron don Rafael Luis Gumucio y Radomiro Tomic. Don Rafael Luis, que ya estaba delicado de salud, se sintió mal durante el discurso y dijo: `¡Qué importa que un corazón viejo y enfermo deje de latir, si hay miles y miles de corazones jóvenes que seguirán latiendo!' Radomiro cerró sus palabras diciendo: `¡Patria nuestra, Patria nuestra, con tu nombre en el pecho se ha puesto de pie una juventud!'
"Dije antes que recuerdo ese día como si fuera hoy."
"Me equivoqué: ¡ese día ES hoy!"
¿Puede haber un discurso más emocionante y bello que éste? En estas brevísimas palabras, Leighton sintetiza todo lo importante de la vida y misión de la DC chilena. A la cabeza de todo, su fe en los valores democráticos y, muy poco después, la tarea permanente de la DC: "ensanchar y profundizar el edificio democrático". El fundamento: un país con una historia predominantemente democrática, capaz de resolver sus conflictos, propios de toda sociedad viva, en forma ordenada y civilizada. La tarea inmediata dentro del contexto dictatorial: la misma de siempre, esto es, luchar sin violencia por restaurar el régimen democrático como primera y casi única prioridad. El instrumento decisivo para contribuir a ello: la DC, ayer y hoy.
Leighton continua participando discretamente en la vida partidista. Se alegra serenamente cuando el general Pinochet pierde el plebiscito del 5 de octubre de 1988 y se siente plenamente confirmado en su visión política y en la estrategia siempre predicada por él, de presión no-violenta sobre los acontecimientos, para encaminarlos en una atmósfera constructiva hacia la meta anhelada de restauración de la democracia. Cada vez que sus fuerzas se lo permiten se hace presente. Al cumplir ochenta años sus amigos le rinden de nuevo homenaje, expresándose lo que todos sienten por él a través de dos compañeros de su juventud: Radomiro Tomic y Jorge Rogers. No oculta su alegría en ese momento, ni tampoco cuando poco después se produce el categórico triunfo electoral de Patricio Aylwin el 11 de diciembre de 1989. Cuatro años más tarde, todavía celebra otro nuevo triunfo: el de su ahijado Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien llega a la Presidencia de la República con un apoyo tan grande, que incluso supera en algunos puntos al de su padre y al de Aylwin, que en su momento obtuvieron grandes victorias, cada una casi sin precedentes. Percibe con todos estos hechos y lo subraya en sus conversaciones, que Dios le ha dado el privilegio de ver realizado mucho de lo pensado y creído por él. Se siente feliz. Aunque su salud muestra a veces debilidades, sigue insistiendo que su único dolor y sufrimiento se lo proporciona el hecho de que su esposa haya sido también víctima del atentado de 1975 y que haya quedado con secuelas permanentes. Cuando nos habla de esto en privado, casi siempre se le nubla la vista y se le quiebra la voz.
Sus últimos años son de vida hogareña, de recuerdos y de incontables manifestaciones de afecto. Mucha gente, de las más variadas condiciones, lo aprecia, lo quiere y, cuando puede, se lo hace sentir. A veces le cuesta reconocer a sus amigos, porque la memoria, que siempre le ha hecho algunas malas pasadas, va decayendo poco a poco. Pero siempre, con buen humor y algo de paciencia consigo mismo, logra ubicarse y entablar la conversación.
El día 26 de enero de 1995, a las 4 de la madrugada, Leighton fallece de un ataque al corazón a la edad de 85 años cumplidos.
CAPITULO XXI
Juan Tejada, diputado comunista, exiliado y trágicamente muerto en un incendio en Viena, le escribe el 8 de julio de 1969 un pequeño poema, medio en serio, medio en broma:
"Visto de frente, Bernardo,
tienes un aire abacial;
mas exhibes de perfil
un gesto presidencial,
que preocupa más a Tomic
que el mismo juicio final.
Dejo constancia del hecho
para bien o para mal."
Camilo Salvo, diputado del Partido Radical, le envía el 6 de octubre de 1970 la siguiente nota:
"Hermano: reciba Ud. las felicitaciones más cordiales por su brillante desempeño en la última Junta Nacional de la Democracia Cristiana. Su claro planteamiento ayudará a que este país siga desarrollándose bajo el sistema democrático. Atentamente. Camilo Salvo.
Otro diputado comunista, Orlando Millas, le dirige el 30 de noviembre de 1971, estas líneas:
"Bernardo: El domingo, como ya conocía las "tres" bandas (se refiere a un programa de debate pluralista que tenía Televisión Nacional de Chile), escuché "A esta hora se improvisa" (programa de debate amplio que dirigía en Canal 13 de la UC Jaime Celedón). Creo que lo dicho por tí es respetable. Tomé nota de ello con mucho interés. Muchos han hecho lo mismo. Sé, por ejemplo, que el propio Presidente se interesó en obtener una versión de tus expresiones. No es sólo de los partidos de gobierno el deber -que por nuestra parte no eludimos- de buscar soluciones democráticas y no darles en el gusto a los antidemocráticos. Te felicito afectuosamente por tu elección como vicepresidente de tu partido. Orlando Millas."
Radomiro Tomic, su amigo y camarada de toda una vida, le manifiesta el 30 de junio de 1972, después de un debate interno de la DC:
"Querido Bernardo: tus palabras elevaron como 'un golpe de ala' el debate en el último Consejo. Le dieron el marco de trascendencia moral y de nobleza de visión y de propósitos sin los cuales 'hacer política' es apenas servir intereses, cálculos, ambiciones, pasiones y mezquindades, personales y colectivas. En ambos casos el resultado negativo y deprimente es el mismo. Gracias a tí los 'viejos' y los 'nuevos' volvimos a encontrar el espíritu de la Falange. ¡Felicitaciones y agradecimientos! Un abrazo. Radomiro Tomic."
Eduado Frei Montalva, también amigo y compañero de mil luchas, le escribe en tono solemne, no habitual en el trato personal entre ellos, después que Leighton lo ha defendido de ataques lanzados en su contra:
"Don Bernardo: 'Siempre noble, leal y valiente'. ¿Qué más puedo decirle? ¡Gracias! Eduardo Frei M. 13 de diciembre de 1972."
Luis Maira, diputado de la lzquierda Cristiana, le escribe el 5 de marzo de 1973, o sea, al día siguiente de haber sido reelegido Leighton diputado por Santiago:
"Don Bernardo: Me permito hacerle llegar un ejemplar del libro que he editado con mis artículos de prensa. Quiero manifestarle que he sentido su victoria como propia y nos ha alegrado el alma a mi mujer y a mí. Sólo cuando se producen respaldos como el que Ud. ha recibido luego de una campaña pobre y honesta uno puede estar tranquilo de que todo no esta perdido para el PDC y que los años de militancia allí tenidos no constituyen una etapa de la que tengamos que arrepentirnos. Lo saluda fraternalmente. Luis Maira."
Otras cuatro tarjetas de colegas de la Cámara que no llevan fecha, merecen citarse:
"Bernardo: Me recordaste a don Horacio. Scarella." (Reacción del diputado Aníbal Scarella, del Partido Nacional, después de una intervención de Leighton, que le hace recordar a don Horacio Walker).
"Bernardo: Muchas gracias. Una de las cosas que me unen a tí es la hombría, unida a la honradez. Tu afmo. Luis Undurraga." (Diputado del Partido Nacional, a raiz de otra intervención de Leighton).
"¡Valía la pena la espera! No quedamos frustrados. Sus ex-intendentes." (Los que así firman son los diputados demócratas cristianos Claudio Huepe, Sergio Saavedra y Eduardo Tudela, que fueron intendentes de diversas provincias cuando Leighton era Ministro del Interior. Comentan un discurso de éste, que se hizo esperar en la Cámara de Diputados).
"Bernardo: Esta sesión y por muchas razones ha sido una de las más brillantes y tu intervención honesta, clara, sincera y de gran vuelo, fue, como dijo alguien, una clase magistral. Me alegro porque muestras el verdadero rostro de esta Cámara y porque una vez más una actitud tuya justifica el respeto que te tienen tus conciudadanos. Antonio Tavolari." (Diputado del Partido Socialista).
Para terminar, quizás el testimonio de su amigo Rafael Agustín Gumucio, dado en París, sea el más completo. A la pregunta del periodista, "de los muchos personajes que usted ha conocido en su vida, ¿cuál le ha impresionado mejor y más profundamente?", contesta:
"Me ha impresionado permanentemente desde mi juventud Bernardo Leighton. Ha sido un hermano para mí. Conozco su vida al detalle, tenemos la misma edad y recorrimos juntos un largo trecho de nuestro camino ya largo en la vida. Es el político chileno que mayor admiración me produce por su pureza y consecuencia. Creo que Bernardo es de una tranquila valentía, de una honestidad a toda prueba, de una entrega a su causa y a su país digna de un espartano. Cuando se repuso del atentado que casi le costó la vida y que dejó inválida a su inseparable y magnífica compañera, volvió a sus actividades como si nada hubiese pasado. Y sigue en ellas. No hay dictadura ni violencia alguna que pueda con él. Es el más porfiado de los hombres íntegros que yo he conocido."
EPILOGO
A nuestro juicio, Leighton nos ofrece un legado que conserva, hoy más que nunca, su plena vigencia. En breves líneas deseamos aquí resumir lo que juzgamos principal.
Fe democrática. Este es el eje central que preside todo lo demás. Sólo dentro de la democracia cree posible llevar a cabo el desarrollo y el progreso del país. Al prohibírsele el regreso a Chile, el autor de estas líneas le envió una carta de solidaridad. Al responder, Leighton expresó una idea que se refiere a este tema y que arroja mucha luz en relación con su conducta permanente. "Tus palabras tan cariñosas y solidarias", dijo, "nos han traído a Anita y a mí el aliento de la amistad firme y noble en horas amargas y oscuras para la democracia chilena que nosotros sufrimos como si se tratara de nuestras personas." Difícil encontrar una manifestación más elocuente de adhesión a una idea. En efecto, ella aparece tan encarnada en el espíritu y en el ser del matrimonio Leighton-Fresno, que sus dolores y tropiezos en la vida real son experimentados como dolores y tropiezos sufridos por sus propias personas. En esta materia, la vida de Bernardo Leighton da un testimonio rectilíneo, cuyas etapas principales ya hemos visto.
Al servicio de la justicia. El marco democrático es necesario para poder luchar con éxito por condiciones más justas de vida para las grandes masas asalariadas y proletarias del campo y de la ciudad. En toda su vida política, Leighton jamás ha utilizado la democracia para defender a los poderosos. Al contrario, siempre ha estado al lado de los mas débiles. Todos los desarrollos teóricos que ha hecho (no muchos, porque era un hombre más de hechos que de abstracciones), han tenido como objetivo el mejoramiento de la situación de los más pobres y desamparados dentro de la sociedad chilena. Su propio ingreso definitivo a la política surge cuando constata por sí mismo, como hemos visto, una vinculación directa y clara entre injusticia y dictadura, que lo impulsa a luchar por la democracia como una forma de poder alcanzar la justicia. Recién llegado a la Cámara de Diputados por primera vez, expresa en una intervención su temor de que la democracia no sirva a la justicia: "Tememos", dice, "que nuestra democracia no llegue a ser para los pobres, para los trabajadores, nada más que una palabra". Por eso, se consagra a darle a la democracia ese contenido sin el cual podría convertirse en una palabra vacía.
Sentido de la realidad. Leighton no cae en el angelismo o en el purismo del que nunca aterriza a resolver los problemas concretos de la tierra. Toda su acción está impregnada de un gran sentido práctico, que busca en cada situación las soluciones posibles o viables. Su diferencia con el pragmático puro está en la orientación de su búsqueda. Ella jamás está desvinculada de todo valor o principio. Procura no practicar jamás el amoralismo en la acción, que suele terminar siendo un inmoralismo puro y simple, oculto bajo el manto de la neutralidad, la explicación tecnocrática o la solución científica única. Su acción está claramente impregnada de una orientación. Sabe que no llegará en cada caso a la solución ideal. Eso no lo inhibe a actuar. Con pasión procura acercarse lo más posible a la meta óptima.
Mediador de conflictos sociales. Leighton demuestra a lo largo de toda su vida, que dentro de la democracia todos los conflictos sociales pueden ir siendo resueltos, en la medida en que haya voluntad de todas las partes de llegar a arreglos razonables. Intentando siempre dar el ejemplo, es un mediador personal de conflictos sociales. Se le ve innumerables veces proponiendo soluciones, obteniendo en la práctica éxitos muy grandes. Suele despertar la confianza entre todas las partes, obtenida a través de la franqueza y un estilo directo de enfrentar los problemas. Tiene capacidad para objetivar las situaciones, despojándolas de subjetivismos y emociones distorsionantes. Su manera sencilla, campechana, comprensiva, exenta de dobleces, le da una autoridad tremenda. Incluso enfrentado a las masas, que reaccionan normalmente en forma muy irracional, les dice todo lo que piensa, contrariando muchas veces el pensamiento impuesto en el ambiente por las consignas y los agitadores. Logra imponer siempre un gran respeto hacia su persona y los planteamientos que expone.
Contrario a las dictaduras de todo tipo. Visceralmente partidario de la democracia, sus críticas a las dictaduras fluyen como una consecuencia lógica. Leighton no hace distingos entre dictaduras buenas y malas, según el color que tengan y las finalidades que persigan. Su visión va más allá de esas circunstancias: todo poder sin control está condenado a caer en perversiones políticas contrarias al ser humano. La dictadura es para él en el fondo eso: el uso de la fuerza sin autoridad que la ligitime, sin contrapesos, sin control. Se emplee en nombre de quien sea, la dictadura es un mal, porque la falta de control democrático hace imposible garantizar que los fines que se invocan se cumplan. Más aún, la naturaleza humana, caída para los cristianos y débil sin disputa para los no cristianos, tiende al abuso de sus derechos, cuando éstos no tienen límites ni controles. El poder dictatorial no escapa a esta regla. Leighton acusa por esto a Stalin como a Franco, Hitler como a Mussolini. Su crítica no entra al problema del régimen económico-social, sino que se mantiene en el presupuesto que para él es previo: las reglas de juego políticas. Si ellas son democráticas, está dado el primer paso para poder llevar a cabo los otros. Si son dictatoriales, hay que luchar contra ellas con primera prioridad, antes de hablar de los otros aspectos. Varias veces analiza con admiración algunas experiencias económicas donde se ha alcanzado una mayor igualdad que la existente en muchos países capitalistas o democráticos. Pero advierte de inmediato que tienen un valor limitado si no avanzan hacia la democracia real, no sólo económica, como pretenden muchos totalitarismos de izquierda, sino también política.
Uso preferente de "medios pobres". Resalta en la acción de Leighton una cierta opción por el empleo de medios despojados de todo aparato excesivo. La distinción entre medios "pobres" y "ricos", que ya hicimos al mencionar su campaña electoral de marzo de 1973, pertenece a Maritain, de tanta influencia en la generación fundadora de la DC chilena. Este gran pensador francés recomienda a los cristianos el uso de los primeros, como más conformes con el espíritu de su doctrina y de una eficacia más sólida, pese a las apariencias. La conducta de Leighton parece adecuarse a esta norma con suma facilidad y convicción. Hay en este aspecto algo muy profundo, relacionado con su forma de ver el poder. Para Leighton no nace jamás de la fuerza, sino de la autoridad que se tiene en virtud de un mandato del pueblo y del ejercicio desinteresado de la misma. El poder no pertenece en la tierra a nadie por sí mismo. Es un servicio a prestar a la comunidad para cooperar en su organización pacífica y ordenada, a fin de que permita el mayor grado posible de realización personal de cada uno de sus miembros. A fin de acentuar este carácter de servicio que tiene el poder, Leighton escoge los medios más sencillos. El contacto directo, el diálogo, la persuasión, forman parte de su manera de hacer política. En los conflictos, que no elude, recurre a la palabra oral y escrita, al testimonio personal y al sacrificio de sí mismo. Usa por tanto, la presión moral, pero renuncia en la teoría y en la práctica al recurso de la violencia. Es un luchador no-violento. Contra todos los pronósticos pesimistas, reflejados a veces en ciertas burlas que contra él se lanzan, no titubea en el camino escogido. Observando su trayectoria, hay que reconocerle resultados concretos que avalan su visión y su manera de actuar.
Mucho más podríamos agregar y aún entonces no agotaríamos el tema. Por ahora al menos, debemos concluir. Digamos, por eso, lo que a nuestro juicio más importa para el momento actual.
Por encima de todo, Leighton es hoy para los chilenos, una presencia democrática y cristiana en una sociedad muy profundamente herida, donde los valores que dicha presencia encarna se encuentran opacados, ahogados y hasta conculcados. Poder llamar "hermano" a un político como él, abre ya una luz de esperanza.
¿NUEVO EPILOGO? O ¿NUEVO COMIENZO?
Fue un hombre de esos que pasan pocas veces por la vida de los pueblos. Con vocación de servicio inspirada en Jesús de Nazareth y con gran religiosidad en su vida personal, no predicó con las palabras, aunque las haya usado con frecuencia, sino con el ejemplo permanente y abundante, practicado hasta el heroísmo, con pasmosa sencillez. Personalmente he llegado a la convicción de que conocimos a un auténtico santo, a la altura de los mejores que han llegado a los altares. Un santo laico, un santo en la política, probablemente como lo fue Tomás Moro en su tiempo, que fue proclamado santo por la Iglesia. No por casualidad surgió y se popularizó la imagen del "hermano". Ella fue acogida como exacta descripción de lo que irradiaba su persona. Fue hombre de fe y de infinito amor. Amó profundamente a su esposa y en la desgracia la cuidó con gran cariño y dedicación, sólo comparables a los demostrados por ella hacia él. "Mi único sufrimiento es la Anita", me dijo una vez, "porque no tenía por qué haber sido herida por balas que eran para mí". No pude contener mis propias lágrimas cuando vi sus limpios ojos empañados y sentí que se quebraba su voz.
No pensaba en sí mismo, sino en lo que le sucedía a los demás. Chile y su pueblo, en particular sus pobres, fueron su gran preocupación. Amó a su "patria del alma", como la llamaba con frecuencia, en forma incondicional. Vibró desde muy joven con los grandes acontecimientos nacionales, pero nunca dejó de verlos como un contexto compuesto de miles de historias concretas, con gente de carne y hueso, con sus grandezas y miserias, con su trascendencia y trivialidad. Pocos hombres han sido tan prácticos y aterrizados como Leighton, para buscar todo tipo de soluciones a cada problema que surgía en su camino, sin caer en el pragmatismo frío, amoral, sin ideales generosos. Pero prefería siempre hablar poco de estos últimos, tal vez porque los practicaba hasta el exceso y tenía fe en que de esta forma convencían más y se expandían mejor.
Asesinos intelectuales y materiales quisieron segar su vida, creyendo que así podrían eliminar los "peligros" de su accionar. No sabían de su inmortalidad. Leighton no sólo sobrevivió al atentado (que él llamaba "accidente") casi veinte años, sino que, con el silencio acusador que guardó disciplinadamente a partir de entonces, puso maravillosa y misteriosamente de relieve, que las armas que matan son muy débiles, virtualmente impotentes, para enfrentarse con la santidad, con la grandeza de alma, con la fuerza de la verdad encarnada en una persona como él. ¡Qué miserables y pequeños -que vulgares y rascas- se ven hoy, desde esta perspectiva, los que creyeron en el poder de la violencia criminal como medio para sacar a Leighton del camino! Esos pobres diablos no sabían de su inmortalidad, no la creían posible. Leighton, con su silencio, les demostró que aunque lo hubiesen matado en esa ocasión, habrían sido derrotados igual, tarde o temprano, porque lo que querían matar con él y en él, que era su decencia, su bondad, su clarividencia política, su defensa digna y corajuda de sus principios de libertad, justicia y solidaridad con los más desamparados, eso -¡sí, eso!- era inmortal e invencible. Más aún, ¡es inmortal e invencible!
¿Vive o no vive Leighton? Aunque he dicho muy poco de lo mucho que sé de su rica y ejemplar vida, creo que es suficiente para avalar la idea de que está vivo, de que está entre nosotros y de que no morirá nunca mientras existan en nuestro país gentes dispuestas a vivir sus ideales como él lo hizo.
NOTAS
(1) Ricardo Boizard, "Cuatro retratos en profundidad," Santiago de Chile, 1944, pág. 167.
(2) Todas las citas de Bernardo Leighton cuya fuente no se señale expresamente, provienen de conversaciones con él, grabadas por el autor.
(3) Boizard, ob. cit., pág. 171.
(4) Boizard, ob. cit. pág. 174.
(5) No olvidar que este relato lo hizo Leighton en 1979.
(6) Boizard, ob. cit., pág. 179.
(7) Hoy se puede contar que Leighton tuvo dos razones más para considerar necesaria esta larga cita. La primera reside en los notables paralelismos, que saltan a la vista, entre las situaciones históricas aludidas por Gumucio y las acaecidas en 1973. La segunda, más importante a su juicio que la primera, se encuentra en la lección de ética personal y política que entrega Gumucio, al mostrarse capaz de reconocer públicamente un error de juicio y de conducta en el campo político. Leighton pensaba en ese momento que una actitud semejante faltaba en la vida nacional y estimaba que el testimonio transcrito podía contribuir a suscitar un paso semejante en muchos políticos, generando una atmósfera de más confianza hacia ellos.
(8)Alejandro Silva Bascuñán, Una experiencia social-cristiana. Ed. del Pacífico, Santiago de Chile, 1948, pág. 75.
(9) Ver su texto en: George Grayson, El Partido Demócrata Cristiano de Chile, Santiago 1968.
(10) Alusión a la posición de Héctor Rodríguez de la Sotta, ya mencionada antes, que éste seguía sosteniendo tenazmente.
(11) En verdad, su vigencia es permanente y valen hoy tanto como ayer. Pero no debe olvidarse que, al publicarse este trabajo en 1982 y en 1986, había una dictadura maniquea, que dividía a los chilenos en amigos y enemigos, humanos y "humanoides", etc. Sin duda, este contexto le daba a estas palabras todavía mayor fuerza.
(12) Entre las víctimas fatales figura Ramona Parra, del Partido Comunista, cuyo nombre se hace famoso al crear éste las "Brigadas Ramona Parra" (BRP) en la década de los años 60.
(13) Se alude aquí en especial a la propaganda que realizó la dictadura de Pinochet, con él a la cabeza, en contra de los políticos.
(14) Comenzó aquí el declinar del Partido Radical, que nunca más recuperó la primacía política y electoral alcanzada en las décadas de los años 40 y 50.
(15) El autor del artículo aludido fue Ricardo Boizard, ex-diputado falangista, escritor y periodista. En los años de esta referencia escribía con el seudónimo de "Picotón" en el diario "Clarín".
(16) Se trata de un verdadero modelo de análisis político, donde abunda la sabiduría del político con amplia experiencia práctica. Nadie hizo en esos días un estudio tan detallado y completo de las diversas alternativas y de su significado político y ético, como el que aquí se expone en forma virtualmente íntegra.
(17) Leighton tenía muy buena opinión de Jorge Alessandri, a quien consideraba, además, un hombre intachable en lo personal y en lo político. De allí que le resultara inconcebible una actitud como la descrita a modo de hipótesis. Al parecer, esta simpatía fue recíproca. Nos consta que Leighton visitó a Alessandri en el hospital cuando éste enfermó gravemente y que lamentó muy profundamente su fallecimiento.
(18) El grupo que se retiró del PDC en 1971 formó la Izquierda Cristiana y se integró muy luego al gobierno de Allende.
(19) Esta revista fue fundada por Leighton junto con Julio Silva Solar, Esteban Tomic y José Antonio Viera-Gallo. Tuvo una existencia de diez años y constituye un testimonio vivo de la reflexión política del mismo espectro de partidos que llegó a constituir después la Concertación por la Democracia, que sirvió de sustento al gobierno del Presidente Aylwin y, ahora, al del Presidente Frei Ruiz-Tagle.
(20) Al escribir estas líneas, Leighton estaba lejos de conocer el libro de A. Pinochet U., "El dia decisivo. 11 de septiembre de 1973 ", donde su autor reconoce haber dado el primer paso ya en abril de 1972. (Ver pág. 72 de la obra citada.)
(21) Caldera ya había sido Presidente una vez, antes de que se produjera este encuentro.
(22) Cuando conversamos este punto, cosa que hicimos varias veces, Leighton asintió siempre enfáticamente.
(23) Tuvimos razón en nuestra apreciación sobre la justicia italiana. Es lenta, pero persistente en su voluntad de descubrir la verdad. Al escribir estas líneas, este capítulo ya no podría ser el más breve. Incluso podría alargarse demasiado. Para no hacerlo, con el fin de no retardar esta edición, diremos solamente lo esencial: la justicia italiana asegura que la orden de asesinar a Leighton y a su esposa fue dada en Chile por el jefe de la Dina, el general Manuel Contreras, razón por la cual lo ha acusado de este hecho y lo ha condenado a 20 años de cárcel. Confeso de haber sido el encargado de organizar el crimen, contratando a los hechores materiales, de nacionalidad italiana, figura el norteamericano Michael Townley, que trabajaba para la Dina y que también está confeso de haber hecho lo mismo en los casos que afectaron en Washington a Orlando Letelier y a su secretaria, y en Buenos Aires al general Carlos Prats y a su esposa.
(24) El señor Sergio Fernández fue senador designado durante ocho años y ahora es senador por la XII Región.
(25) Con leves modificaciones, este texto fue publicado en el diario "La Época" el 1º de febrero de 1995, con el título "Bernardo Leighton sigue viviendo".
